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lunes, 23 de diciembre de 2024

Elogio de la Brevedad

 

Ser un pelma está al alcance de cualquiera. Por el contrario, practicar la síntesis con precisión (en la que nada sobre ni falte), exige un avanzado desarrollo de competencias. Pocos profesionales se proponen cultivar el bello arte de la brevedad. ¡Una lástima para todos!

Aunque el mundo empresarial está cuajado de tópicos, la jerga verborréica alcanza un desmesurado despliegue en las cúpulas directivas y se torna rimbombante en áreas corporativas: plaga de discursos huecos como buñuelos de viento. El fenómeno es cansino para quienes lo padecemos de vez en cuando (colaboradores externos) y desquiciante para los equipos obligados a poner cara de póker mientras los buñuelos explotan en la sala de juntas.



En un mundo en el que la velocidad marca los procesos productivos, los márgenes y la capacidad competitiva, los buenos comunicadores han de ser breves y contundentes, características que exigen de los líderes la preparación de los mensajes que quieren transferir antes de ser lanzados a los equipos. Alcanzar la síntesis con precisión exige: conocimiento del tema, criterio, análisis, priorización y selección: hay que renunciar a decirlo todo, todo el tiempo, a todos. 

La brevedad comunicativa exige mucho de los líderes pero ofrece altísimas recompensas. Veamos cuáles. Respetar el tiempo de los demás es acogido siempre con gratitud. Señalar con claridad las prioridades de la compañía fortalecerá la posición del líder con su equipo. Por último, la brevedad y la concisión propician acciones que se desplieguen en el tablero de la realidad. Todo ventajas. Amazing!


Recursos relacionados con el tema: Libro El Método Smart Brevityeditado en castellano en 2024 + Vídeo de Xavier Marcet Duración 1 minuto.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Protegerse... ¡de la barbarie!



Construyo diques de contención a la barbarie. Cada vez con mayor frecuencia, mi oficio exige la construcción de muros que frenen las aguas de la inconsciencia que amenaza con anegar proyectos y personas sin contemplación alguna. 

Aunque la riada carece de intención destructiva, la realidad muestra la intensidad de los daños colaterales en los seres humanos que estamos hechos de materia blanda...




Como un castor -en compañía de otros roedores de miserias- transporto palitos, hojas, cortezas y hasta plantas acuáticas para frenar el imparable avance del sufrimiento innecesario en las organizaciones productivas. 

En las empresas se orilla a los tibios y se sobrecarga a los apasionados que tienden a coger todo lo que se les lanza educados en la disciplina, obediencia a la autoridad, aguante y ausencia de asertividad. ¿Qué es la asertividad? la expresión de una sana autoestima: saber decir no y argumentarlo, discrepar con elegancia, comunicar que algo no es adecuado para ti en este momento o te supera.

No se me escapa la percepción de injusticia que tienen los mejores profesionales de una empresa cuando (capaces y comprometidos) observan que se les carga ilimitadamente hasta acabar como aquellas mulas de los cómics que terminaban espatarradas contra el suelo. Tendría gracia... ¡si no fuese tan doloroso para mi!


Además observo que cuando los profesionales sufren burn out (el síndrome del quemado) tienden a pensar que han fracasado porque no han sido superhéroes del asfalto. Toda una trampa mental que está golpeando a ciertos profesionales que llegan al despacho sin conocer los rudimentos del auto-cuidado, ni cómo poner límites al exceso. La trampa consiste en la ausencia de diques de contención ante la voracidad de los negocios sometidos a una rapidez extrema, competencia global y presión de los accionistas.

En este marco de trabajo con valientes y heroicos profesionales que caen en el fulgor de la batalla, leo a Ramón Oliver -certero como un láser en su página del suplemento Negocios de El País-: "... La falta de apoyo de los directivos hacia sus empleados en momentos críticos de sus vidas es una de las mayores causa de fuga de talento...".

Considero que -junto con la seguridad física, la higiene y la ergonomía- los servicios de prevención de riesgos laborales tendrán que ocuparse (cada vez con mayor frecuencia) de la salud emocional de los profesionales sometida a imprevistos y vaivenes por razones inherentes a la empresa o a la vida...



domingo, 29 de octubre de 2017

Si no lo ves ¡no lo puedes cambiar!



No por mucho repetir que "hay que escuchar" se interioriza como una habilidad esencial de los humanos dentro y fuera del marco productivo, igual que no por mucho madrugar amanece más temprano.

Escuchar forma parte del conjunto de competencias vinculadas a la comunicación -que representa el 90% de todas las dificultades empresariales- que se alza como la competencia estelar de la gerencia. 

Superada la obviedad de que escuchar es algo más que oír, las consecuencias de una escucha deficiente son preocupantes porque detrás de la sordera directiva hay una negación de lo que no se quiere aceptar porque provocaría una zozobra ética que obligaría a una solidaridad que no siempre se quiere aportar.





Afirma en El País el arquitecto más famoso del planeta, Norman Foster, que en su estudio de Londres -en el que trabajan 1.300 empleados- lo que se hace es: "... escuchar, preguntar y comprender..." antes de diseñar, dibujar o proyectar cualquiera de los megaedificios que construyen en cualquier lugar del planeta.   

La activista y diseñadora británica Carry Somers lleva cuatro años poniendo conciencia en el proceso productivo de la moda después de que en el año 2013 se derrumbara una fábrica textil en Bangladés donde murieron más de mil personas. ¿Quién ha hecho tu ropa? es el slogan de la campaña por la transparencia en la creación de las prendas por personas explotadas de manera obscena. Somers viaja a las fábricas con frecuencia porque -según dice- si no lo ves ¡no lo puedes cambiar! 




Escuchar no es oír. Escuchar es ver. Escuchar es ver ¡lo que es! la realidad que -aun siendo poliédrica- presenta una silueta reconocible para todos. 

Si los líderes no optan con radical honestidad por escuchar, llevaran a sus naves contra las rocas siguiendo cantos de sirena. ¿Qué hay que escuchar? lo que acontece en sus empresas y los empleados transfieren, lo que los clientes comparten y lo que hace la competencia, lo que los proveedores alertan y lo que el mundo necesita...

Escuchar es algo más que un estribillo de moda. Escuchar es poner consciencia ante lo que acontece sin cerrar los ojos y taponar los oídos, es reconocer la necesidad de cambios urgentes, importantes y necesarios en las empresas.