Mostrando entradas con la etiqueta Silencio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Silencio. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de noviembre de 2009

Toy fadada

1010 maneras de digerir un enfado: escribir en mi cuaderno Moleskine (lo que voy a hacer ahora mismo) reflexionando sobre lo ocurrido más allá de las evidencias. Pedir hora para el mejor masajista de la ciudad. Concederme un capuchino en el bar de Álex, a un minuto del despacho. Ir al cine entre semana. Comprarme el perfume que necesito después de probar... ¿diez? en la perfumería más coqueta de la city. Dormir una siesta el sábado después de un curso al que acudiré por la mañana en la universidad. Hacer un vudú a la persona en cuestión (es bromaaaaa). Darme una caminata que me deje exhausta (tendré que esperar hasta el domingo, antes no dispongo de tiempo). Llorar. Cuidar las plantas del salón, las de la terraza norte, las de la terraza sur, las interiores del despacho, las del jardín. Hacerme una mascarilla de cara, otra de pelo. Volver a contarle a mi socio -por enésima vez- el guión completo del diálogo mantenido con la persona que me ha enfadado. Poner su Email en spam: esto me parece vengativo (lo cual no es muy honorable) pero me divierte, la verdad. Hablarlo con mi mentor este viernes que comeré con él. Leer todo lo que quiera -sin límite de tiempo- del libro que tengo entre manos. Encerrarme en el despacho hasta anestesiarme trabajando en temas de gestión, de investigación, de escritura, de formación... Limpiar el polvo de la librería de casa, de la librería del despacho, del garaje... Reírme de todo. Tratar de ser menos justa y concederme el derecho a tener razón tanto como la otra persona. Tratar de ser menos templada y concederme el derecho a expresar lo que pienso/ siento/ necesito tanto como lo hace la otra persona sin sentirme culpable. Pintar una acuarela rápida, intensa, dejando ir los colores, permitiendo que se mezclen, que jueguen, que corran por el papel. Escribir un post. Centrifugar mi cansancio: me voy a dormir. Zummmmmm, out. Me he ido. Buenas noches.

sábado, 20 de junio de 2009

Un gnomo azul

Esta mañana he transitado parte del Camino de Santiago, la ruta del norte entre Orio y Zarautz. Una paliza llena de encanto. Y mientras un gnomo pintaba de azul las hortensias a nuestro paso -ver foto en álbum Picasa- moría un familiar lejano en mi línea ancestral. Lo he sabido al mediodía y me he sentido estúpida al recordar las conversaciones mundanas (casi vanales) que he propiciado durante la caminata alterando la paz de las hierbas, ortigas y hojas salvajes a orillas del Cantábrico.

Ella era diez años más joven que yo por lo que a mi mente le cuesta aceptar la idea de que ya no está. Y mucho más hilar la reflexión de que acaso el personaje de la guadaña me ronde también a mi. Si así fuera... acaso lo único importante sería poder afirmar que he vivido con dignidad y que he hecho todo lo que estaba en mi mano por aprender en un amplísimo concepto del término. Aprender.



Nos hemos reído mucho al descubrir el gnomo pintando de azul las hortensias ¡qué ocurrencia! con lo bonitas que son en tonos rosas o blancos. Pincelillo en mano trazaba un paisaje casi fantasmal, irreal, de cuento. La vida no es un cuento, decía el escritor Pablo Coelho el verano pasado en un curso de la Universidad del País Vasco al que asistí junto a otras cuatrocientas personas.

De ella no recuerdo mucho, la verdad. Apenas coincidíamos durante los veranos en un remoto pueblo de Castilla. Era gemela de otra y tenían un hermano que pertenecía a mi cuadrilla de aventuras. Me acuerdo con precisión de las gallinas que su abuela Basilisa cuidaba con primor, de la potencia acústica del gallo y del perro doméstico que siempre dormía junto al pozo de agua, en la zona más sombría y fresca de la casa.



De color azul son también los granos de arena de un reloj que tengo en la mesa del despacho y conocen bien todos mis clientes. En teoría marca nuestro tiempo conjunto de entrenamiento. Como en teoría debiéramos recordar que estamos de paso... que los granitos de arena -azules, rosas, blancos o rojos- no paran en su devenir querámoslo o no, seamos o no conscientes de ello. ¡Vivamos agradecidos al instante! Acallemos las soeces voces que atruenan con sus críticas o quejas los caminos de la existencia en los que vamos juntos -aunque estemos separados- y en los que nos guste o no recordarlo estamos de manera transitoria.

