miércoles, 30 de junio de 2010

Equipos Transversales

Trabajo con un equipo de duendes que -a veces- se desatan, hacen bromas y van por libre. Creativos como son, juguetones donde los haya, chispeantes a todas horas, y con ganas de reír siempre, mis duendes me acompañan al fin del mundo.

Caben en una mochila pequeña y -si es necesario- se comprimen sobre su ya exiguo tamaño. No puedo recordar cuánto tiempo llevan conmigo: acaso tengan tantos años como yo, tal vez sean parte de mí... ¿Quién sabe?

En las últimas jornadas han estado alborotando casi la totalidad de las 60 horas que he permanecido en tierra gallega. Acaso la cercanía de sus primas, las meigas, les hayan alterado. Sea como fuere, si observan algunas de las fotografías de las dinámicas desarrolladas bajo el pretexto de entrenar habilidades de comunicación, liderazgo, escucha activa etc. verán que aparecen por todas partes: subidos al papelógrafo, bajo el papelógrafo en forma de sonrisa guasona, entre los post it de las sillas, en el corner de las ideas macro que se debatirán con posterioridad en la organización (el Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Vigo), y desde luego anotando preguntas en el parking de las ideas pegadas en el ojo de buey de la entrada.

Estoy muy contenta de que hayan estado tan activos ya que en ocasiones se aletargan y tengo que hacer todo el trabajo yo sola: con mi hemisferio cerebral izquierdo tan lógico como lineal, tal teórico como serio, tan leído como repipi... En fin, que prefiero que ellos me acompañen con su presencia juguetona aligerando el ambiente, llenándolo de cómplices sonrisas y propiciando que afloren las emociones. Gracias a la magia de los duendes, las personas se acercan entre sí y por un rato florecen a la vida, la creatividad y la esperanza -según verbalizaron justo antes de la despedida-.

Horas después, aún quedan gigantescas pompas de jabón en el aire del aula azul del edificio de Ciencias Experimentales, campus Lagoas-Marcosende. ¡¡Gracias a todos!!

domingo, 27 de junio de 2010

Una nube en el ojo

Tenía un amigo budista que tomaba siempre un gota de leche en su té. Con él descubrí la expresión "una nube" de leche... y me pareció poética. Más tarde he conocido a personas que tienen una nube en el ojo... algo que no resulta tan inspirador.

Hoy he visto cúmulos y cirros durante los más de setecientos kilómetros que separan San Sebastián de Vigo. A ratos, cuando el termómetro se alzaba hasta los 32 grados, la cortina de nubes se hacía a un lado y asomaba un brutal cielo azul. En las siete horas de silencio he tenido un momento mágico (casi místico) con un arco iris espectacular. ¿Saben? siempre que veo un arco iris pienso que es un augurio alentador: en este caso, de las próximas jornadas en la Universidad de Vigo donde entrenaré a docentes, investigadores y directivos. Durante el viaje he visto castillos, ríos, puentes, cigüeñas ¡¡la vida en su máximo esplendor!! pero -sobre todo- he conectado con inmensos bosques de encinas, robles, hayas y pinos de diversas clases. Decenas, cientos de kilómetros de foresta, tantos, que tengo un colapso de verde en la retina. Verde y Madera. Ojos saturados de belleza en estado salvaje -acaso la única que en verdad merezca la pena-.

Al mediodía he comido -un menú austero y muy gallego- en un lugar paradisiaco llamado Muiño Acea da Costa (Allariz) al borde de un río lleno de patos, ocas y cisnes bajo los chopos, al lado de una antigua fábrica de curtido de pieles donde ahora hay un museo (ver foto).

Más tarde he descubierto el puerto de Vigo, sus terrazas al aire libre donde las personas disfrutan del mundial en enormes pantallas de plasma situadas sobre la acera. He hecho el crucigrama de EL PAÍS (con más fallos que nunca por mi parte... guagg) y después, he llegado hasta el Parque Do Castro y su fortaleza donde he sentido honda emoción ante unos árboles recios y centenarios.

Ahora, en la cama del hotel, tecleando para ustedes este post, soy de nuevo consciente de que tengo una nube en el ojo, una nube de encinas, robles, hayas y pinos: amigos que habitan el planeta y acaso lo equilibren con su quietud y su silencio. Toca dormir... mañana tenemos mucho entrenamiento por delante. Les dejo ahora. Ya les contaré.

sábado, 26 de junio de 2010

Verano Existencial

Las bicicletas son para el verano y hoy el ritmo de las mareas acuna el sol en la bahía. Por fin los hosteleros sonríen a la vida tras unas semanas de neblina, frío e incierto porvenir. Paseo de dos horas al borde del Cantábrico, con mi pareo de rigor, saludando a conocidos sin ceder al parloteo social. Después, un café en la terraza de La Perla, entre sol y sombra, con un libro entre las manos. El edén. Un edén alcanzable a todos los bolsillos, todos los ciudadanos, razas, olores e ideologías. Casi gratis. Dicen... que las cosas más valiosas de esta vida ¡son gratis! quizá hasta que las perdemos, como el amor, la salud o la amistad.

