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sábado, 7 de noviembre de 2009

Vino - Negocios

1010 maneras de tomar una copa de vino. Desnudo o vestido. De sport, de gala, en pijama. Esquiando, jugando al tenis, al golf. Celebrando una victoria. Lamentando una derrota. Solo, en pareja, en multitud. Descalzo, con zapatos, en playeras, con tacones. En una boda, un bautizo, un entierro. Al aire libre, bajo palio. Con un amigo, un enemigo, un socio, un amante. En casa, en el restaurante, en el bar, en el pub. En tu ciudad, en otra, en tu país, en otro. Por decisión propia, por recomendación. ¡¡Juguemos a inventar!!

Tengo una amigo que tiene un amigo que posee una bodega en la Rioja y hace un vino artesanal con lo último en tecnología al mismo tiempo que conserva la tradición. Se llama Melquior porque el patriarca familiar es Melquíades, un hombre que ama su trabajo y cree en lo que hace. Si quieren husmear: http://www.melquior.com/. Hoy me he acordado de ellos leyendo 1010 consejos para emprendedores, un libro de otro amigo mío, Javier Fernández Aguado, quien esta semana ha visitado Bilbao y San Sebastián, ha ofrecido sendas conferencias y nos ha regalado su sabiduría y el último libro que ha publicado que en verdad es re-edición del que escribió hace años y estaba agotado.


Javier no es un mildundi (apodo cariñoso que utilizamos en mi cuadrilla para denominar a un don nadie). El año pasado le otorgaron en Estados Unidos el premio Peter Drucker a la Innovación en Management. Les aseguro que los yanquis no lo regalan. También es catedrático en la Escuela de Negocios de Navarra (España). Combina la actividad académica con la empresarial en la certeza de que práctica sin teoría es rutina y teoría sin práctica es utopía.

Aprovechando su estancia en San Sebastián -y la comida con la que Caja Laboral le agasajó- estuvimos juntos media hora compartiendo el riquísimo café americano que hace Manoli en la cafetería Biarritz, muy cerca del Hotel Londres donde Fernández Aguado ofreció a media tarde una conferencia. Una y otra vez el profesor, conferenciante, escritor y amigo Javier divide el mundo y sus habitantes en dos secciones no sólo diferentes sino distantes entre sí: la de aquellos que tienen alma de emprendedor, y la de quienes sienten pasión por el funcionariado. Preguntado por la manera de distinguirlos, él dice que resulta evidente: los funcionarios necesitan la seguridad tanto o más que el aire, mientras que los emprendedores precisan del logro tanto o más que los peces el agua. Dos conceptos para que usted se palpe las entrañas: ¿Seguridad? o ¿Logro?



Y claro... ser emprendedor tiene sus luces y sombras (como cualquier otro papel en el guiñol de la existencia). Algunas de las sombras: gestionar la tensión, la incertidumbre, el riesgo, la necesidad de copiar e innovar y de realizar un plan de viabilidad. Por cierto que me contó lo que él entiende por un chiste: ¿Sabes, Azucena, en qué se diferencia una tesis de un plan de viabilidad? Bueno -contesté yo- en principio tras la tesis eres doctor, te otorgan un rango académico... mientras que con el plan de viabilidad lo que consigues el el O.K. a la aventura de emprender tu propio negocio... Sí, sí... claro -contestó él sin renunciar a contarme el chiste- pero no es es eso... Verás, una vez realizada una tesis (que ocupa muchas páginas) sirve para escribir por el reverso... como borrador. En tanto que un plan de viabilidad sirve para escribir (corregir) por la parte frontal... Je je... dije amablemente... (es un forofo de los chistes y puesto que nos vemos cada cuatro-cinco años) no es cuestión de incomodarle.


Ya en la despedida -después de haber firmado y dedicado decenas de libros- me preguntó qué tal me iba con mi despacho de Coaching Empresarial a lo que le contesté que muy bien y me dijo: ¡claro... es que tú tienes alma de poeta, pasión por la aventura, y eso es fundamental para ser emprendedor!

domingo, 17 de mayo de 2009

¿Crisis o Palanca Evolutiva?

Seis pájaros se disputan algunos granos de arroz que han sobrado de la paella del mediodía y he volcado en el terrazo. Son simpáticos gorriones gorditos que tras alcanzar su festín juguetean entre las plantas del jardín de la cocina. Hace sol, son las cuatro de la tarde y me he tomado un receso que aprovecho para releer a Albert Einstein. Dice el genio que la crisis es una bendición que trae progreso a los países y que la creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. "Es en la crisis donde surgen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias."