Mañana a las 17.30 será el funeral en una ermita situada a unos metros del lugar en el que en las tórridas noches de verano la abuela Basilisa nos contaba historias a un puñado de niños entre los que se encontraba su nieta. Ellas ya no están, ambas han volado al otro lado de las montañas a las que -jugando, inventando, entonces riendo- llamábamos El Pico del Indio. Realidad y ficción ¿cómo distinguirlas? Logro e intención ¿causa o efecto? Ella se ha ido. Propicia un momento azul de oración... ¿Ven al gnomo entre las hortensias?

domingo, 22 de febrero de 2009

Jornada Autista

Hoy tengo un día autista.
Beeeeeeep. Silencio. Se acabó el post.
Tranquilos, es broooooma. Mi autismo no doblega jamás, bien al contrario, mis ganas de escribir. Alcanzo el estado de autismo cuando se cruzan de manera persistente en la senda de mi cotidianidad al menos tres factores que tengo bien "pillados". Primero, un listado inabarcable de proyectos laborales pendientes con los que lucho a brazo partido sin escuchar las señales de cansancio. Segundo (consecuencia del anterior) un agotamiento levemente crónico por avanzar sobre los quehaceres con la actitud de un cid conquistador de ignotos territorios. Y tercero cierta revolución hormonal que se repite cíclicamente.

Así llego al estado autista que consiste en que necesito tiempo y espacio para mi, es decir, silencio y actividades solitarias que colmen mi alma reseca de tanto bregar en la materia. Normalmente paro un poco antes de llegar a este estado, escucho las señales de stop-alarma, me concedo treguas y pacto equilibrios de mínimos entre el "debo" y el "quiero". Esta semana sin embargo me he puesto el mundo por montera: he realizado jornadas propias de los mineros en los años setenta y ¡aqui estoy! recomponiéndome ante ustedes en un striptease que ojalá provoque cierto eco ejemplarizante. No por lo que hago (ya ven que bastante imperfecto) sino por lo que entre todos podamos deducir.

El estado de cansancio profundo me provoca ciertos efectos colaterales desestabilizantes. Entre otros, desata en mí una añoranza dolorosa de lo que amé. Sueños que han perdido intensidad-color. Personas que ya no están, y un repertorio de emociones descatalogadas. Una de esas personas es Miguel. Me enseñó tanto, me protegió tanto, me dió tanto que después casi nadie a podido estar a la altura de aquel amor primerizo. Ya no está. Hace mucho que no está para otros aunque yo sigo alimentándome de sus enseñanzas y generosidad. Era mi padre y eso acaso le reste mérito ?? !! Le echo de menos y cuanto consigo un triunfo mundano se lo dedico porque él creyó en mí.

El sock autista me conecta con sueños inconclusos y en stand by: es una llamada de atención persistente que me recoloca ante lo que fue, es y acaso será. Además de Atenea (la hija del padre) ahora ejerzo de Hestia, el arquetipo junguiano que sale en mitad de la noche con un farolillo a iluminar a quienes se han perdido o se hallan confusos en una encrucijada de caminos. Ya he escrito en el blog sobre el fabuloso libro de Shinoda Bolen (Las diosas de cada mujer).

No es que me otorgue sabiduría alguna ¡vive Dios que no! Me limito a sostener el farolillo y eso ilumina a veces a otros para evitar que caigan en los fosos de la desesperanza que acecha. Me explico. James M.Barrie dijo en una ocasión que cada vez que un adulto piensa-siente "... No creo en los sueños, no creo en las hadas, uno de estos pequeños seres cae muerto..."

Yo no quiero que caiga un solo ser alado (ni siquiera una libélula) así que aliento un sueño remoto y antiguo que no se hace realidad. Añoro una casita de madera en el campo con una cerca pintada de verde y un jardín en el que dar rienda suelta a mi green thumb (mi dedo verde) o habilidad de trasformar cualquier semilla en un árbol. Me fastidia bastante sostener un sueño reincidente que por ahora no alcanzo a materializar. Acaso no sea el tiempo ?? !!

Cuestión de aceptar lo que no puede ser cambiado. Cuestión de luchar por lo que sí puede cambiarse y lucidez para distinguir entre ambas cuestiones.

Me voy al cine. Casi siempre lo hago en jornadas autistas. Hoy veré una película coachiniana que les recomiendo (he leído el argumento): Revolutionary Road. Ya les contaré. Por cierto ¿cómo equilibran ustedes su días autistas, esos en los que no están para nadie?