Es verano por fin en la bahía de San Sebastián donde esta mañana he descubierto una hipótesis del psiquiatra Viktor E. Frankl según la cual: 1º. La religión -cualquier religión- practicada con intención lleva a la salud del alma. 2º. La psicoterapia -cualquier psicoterapia- practicada con intención lleva a la curación psicológica. 3º.- La religión puede propiciar la curación psicológica y 4º.- La psicoterapia puede propiciar la salud del alma.

Farragoso, lo sé. Léanlo con cariño, por favor, una segunda vez, reteniendo las ideas, y descubrirán que el padre del concepto resilencia viene a igualar los resultados de cualquier práctica terapéutica con los de las religiones: ambas convergen en la salud del alma.

Esta idea expresada en la página 63 del volumen titulado La presencia ignorada de Dios (editorial Herder) me ha tenido atrapada casi media hora porque la cita original ha comenzado a rebotar por mis neuronas como una cascada mientras me preguntaba si el entrenamiento de las personas acaso no tiene algo de calmante escucha, desafiante pregunta y buceo en el alma... Y si lo tuviera... ¿con qué delicados materiales estamos trabajando los Coaches?

Cada vez estoy más convencida de estudiar filosofía como segunda carrera. En casa dicen que estoy loca, que apenas tengo tiempo para lo esencial... Sin embargo, ¿puede haber algo más esencial que cuidar el alma propia y ajena?

Baja la marea, hace rato que terminé mi cortadito. Llega la sirena y nos vamos de tiendas: queremos echarle el ojo a las gangas que comenzarán el miércoles día 1 de julio (rebajas). Vanidad de vanidades... todo es vanidad ¿o no?

viernes, 25 de junio de 2010

Trampas

Trampa: artificio de caza. Hoy me quedo con esa definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Tengo un lector asiduo de las entradas del Blog que me pide clarifique lo que yo entiendo por hacer trampas. En verdad siento que lo que desea conocer son "mis" trampas. Creo que ya doy alguna pista en el texto Biografía I. Ahora trataré de ir un poquito más allá si bien confesaré honestamente que dudé mucho antes de publicar esa expresión en el Blog. La dejé por puro desafío, sin estar segura del efecto, acaso desconcertante como parece, que pudiera provocar tras su lectura.

El artificio de caza se utiliza para alcanzar un objeto deseado. Cada mañana tomo un cortadito en el Café de La Concha, cremoso, en vasito... pago en la barra un euro y veinte céntimos y salgo a la bellísima terraza sobre la bahía a veces incluso con un estupendo periódico bajo el brazo. Hago trampa: en la terraza el cortadito cuesta un euro y setenta céntimos. El artificio de caza es la complicidad de los camareros.

Poseo un despacho amplio y coqueto en el centro de San Sebastián, carísimo desde luego, hasta que decidí negociar con el dueño. Sabía que el local contiguo tenía un fortísimo impagado y aproveché ese momento de debilidad del casero para presionarle. Hice trampa: o congelaba la subida del IPC y anulaba el IVA de los gastos semestrales o me iba de la oficina. El artificio de caza fue el miedo del arrendador a quedarse con dos (de cuatro) oficinas vacías de golpe.

Leo en el suplemento Negocios de EL PAÍS a J.Bradford Delong de la Universidad de California en Berkeley sobre el filo de navaja económica, entiéndase crisis mundial galopante que, al parecer, nos acorrala. Mi trampa consiste en desoirle para que mis decisiones no se vean teñidas por sus augurios. Por supuesto que he estudiado a fondo sus cuatro columnas completas y he reflexionado. Sin embargo, no va a desanimarme en la búsqueda y el hallazgo de "océanos azules" (concepto de W.Chan Kim y Renéé Mauborgne), de nuevos segmentos de clientes a quienes el Coaching pueda cambiar su vida, su liderazgo o su negocio. El artificio de caza es tomar decisiones no sólo con la cabeza -información,reflexión- sino también con el corazón-intuición, binomio que, por cierto, ha aportado cierta prosperidad-prestigio a mi empresa.

Hace años tuve una operación grave. El cirujano pronosticó que como consecuencia de la misma envejecería estéticamente muy rápido. Mi trampa consistió en no creerle. Como cirujano era un diez, como ser humano un once, como agorero un cero. El artificio de caza consistió en poner el optimismo (junto a la dieta y el ejercicio físico) como palanca de mi realidad. Créanme mi estética está bien para mi edad. Hice trampa. Sigo haciendo trampas para cazar lo que deseo, para alcanzar mis sueños.