Esta tarde entreno a un equipo empresarial: tres socios de una pyme vasca del sector del diseño. Son jóvenes, llevan unas playeras flipantes y saben de informática más de lo que yo pueda imaginar. "...La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia -dice Einstein en el texto que releo en la terraza-. El problema de los países y de las personas es la pereza para encontrar las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es un rutina, una lenta agonía..."


Me levanto para rellenar mi taza con un poco más té See Chung Oolong. Los pájaros -siempre alerta- desaparecen entre las ramas del árbol de azahar plantado hace veinte años por Leo, mi vecino. Miro el reloj: un cuarto de hora y he de partir hacia el despacho. Pienso que algunas de estas frases me resultarán de utilidad con mis jóvenes emprendedores. Garabateo en mi cuaderno Moleskine negro "Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo".

Cinco minutos... último párrafo con la solución: En vez de promover crisis o exaltar el conformismo: trabajemos duro. Acabemos con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla. Fin de mi tiempo. Fin del arroz. Ya no hay gorriones en el jardín de la cocina. Me levanto, me calzo unas playeras flipantes y voy al encuentro de mis jóvenes e intrépidos diseñadores gráficos.

domingo, 1 de marzo de 2009

Empresas Bonsái

Desconozco la frecuencia con la que ustedes miran el horizonte. No sólo el marino Cantábrico, sino cualquier horizonte que aún estando tierra adentro aporte perspectiva -profundidad- a su visión del mundo. Yo lo miro a diario. Le dedico unos instantes cada jornada tratando de descubrir olas, cetáceos, sirenas, buques, piratas y tendencias.

Sí... Desde el horizonte llegan cada día inesperadas sorpresas. Una vez la marea trajo hasta mis pies un despelujado osito de peluche (que conservo). En otra ocasión fue un enorme anzuelo-simulacro de pez de goma. Más habitualmente llegan conchas, trozos de madera de rocambolescas formas, piedras, restos de azulejos de colores, esponjas naturales y corchos.

Últimamente del horizonte de las tendencias emergen empresas bonsái tan pequeñas como rápidas, tan vigorosas como frágiles, tan diversas como juguetonas. En la jerga empresarial diríase que se trata de Pymes -pequeñas y medianas empresas- o más concretamente de empresas unipersonales. Vale. Suena aburrido. Me quedo con lo de empresas bonsái que en los últimos meses son un ejército en movimiento. En este caso -y por continuar con la metáfora- un ejército de mar.

Dicen que la necesidad hizo virtud y algunas personas que han perdido sus empleos capitalizan el paro y apuestan por una idea emprendedora. Otros, ajenos a la coyuntura económico-financiera del planeta, deciden imponer su crono-biología y montar ¡ahora! justo ahora el proyecto de sus sueños. Unos por necesidad... otros por oportunidad.

Mi experiencia como Coach de Empresa es que sobreviven más y mejor aquellos proyectos que arrancan de una vocación profunda, aquellos en los que el promotor conecta honesta y rigurosamente con la misión-visión-valores de la empresa. De verdad, no como un disfraz barato adquirido en la víspera del carnaval sino como un traje a medida realizado con amor-dedicación-ilusión y esfuerzo: puntada a puntada, ojal a ojal.

Las estadísticas -esos hieráticos testigos parciales de la realidad- confirman que les va mejor a quienes emprenden por pasión-oportunidad (ver la revista emprendedores de Marzo 09, ya en los quioscos). Creo que a estas alturas del post ustedes ya habrán descubierto mi pasión por las empresas bonsái a cuya categoría pertenezco.

Ayer por la tarde (sábado) conocí a un emprendedor apasionante que vino desde Logroño hasta San Sebastián para dinamizar su proyecto empresarial de pequeño formato. El hombre desplegó en la mesa de mi despacho su portátil, su enorme cuaderno amarillo lleno de anotaciones, listados de ideas, mapas mentales y todo tipo de aproximaciones a la puesta en marcha de una empresa que ya funciona, que ya factura, y a la que desea dotar de una dimensión mucho más creativa, estructurada y rentable. En la actualidad está solo, por eso es un bonsái empresarial. Sin embargo ya en nuestra primera sesión de trabajo conjunto detectó a dos colaboradoras potenciales -Elisa y Corina- y a una palanca de cambio: el Coach, yo misma. Fíjense qué bonito, qué alentador que me incluyan en el equipo propulsor de un proyecto en calidad de entrenadora y acompañante del emprendedor en su desafío de crecimiento. Fíjense qué bonito que entre los dos espantemos a la diosa soledad que -con frecuencia- acosa a los empresarios bonsái.

