Nave de control (cerebro prefrontal) informando: ¡Tímpanos colapsados ¡Alerta naranja! Beeep.
domingo, 23 de agosto de 2009
Tecnología
jueves, 20 de agosto de 2009
Muelle
(*) Como todo el mundo sabe, los peluches hablan aflautado, con voz infantil.
Ella juega a que no sabe que soy yo la que contesto. Yo juego a que ella no lo sabe... y volvemos a reírnos. Tiene unos mofletes sonrosados, un vestido corto de cuadros por el que asoman los rollitos de sus muslos... ¡Hola! -dice- ¡Hola! -contesto con voz de peluche-. Y volvemos a reírnos hasta que llega mi cortado largo de café y me siento en mi mesa con el libro, las gafas y la sensación de haber vivido unos instantes mágicos. Son las once de la mañana, en la degustación de mi barrio. Siento la extraña emoción de estar viva y pienso... ¡Anda flojo mi muelle emocional! Acaso me estoy volviendo de cristal no sólo por mi transparencia ante los caballeros (no existo, textualmente) sino por mi ¿sensibilidad?
Al mediodía llego a casa y suena música clásica de violín: ahí está la sirena, haciendo escalas de lo que denomina "la biblia" (la técnica) de David Zafer, profesor canadiense con el que ha pasado unos días en unas master classes. Siento alegre arpegio al traspasar el felpudo: ella ha vuelto, por unos días... ¡Anda flojo mi muelle emocional! Me siento cristalina.
Durante la comida disfrutamos de unas verduras cocinadas al vapor en una cestita oriental de bambú que ella ha traído de un mercado de Rotterdam. Deliciosas: sin sal, sin aceite, al dente. Puro goce para los sentidos. Elogio su manera de cocinar: exótica, internacional, ecléctica, variada. A veces... un poco excesiva cuando incluye semillas negras de amapola sobre una deliciosa ensalada mixta.
Llego al despacho por la tarde y contemplo la selva de mi bosque particular. La camelia ha echado una flor roja, potente, increíble: la contemplo un rato antes de empezar mi jornada de tarde. ¿Cómo puede contener tanta belleza en medio de un patio urbano? Muelle emocional ¡flojeando!
Por la noche me dejo arrastrar hasta el cine donde proyectan UP, un film de dibujos animados estupendos en su guión y trazado. Me inflo a llorar en las escenas dramáticas -sí, los dibujos animados también sienten y padecen-. Más cristal de swarovski, más muelle soft. ¡Guagg! ¡Ah! creo que he olvidado decirles algo: tengo fiebre, estoy un poco malita. A lo mejor eso explica todo, o algo, o nada. Décimas. No se preocupen, es la garganta: me pilló una tormenta de verano sobre la bicicleta. Puzzle de vida. Quizá esto es lo que algunos llaman... vulnerabilidad. Y no tengo claro que me guste ?? !!
martes, 18 de agosto de 2009
Desfiladero de silencio
Esto me hace recordar la reciente recomendación de mi peluquera -aficionada a la lectura de volúmenes ligeros- quien al regreso de sus vacaciones encontró en el aeropuerto de Málaga un libro "sabroso" (al menos eso dice ella) titulado Los hombres son de Marte, las Mujeres son de Venus. Al parecer, se trata de un best seller en el que se refleja con humor no exento de algún rigor psicológico el comportamiento dispar entre hombres y mujeres ante emociones semejantes. Dice Cristina, mi peluquera, que cuando a un hombre le preocupa algo "se va a la cueva", se encierra en un mutismo de caverna y hasta que no empieza a superarlo no hay quien le saque de ahí. A lo mejor hasta hay algo de sabio en un título con semejante mensaje en la portada...
A veces las personas nos colapsamos emocionalmente y si no sabemos gestionarlo se nos atraganta como un hueso de pollo. Sí, mi socio tiene la garganta dañada (casi afónica) sin que le ocurra realmente nada físico... es como si no se decidiese a decir al mundo su verdad. Me tiene preocupada, la verdad.
Lanzo el piolet hacia la cima de la cordura, de la risa de la complicidad y no engancha... Le pasa algo que no intuyo, que no alcanzo a adivinar con mi habitual bola de cristal. Crisis. Supongo que atraviesa el desfiladero de una crisis y como es chico quiere pasarla en solitario: de manual. Vale. En solitario, en la cueva, como la varicela: para evitar el contagio. ¡¡Guagg es duro verle así!! Quiero pensar que se trata de una crisis de crecimiento después de la cual se sentirá más fuerte, más seguro, más sabio, más cómplice, ¿más risueño? Ojalá. Mañana por la mañana pondré una velita en la catedral del Buen Pastor. Crucen los dedos.
domingo, 16 de agosto de 2009
Fiesta
En la fiesta todos portamos el disfraz que nos caracteriza. Los niños alzan sus globos con gas y corren en sus patinetes amenazando severamente los tobillos de las ancianas. Los deportistas hacen footing a primera hora de la mañana mientras los trasnochadores duermen la resaca. Los moteros llevan sus chupas negras y sus cascos bajo un sol de justicia y 30 grados que deshidratan las acequias. Los aristócratas visten bermudas y camisas del cocodrilo en tonos claros mientras apuran el vermouth en las terrazas de moda; los pobres siguen apostados en todas las iglesias, los tullidos se dejan empujar en sus sillas de ruedas, las macizas desafían la ley de la gravedad y la gravedad de las leyes de lo impermanente.