Artificios de caza de objetivos, eso son trampas, atajos, secretos... a voces. Y un gramo de locura, como prescribe García Márquez (Nobel de Literatura) en sus talleres de escritura en la Universidad Menéndez Pelayo (Santander). Hacer trampas es ser un rule braker,alguien que abandona el carril, lo estándar, la inercia, la zona de confort. Sin poner en peligro a nadie, desde luego. Es pensar de otra manera. Algunos lo llamarán innovación, término que resulta gaseoso por manido. Hacer trampas es actuar de otro modo, acaso único, como el Ser. ¿Rebeldía? ¿Ingenio? ¿Creación? sí, de tendencias... siendo un rule breaker, un rompedor de reglas. Otro día, en otro texto, hablamos.

Comentarios bienvenidos en el propio blog o en azucenavega_coach@yahoo.es

miércoles, 23 de junio de 2010

Sembrar Esperanza

Mirar hacia el futuro, y sembrar esperanza.
Rafael Echevarría, inspirador del Coaching Ontológico, me enseñó el concepto metanoia que hoy he vivido durante un entrenamiento a un equipo de élite en un proyecto empresarial-institucional vasco. Juntos hemos mirado al futuro con esperanza y... ¿saben? Pocas cosas son tan hermosas.

lunes, 21 de junio de 2010

Luna creciente

Mi corazón palpita... como una patata frita... Luna creciente en la bahía que anuncia la llegada de quien amo. En el salón de un lujoso hotel de mi ciudad, la televisión de plasma corea el gol de Villa, el de la patilla... para la selección española (contra Honduras, en el Mundial). Repiten la hazaña en tres ocasiones, y descubro que no siempre los logros de un equipo se deben a la colaboración de las personas. En este caso, Villa se lo ha hecho solito (liderazgo y talento en estado puro). Observándole, parece pensar/ sentir aquello de "morir matando" porque dispara sentado en cesped y el balón entra en el larguero, a pesar del esforzado portero que lo roza. Dicen que es asturiano y después la conversación se desvanece. Miro al mar, la mar de Alberti y -de nuevo- mi corazón palpita... como una patata frita. En unas horas la sirena arribará en buen puerto para quedarse unos días, nadar mar emocional adentro, y regresar a su libertaria Holanda. Todo rápido-rápido como el parpadeo de los ojos y -sin embargo- ahora parece una eternidad esperanzada.

Ya en casa, cambio las sábanas de su cama, pongo flores frescas en la repisa, coloco los ositos de la infancia, cuelgo sus toallas favoritas en su cuarto de baño junto a un jabón nuevo que compramos en Alemania. Dejo sus zapatillas en el hall, miro mi agenda y anoto en un papel todos mis huecos libres durante su estancia. Ahueco su almohada, repaso el polvo de las estanterías por segunda vez, ordeno algunos recortes de periódico (que aluden a sus intereses-pasiones y he guardado con primor durante las últimas semanas), pongo en fila su correspondencia bancaria, me aseguro de que hay croissants pequeños y mermelada de frutas del bosque para el desayuno. Salgo hacia el aeropuerto de Sondica.

jueves, 17 de junio de 2010

Tregua, al mediodía

Lejos de mi ciudad, en mitad de una densa jornada laboral, he disfrutado de una tratamiento gratuito de belleza en un gran centro comercial. Dos veces al año, mi casa de cosméticos favorita regala a algunas de sus clientas el detalle de un servicio facial especializado y unas muestras de cremas de última generación. Alta cosmética para el cuerpo y el alma con las mejores propiedades de las hierbas, las raíces y los aromas de las plantas: placer en estado puro durante una hora, al mediodía, de la mano de una mujer diminuta, ágil, chispeante y habladora quien -sin saberlo- me ha ofrecido la metáfora del día.

En la estepa rusa crece una rosa que sobrevive al hielo y a la nieve muchos grados bajo cero durante los largos meses del invierno soviético. No sólo se propaga allí, sino en China, Serbia y Ucracia. Pervive en condiciones extremas y diríase que se alimenta del aire o acaso de la inspiración celeste en ausencia de nutrientes esenciales: sol-calor, agua y abono.

De regreso a casa, al filo de las nueve de la noche, exhausta, con varias de historias en mi cabeza, fotogramas desgarrados de empresas y profesionales que plantan cara a la barbarie, al desplome financiero, al despido y a las sombras que amenazan con engullir los sueños, me he acordado de la Rhodiola Rose, la planta de la estepa que sobrevive solitaria en mitad de la nada. Yo misma, a ratos, me siento una Rhodiola.