El presente-futuro de las empresas bonsái, categoría en franca expansión no sólo en nuestro país sino como tendencia mundial, consiste en las alianzas, en el trabajo en red y en el compartir lo que se ha venido en llamar la "sociedad del conocimiento".

Yo te aporto/ tu me apoyas, hoy por ti/ mañana por mí, tu traes el soft/ yo el hard. Un ejército de bonsáis: pequeños empresarios valiosos que atesoran experiencia, conocimientos y redes (networking).

Detrás del horizonte casi siempre está la libertad: esa sirena esquiva a la que todos cortejamos.Acaso las empresas bonsái sean una de sus múltiples versiones. Estén atentos al horizonte mar o sierra adentro... Allá donde se encuentren siempre podrán conectar con el azul cielo de los sueños realizables, de los proyectos posibles: a su alcance. Es la última tendencia.

domingo, 1 de febrero de 2009

Elogio de la Rebeldía

Ahora resulta que he llegado hasta el hoy gracias a mi rebeldía. ¡Cielo Santo qué gran milonga mi educación en el colegio de monjas de las Esclavas del Sagrado Corazón y su monocorde slogan de "... las niñas buenas van al cielo..." que tántos años formó parte de mi ADN.


Confesaré que tengo un día espídico, afilado, y conector de ideas varias. Quedan alertados: en este día afilado tal vez acabe por escribir algo hiriente como el filo de la navaja sobre la que juntos caminamos. No pretendo herir -por supuesto- sino desquitarme de algunas certezas antiguas (que me inculcaron otros) ante el descubrimiento de algunas certezas nuevas (y propias) que aprendo aceleradamente a través de mis libros de empresa/ liderazgo/ gestión de marca personal y creatividad ¡ay la creatividad, cuán fecunda me resulta para comprender!


Ahora parece que la rebeldía -cierto desafío de la autoridad o de lo establecido- forma parte de los rasgos intrínsecos de los líderes, de los emprendedores y de los creativos: el bonito club privado con el que siempre soñé...


En mi infancia estaba mal visto subirse a los árboles porque no era cosa de niñas. Durante mi educación las chicas no chutaban balones, ni pescaban truchas en los ríos, ni ganaban al ping pong a sus primos. No estaba bien visto llevar botas camperas sino bailarinas o merceditas ni que pretendieses estudiar una carrera bohemia o de ciencias. Tampoco que salieses con un chico que no fuera de tu clase social o de tu ciudad, ni que quisieras irte con él a esquiar recién cumplidos los 22. Tampoco que llevases la contraria a tus padres sobre cuestiones culinarias, alimenticias o de hábitos cotidianos porque, sencillamente" ... las cosas siempre se habían hecho como te indicaban y había ido bien..." ?? !!


Mi rebeldía hizo saltar algunas cosas por los aires y si bien es cierto que visto desde el hoy me fortaleció, no lo es menos que entonces generó cierto sufrimiento en ambas partes. En ellos (mis padres) representación adulta del mundo entero y sus valores y en mi (la joven rebelde) que defendía un punto de vista singular. A los dieciocho años ya trabajaba y comencé a vivir por mi cuenta y a ser un canto rodado, una piedra zarandeada al compás de las mareas en su devenir por las diversas playas de la vida. Y volví a encontrar a bastantes personas (novios, jefes, compañeros, amigos de ambos sexos) que persistían en la idea inicial de mis progenitores de que no conviene salirse de la trillada senda de las mayorías, de lo establecido, de lo convencional.


Después ocurrieron bastantes episodios interesantes y hoy, leyendo Tú, marca personal un libro de branding escrito por Roberto Álvarez del Blanco y publicado por Prentice Hall tropiezo con el capítulo dedicado a la creatividad que cuando se trabaja con clientes consiste en "... Motivar a otros a mirar en nuevas direcciones y a explorar el territorio inexplorado..." ¡Guauuu! Cincuenta años para encontrar este bálsamo.