Los gigolos con gafas negras se dejan ver en las esquinas en busca de señoras de postín. Los hispanos de América exhiben en playas y piscinas los artilugios inflables más grandes: cocodrilos, colchonetas, balsas... Las parejas de toda la vida leen el periódico y comentan las noticias y las esquelas. Los turistas arrastran maletas. Los mochileros arrastran mochilas. Los franceses ocupan siempre la totalidad de la acera. Los americanos tienen hambre a todas horas. Los italianos casi siempre hacen mucho ruido. Los alemanes siguen siendo muy rubios y viajan con montones de niños. Los ingleses son difíciles de identificar, acaso son más delgados que los americanos y comen con alguna moderación y protocolo. Las solteronas siguen quedando en la misma cafetería que el resto del año y hablando de los mismos aburridos temas que conocen hasta el hastío.
Sí, en agosto, España es una fiesta -como decía Hemingway- y todos portamos el disfraz que nos caracteriza. ¿Cómo es la fiesta de su pueblo? ¿Cómo su disfraz?
viernes, 14 de agosto de 2009
¿Hormiga o Cigarra?
Supongo que suena a moraleja y acaso algo haya de cierto. Algunos empresarios y emprendedores de raza aprovechan intensamente el mes de agosto -un poco más relajado en sus demandas laborales- para sacar ventaja competitiva de quienes se duermen en los laureles al compás de las olas, los martinis, las barbacoas, los veleros, las zarzuelas, los toros y otros entretenimientos mundanos, estupendos y dispersos como los fuegos artificiales que animan cada noche nuestra Semana Grande y festiva.
Estas hormigas aplicadas analizan evolución de sus mercados, preven tendencias, se forman especificamente en algo esencial, entrenan al cuadrado sus habilidades de liderazgo, de comunicación, de creatividad: hacen acopio para el crudo invierno laboral que -en nuestra zona geopolítica- comienza la primera semana del mes de septiembre.
Para cuando el resto de los mortales desinfla los flotadores de los niños, se apresura a comprar cuadernos y uniformes y vuelve a los despachos, ellos -los empresarios y emprendedores de raza- están ya a punto cumpliendo con sus agendas y citas previas, comiendo con proveedores, visitando a un cliente preferencial y organizando el próximo evento que les permitirá brillar como una estrella de Hollywood. Ventaja competitiva, estrategia, ir un paso por delante, inteligencia en estado puro. No es que estos señores y señoras no disfruten de sus martinis, sus veleros, del teatro, la zarzuela y las corridas de toros, sino que sacan chispas viviendo en el aquí y el ahora mientras siembran futuro.
Hormigas de lujo. Estoy feliz de participar en el entrenamiento intensivo de algunas de ellas, durante el mes de agosto. Hay quien no deja que se apague la antorcha previsora, quien durante el verano reune semillas de alta calidad, quien incluso las siembra. Sus cosechas serán tempranas, valiosas y competitivas. En septiembre saltamos todos a la arena. Entonces ya es tarde para sacar ventaja, para improvisar. Moraleja: ¡¡No se duerma en los laureles!!
miércoles, 12 de agosto de 2009
Impotencia ¿o no?
Es ley de vida (lo sé) y -además- hay que agradecer poder contarlo. Sin embargo, hay que tirar fuerte del recuerdo para conectar con la persona que fue, lo que hizo, cantó, cosió, cocinó, sonrió... Hay que tirar fuerte del álbum familiar para recordarla en su esplendor de belleza e inteligencia. No es que ahora le falten, que no cante, que no ría... Lo hace, pidiendo permiso a un pie para mover el otro. Parándose a descansar cada doscientos metros. Solicitando una silla en cada tienda. Yendo al baño en cada cafetería. Utilizando las gafas hasta con los cosméticos. Dejándose ayudar al subir, al bajar del autobús. Solicitando que le repitan el precio del tícket. Mi madre.
Está unos días en casa de visita. Es bonito tenerla cerca porque es muy alegre y su imaginación positiva recrea la vida aún en las más abyectas circunstancias. Huele bien (siempre huele muy bien) y es coqueta casi hasta la cursilería. No maneja internet así que no leerá sobre mi desconcierto al verla tan frágil, acercándose al precipicio de la dependencia que le ronda. No quiere oír hablar de salir de su casa. No quiere oír hablar de vivir con nadie que no sean sus recuerdos, sus manías. Lo entiendo. Acaso yo misma sentiría igual y, sin embargo, en su estado roza la irresponsabilidad dejarla a la deriva de sus dolores, de sus arrestos, de su fantasía de que volverán los días de vino y de rosas.
Es lastimoso. No diré triste. No diré doloroso... Lastimoso está bien. Veré qué puedo hacer hoy por ella: aún está en mi casa... unas horas... Es media tarde, se despierta de la siesta: me voy a hacer un café humeante de Brasil.
