Esta semana me han hecho una entrevista para la televisión. La intrépida presentadora Vanessa Rodríguez y su cámara Uxue Cilveti consiguieron llegar a mi despacho en coche sobre la nieve y el hielo. Eso sí... con más de una hora de retraso y mi programación de agenda ¡por los aires! Es intrépida porque nada parece desanimarle en su deseo de transmitir a los telespectadores cuáles son las claves que aseguran el cumplimiento de los buenos propósitos que todos nos hacemos al comienzo de cada año.
Ante su pregunta le contesté -con esa pequeña y malvada ironía que aporta los años- que no era Moisés, que no tenía las Tablas con los Diez Mandamientos que aseguran la salvación de los buenos propósitos. Lo siento pero no tengo todas las respuestas ni la vida es una fórmula exacta. Afortunadamente.
Una vez aclarado que no hablaba con Moisés sino con Azucena Vega, Coach, entrenadora de almas en rodaje -la mía la primera- la entrevista transcurrió por los vericuetos clarificadores de distinguir entre sueños y objetivos, entre objetivos estériles y objetivos eficaces y entre la conveniencia de utilizar no sólo palabras sino también imágenes cuando plasmamos nuestros deseos en un papel, una pizarra o en un mapa mental (posible ya por ordenador).
Al filo del minuto catorce de la entrevista me preguntó cómo estaba viviendo la crisis económica a lo que le contesté: Muy bien gracias ¿y usted? No, en serio, me dio por ser yo misma y aunque tenía la cámara de Uxue a unos cincuenta centímetros no me encogí ni un poquito. Mire -le dije- creo que salvando el lado cruel y real de la crisis (las personas que pierden sus empleos, las empresas que quiebran y los magnates Merckle que se suicidan) este momento histórico -aquí respiré en profundidad- tiene su encanto.
Esta flojera económica puede ser una llamada a la cordura y a la austeridad, acaso a la felicidad posible sin consumismo: un paseo por la playa en invierno, un café en compañía de un buen amigo, una lectura sosegada, una visita a la biblioteca municipal donde hay de todo (música- vídeos-revistas-libros) una comida rica en familia, el silencio, escribir, reflexionar...
Ya en 1933 (cuatro años después del crack del 29) John Maynard Keynes -que ha pasado a la historia como genial economista- denunciaba el despilfarro de la sociedad occidental. Por favor relean la fecha: 1933. Hace 76 años Keynes hablaba de "despilfarro" . En un discurso histórico ante el gobierno irlandés Keynes aconsejaba a políticos-economistas y poderosos a invertir en belleza. Como lo oyen. Belleza en forma de árboles, de espacios de uso público, de poesía, de pintura democrática y liberadora, de teatro y deporte. Belleza como sinónimo de creatividad- imaginación y diversión.
En esa onda inspiradora transcurrieron los últimos minutos de la entrevista para la televisión autonómica. Ante la tambaleante economía mundial es posible vivir de una manera auténtica, acaso más sencilla y más austera y no por ello menos satisfactoria. Dentro de un mes saldrá a la venta el libro titulado Disfruta la vida sin cargarte el planeta (editorial Los Libros del Lince) cuya portada muestra un tándem de cuatro personas pedaleando en paralelo a mi bicicleta Trek verde y desgastada. Bellísimo. Recuerda -le dije a Vanessa al despedirnos- a veces... menos es más.