Y ahora resulta que el genio del pop McCartney en unas recientes declaraciones anima a "... Soñar en grande, continuar aprendiendo sin parar y trabajar constantemente para ser fuertes, ambiciosos, insaciables y diferentes..." ¡Guauuu! Diferente, se puede ser diferente sin penalización. ¿Por qué en mi educación no alentaron la diferencia? ¿Por qué alzaron muros de incomprensión? ¿Por qué tuve que explorar al tacto alternativas que a veces fueron atajos y otras desvíos? ¿Por qué me dejaron sola con mi poca o mucha o no se sabe cuanta creatividad, haciéndome sentir estigmatizada por diferente, por rebelde? El hoy viene a demostrar que tener ideas propias, llevarlas a la práctica en forma de negocios, de pedagogía o de legado es apreciado y es rentable. No poseían la verdad absoluta y no era cierto que la única alternativa exitosa fuera seguir el estático ráil de los trenes. ¡Se puede nadar, saltar, correr, pilotar, patinar, escalar y volar!


En este mismo libro (que me ha dejado mi amigo Rafa) dice: "... La creatividad se alimenta con el apetito por el cambio. Exige inspiración estética, disciplina diaria y falta de respeto por el orden establecido...". Qué curioso, en el corazón del trabajo cotidiano de un Coach -mi actual profesión- está la gestión del cambio, la pasión por el cambio, lo único permanente (Heráclito).


Si hubiera hecho caso a mis progenitores (bienintencionados... lo sé) hubiera estudiado Empresariales y hubiera seguido la carrera de mi padre en el BBVA y ahora quizá sería jefa de departamento o directora de sucursal como muchas de mis compañeras de clase y quizá sería feliz ¿por qué no? Y sin embargo, seguí mi intuición, mi instinto, mi impulso y mi rebeldía, lo que me ha traído hasta el hoy porque es cierto que las niñas buenas van al cielo y no lo es menos que las malas van... ¡a todas partes!


Como apostilla en el libro referenciado el conocido estilista Giorgio Armani: el verdadero lujo hoy es ser creativo. Ser uno mismo, seguir tu propio palpitar ya que, acaso, el verdadero propósito de la vida sea conocer y expresar las propias y relevantes cualidades en las actividades cotidianas. En una palabra ser tú, necesariamente distinto al resto de la humanidad: Tú, marca personal, el gran diferencial marketiniano, bueno para ti, bueno para tus negocios y acaso bueno para el mundo entero.

viernes, 25 de julio de 2008

Héroes de lo cotidiano

Camina o revienta. Hace algunos años un preso cuyo alias era El Lute escribió durante su cautiverio un libro titulado Camina o revienta. Él no lo sabía, o acaso sí, pero esa dicotomía contundente resume buena parte de la filosofía de los emprendedores.

Emprender no es otra cosa que marcar huellas sobre un territorio inexplorado.Conozco a Josune Bereziartua, varias veces campeona mundial de escalada. Asciende en vertical, líder de cordada aún cuando va con su compañero, avanza más allá de la extenuación, duerme colgada de una cuerda, se aferra a la montaña con las manos ensangrentadas. La posibilidad del "no puedo" queda lejos,tanto... que resulta inexistente. Abajo un precipicio dos mil metros, arriba el cielo inexplorado. Camina o revienta. La belleza del extremo desafío.

Emprender no es otra cosa sino caminar sobre doce ruedas diez horas al día por las carreteras españolas como autónomo en busca de horizonte y libertad. Lo hace Rafa Valdés, mi amigo transportista, con enorme éxito no exento de riesgo, de cansancio, desánimo y desgaste. Atrás quedó su trabajo por cuenta ajena, atrás la seguridad de un salario y catorce pagas... ahora responde de sí mismo, negocia tarifas con sus clientes, atiende, siempre, rápido, como el viento. Valdés Express. Camina o revienta.

Emprender es ser un caracol con la casita-negocio siempre a cuestas, incluso durante las vacaciones. Hoy, he recibido desde Canarias un email de Izaskun, propietaria de una ecotienda en Azpeitia (Guipúzcoa) cuya facturación triplica la más optimista de sus expectativas. Y, sin embargo, a ratos la ansiedad muerde sus codos. Se pregunta cuánto tiempo le seguirá yendo bien, se angustia ante la hipótesis de que la competencia abra otro negocio y le atormenta la idea de no ser capaz de responder a las demandas-necesidades de sus clientes actuales y futuros. Camina o revienta, con media pastilla de Alprazolam (ansiolítico)al día.

Un paso cada vez, hacia delante, en la dirección de nuestros sueños. Sin olvidar jamás el para qué, el sentido último que nos impulsó crear nuestros negocios, nuestros trabajos, nuestra actividad, nuestra opción espiritual de estar en este mundo. Sí, espiritual. Camina o revienta con Viktor Krankl y otros tantos supervivientes en un caos social que se fagozita a sí mismo.