Estoy
bloqueda. Yo,
la reina de las palabras, bloqueada y en pleno proceso de lo que mi amigo Pedro
Zuazo denomina auto sabotaje. Trataré de explicarme. A finales de la semana próxima imparto unas
master classes sobre
Coaching en Madrid ante una treintena de profesionales afilados como un láser (según me han alertado los responsables de la escuela de negocios).
Mi planificación consistía en dedicar los cuatro días del puente de San José a pulir los últimos detalles del manuscrito incorporando materiales recientes -incluso muy recientes- procesados por mis neuronas. Es decir: lecturas de los últimos tres meses, cursos a los que yo misma he asistido como alumna, conclusiones parciales a las que voy llegando en compañía de líderes y equipos... El caso es que estamos al final de la jornada del viernes día 20 - en el ecuador del tiempo destinado a perfilar el dossier- y aún no me he puesto con los matices. Por supuesto que vengo al despacho, que trabajo, que ordeno papeles e ideas y que incluso he realizado alguna una sesión de
Coaching. Pretextos. Auto sabotaje. ¿Otra vez los
cuernitos del miedo asomando al otro lado de la barrera? ¡Cielo santo, qué cansino e imbatible resulta el dichoso
miedito vital!
Acaso no sea eso sino ansias de diversión, de coqueteo primaveral, de comerme un helado a la orilla del mar, de abonar las plantas de mi jardín, de buscar ropas vaporosas en tonos claros. Estoy ¿cansada? ¿saturada? ¿"muriendo de éxito" como dice mi otro amigo Juan
Ferrer? No, no es eso. ¿Entonces?
Pamplinas. Será la floja musculatura de la pereza o quizá el exceso de auto confianza:
"Siempre sales airosa, je je..." dice dentro de mi una
vocecita ególatra.
"Ya sabes lo suficiente: comparte y olvídate de todo..." dice un
lorito pretencioso situado sobre mi hombro izquierdo.
"Diviértete y todo irá bien..." replica al fondo del coro mi niña creativa. Lleguemos entre todos a un pacto honorable. Yo avanzo aquí el tono general de las
master classes y mañana sábado me pongo ¡ocho horas con los matices! Allá voy...
El
Coaching no es sólo una profesión o un estilo directivo, el
Coaching no es sólo un diálogo inteligente y estructurado entre iguales enfocado al logro del objetivo de la persona, tampoco es sólo un espacio en el que pensar en libertad, sin etiquetas ni juicios
limitantes. El
Coaching no es consultoría, no es terapia.
¡Es magia en estado puro, es ley de atracción en movimiento, es el sendero que atraviesan los sueños para hacerse realidades transitando el puente
smart de los objetivos! El
Coaching es el ropaje mundano que ha encontrado la esperanza para colarse en los consejos de dirección por la puerta grande de las empresas. El
Coaching es un estado evolutivo que consiste en creer para ver, que propicia el
fluir para
confluir e
influir (
Cubeiro). El
Coaching es una metodología revolucionaría de transformación personal-grupal-social ¿
transpersonal? (
Whitmore).
Tan antiguo como el mundo hunde sus raíces en la
mayeútica socrática (4 siglos antes de Cristo), se alimenta de la psicología humanista y cognitiva, de la programación
neurolingüística, del
management empresarial, del humor, de la compasión (en sentido budista), de la luz, del intercambio de energía entre el
Coach y el cliente (llamado
rapport). Me estoy dejando algo... puedo escuchar el reproche de mis propios alumnos de otras universidades y escuelas de negocios: "Azucena (por obvio) te olvidas de lo esencial: el
Coaching es acompañamiento- entrenamiento y un proceso de
autorrealización que acerca a las personas y a las organizaciones a la mejor versión de sí mismas (
Maslow). Es un soplador de brasas (L.
Wolk), es un masaje a la conciencia y es una exploración de opciones".
Y sobre todo: el
Coaching es desafiar. Lo haré en las dinámicas grupales de las
master classes. Ellos son intrépidos, lo sé. Yo soy intrépida, ellos aún no lo saben ;-D Mañana me pongo con los materiales teóricos.
Promisse. Saber que ustedes están ahí hace que me sienta comprometida con mi objetivo,
je je... Igual que en el
Coaching: saber que se comprometen conmigo les apoya... Interesante. El círculo que se cierra. Todo es uno.
Entropía, caos fértil, de eso también quiero hablar en Madrid porque me apasiona la creatividad, la búsqueda de rutas inexploradas en el entramado existencial. Se aceptan aportaciones de todas clases. Donativos al fondo a la izquierda, en la hucha de la
Caixa. Gracias a todos.