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viernes, 19 de diciembre de 2025

La conexión manos / creatividad

 

En el centenario de la creación del Instituto Cajal de Madrid algunos neurocientíficos de la Universidad de Edimburgo quisieron celebrarlo. Encontraron los dibujos originales realizados por el propio Ramón y Cajal (Premio Nobel de Medicina 1906) -ilustraciones que reflejan las conexiones neuronales (sinapsis) del cerebro humano cuyo aspecto es el que muestra la fotografía- y decidieron poner en marcha la construcción de un proyecto de bordado que semejara el trabajo de las neuronas. 




Así nació el Cajal Embroidery Project (proyecto de bordado Cajal) tan ambicioso como prosaico ya que permitió a los participantes conectar con la magia de las manos cuyo uso tranquiliza la mente a decir de los expertos. ¿Qué profesional contemporáneo no anhela serenar la mente, acaso el espíritu? Bordar es una opción. ¡Hay otras!




Decía Kant que "la mano es la ventana del alma". Recupero hoy el tapiz de Cajal y la cita de Kant para poner en valor las actividades manuales, sean bordar o escribir -práctica en la que acumulo experiencia desde 1998 a través de los talleres que imparto-.

Al comienzo de cada grupo siempre emerge la pregunta: ¿es necesario escribir a mano? Y siempre ofrezco la misma respuesta: cada persona puede desplegar su pasión por la escritura como le resulte mejor. Ahora bien, si consideramos los testimonios de los escritores profesionales, las investigaciones de la neurociencia, y mi propia experiencia, conviene escribir a mano los primeros borradores para no "matar el flujo creativo que transita con agilidad entre el cerebro, la muñeca y los dedos"  (David Bueno, Universidad de Barcelona). Los más jovenes quieren escribir directamente en el ordenador, así que se frustran al escucharme, los treintañeros también refunfuñan, y el resto de participantes tienen sus dudas pero optan por reconectar con el bolígrafo. 




Bordar es un lujo al alcance de cualquiera y un antídoto contra la aceleración. Escribir a mano es una práctica al alcance de cualquiera que ordena la mente, permite explorar mundos internos y externos, y fortalece la creatividad. Sin embargo hay algo que hemos de entregar a cambio del lujo de bordar o el gozo de escribir. ¿Qué es? Nuestro tiempo, ese preciado bien que tanto escasea.

Si utilizar las manos aporta serenidad, placer, conexión, fluidez y creatividad ya solo queda tomar dos decisiones: cómo vamos a organizar nuestra agenda y qué actividad manual queremos practicar. ¡Todo un desafío para el 2026!



Artículo relacionado. Neurología. TL: 2 minutos.
Artículo relacionado.  Escritura. TL: 1 minuto.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Alentar sueños

Querido Antonio, te gustará saber que hoy he estado en tu ciudad -que es la mía- convertida en un gigantesco ciclamen rosa y blanco (todos los jardines tienen esas flores). Con veinticinco grados centígrados, el cielo azul y despejado, y las aceras secas y llenas de hojarasca pasear por la city ha sido una delicia. Me he sentido acompañada por tus cuentos, tus retratos constumbristas hechos de palabras y tus tertulias...

Al mediodía he relacado en el Mao, restaurante oficial de mis jornadas de trabajo en Bilbao donde el menú es correcto, el servicio amable y la estética agradable. Había un ejecutivo que no te hubiera gustado porque salía del comedor cada seis minutos para hablar por su móvil de última generación, estiraba todo el tiempo el brazo derecho para mostrar el puño de la camisa y los gemelos; al andar, ya podrás imaginarlo, daba unas zancadas diez centímetros más largas de lo que su pierna permitía de una manera natural. Sin duda se creía guapo -y en parte lo era salvo por estas manías que comparto contigo-. Se creía importante -y acaso lo fuera- y mostraba síntomas de aburrimiento mientras permanecía sentado en su mesa frente a un amigo o compañero gordito y sereno. Debía ser un parroquiano del Mao ya que de vez en cuando charlaba amigablemente con el maitre... En fin, había muchas otras personas que observar. Eso es lo más incómodo de comer sola: clavas la mirada fuera, para que no la claven en ti.


Tras la macedonia de frutas, me he asomado al Museo de Bellas Artes en cuya tienda he comprado una nueva Moleskine, carísima, como siempre. No he encontrado este modelo en el que escribo, sino el tradicional (un poco más pequeño) de 13 por 21 centímetros, negro y con goma. Ya sabes, la que utilizaban Hemingway y Picasso. Entiendo que con esta adquisición tengo el soporte para mis reflexiones cotidianas antes de inmortalizarlas en el pen drive.

En Abandoibarra he visto gente, es decir, personas como tú (Antonio Trueba) y como yo. Bueno, más como yo porque tú estás muerto y te recordamos por la estátua que hay en los Jardines de Albia en honor a tu trayectoria de escritor costumbrista. Después he trabajado un poco con una directiva que padece mobbing y he vuelto a casa. Mañana estaré en Santiago de Compostela para impartir un curso de Coaching Creativo o el arte de alentar sueños haciéndolos realidad. Leonard Wolk lo llama "el arte de soplar brasas". Ya te contaré qué descubro allí.