sábado, 27 de junio de 2009

Kit Kat Creativo

Estoy en la espalda del ratón de Guetaria, promontorio natural en forma de roedor en cuya trasera señorea el Ketarri (bar-restaurante) con wifi en la terraza lo que me permite escribir este post en el portátil. Rodeada de mar por todas partes (el ratón es una península unida por un estrecho brazo de tierra al pueblo marinero), huele a salitre y se oye todo el tiempo la rompiente de las olas contra el malecón situado justo debajo de mi mesa. He pedido un cortadito bien cargado y un botellín de agua Solán de Cabras que me sienta de maravilla.


Desde esta privilegiada atalaya contaré lo que veo: a mi izquierda, un trocito del puerto con sus barcazas de pesca, sus yates y algunos intrépidos jovencitos saltando al mar desde los muelles. A mi derecha, varias lanchas zodiac de color naranja, a juego del horizonte en el que está a punto de esconderse el sol. Atardecer en el Cantábrico con 26 grados tras un día veraniego. Ahora mismo no veo a mi amiga Axun a la que hace casi una hora he saludado momentos antes de que recibiera lo que se llama "un bautismo de buceo". Está sumergida con sus aletas, su neopreno y su bombona de oxígeno. Espero su regreso para que me cuente cómo le ha ido en el fondo del mar y si ha divisado a Neptuno con su tridente.


Se está bien aquí, en la terraza gigante del Ketarri, justo encima del mar. Ojalá pudieran verlo. Como decía un slogan de la consejería de turismo del gobierno vasco hace casi una década: Ven y Cuéntalo... Sería lo mejor: que ustedes vinieran y después entre todos contásemos al mundo lo hermosa que es esta tierra.


Hablando de mundo... otra amiga galáctica, intrépida, salsera y generosa ha empapelado esta mañana mi despacho de post it de mil colores y tamaños ¿dónde los comprará? Entre las 8.30 y 14.30 de este sábado un grupo de frikies reunidos entorno a una mesa disfrutando como locos, como niños, como genios, como adultos, como duendes, como intelectuales y jugando a absorber la valiosa información que nos ha traído Ainhoa directamente desde Búfalo (Estados Unidos) hasta San Sebastián. Aterrizó en el aeropuerto de Bilbao hace apenas dos semanas y hoy -con lo último de lo último de lo super último en creatividad- nos ha fascinado con su metodología al servicio de la búsqueda y hallazgo de soluciones a los desafíos de la vida y los negocios. Seis horas. Agotador. Seis por seis por seis gigantescos posters de papel, de propuestas, de réplicas a investigar para después concretar en un plan de acción. Primero, pensamiento divergente. Más tarde, pensamiento convergente... con igual peso e importancia... y escribir-escribir, rápido-rápido sin juicio, sin bloqueo y constatando -una vez más- que todos somos creativos. Les sugiero ver foto en el álbum Picasa: observen las paredes y, por favor, no comenten con mi casero, je je...



Usted que me lee... ¿Qué entiende por creatividad? Me encantará saberlo y -si me lo permite- lo referenciaré en mis propios workshops, conferencias, debates y clusters. Por favor: ¿Qué entiende usted por creatividad?

Ya no me queda ni una gota de agua ni de café. Ni rastro del sol en la fina línea del horizonte. Desde la zodiac color naranja me saluda muy sonriente Axun con su neopreno rojo. ¡¡Sin duda ha visto a Neptuno con su tridente!!

miércoles, 24 de junio de 2009

Por sus frutos los conoceréis

Acabo de llegar de un workshop promovido por la Asociación de Empresarios de Guipúzcoa, Adegi. Últimamente le ha dado a todo el mundo por organizar actos ¡¡a las cinco de la tarde!! lo que obliga a "levantar" la agenda sobre todo al pequeño y mediano empresario vasco (más del noventa por cien del tejido industrial en nuestra comunidad autónoma). Maestros tiene la iglesia -se decía en mi colegio de monjas- para indicar que ... sus razones tendrán... al elegir una hora tan temprana para compartir conocimientos y experiencias.


El ponente vive en la Sierra de Gredos (Ávila) -como Santa Teresa- en un lugar al que llama Las Casas del Castaño lo cual ya le pone a cualquiera en la pista de que se trata de una persona cuando menos "especial". Su nombre es Fidel Delgado. Durante muchos años se dedicó a asistir a personas en su tránsito hacia la muerte armado con sus conocimientos académicos de psicología clínica y algunas especias más que -ahora- comparte con profesionales de todos los sectores. El hombre (enjuto, delgadito) lleva el estigma casi físico de los que hemos transitado mil desiertos: el desgaste profundo de quien ha ganado y perdido no sólo muchas batallas sino numerosas guerras y tal vez -con el alma hecha jirones- se alza ante la vida como un reverdecido y flexible junco.


El caso es que este ponente peculiar se ha atrevido esta tarde en el Parque Tecnológico de Miramón -emporio del empresariado guipuzcoano- a decir cosas como: Creer para Crear ¿les suena? o como Con Crisis Crecemos. A Fidel Delgado le fascina el lenguaje metafórico con el que juega a despertar emociones, sentimientos y conciencias.

Sus mensajes suenan un tanto revolucionarios en un medio lleno de corbatas, portafolios con ordenadores portátiles y móviles de última generación. Para la mente... desafío en estado sólido y para el alma... metafísica en estado puro -como le he dicho al término del encuentro-. Fuerte para los gerentes de nuestras Pymes.


Parte del contenido de su workshop arranca de un dibujo que Fidel Delgado explica, desarrolla y dimensiona con su verbo fácil, espléndido, juguetón, risueño y trascendente a un tiempo. Sobre una figura humana realizada con lápices de colores por el ponente -por favor, ver ilustración en el álbum Picasa, merece la pena- aparecen ideas como esta: El buen espíritu, bien encarnado, se reconoce por sus frutos. ¡¡Menuda perla!! Más de uno -a mi lado- ha comenzado a rascarse la cabeza no sé si por nerviosismo, despiste, impaciencia o para estimular el hemisferio derecho del cerebro al que Fidel apela todo el tiempo. Otra frase de esta tarde: Riega las plantas de otros, motiva a quien está seco.


En el dibujo-pretexto que inspira el workshop se pueden leer sobre el muñeco los verbos: confiar (en los pies) criar (genitales) valorar (plexo solar) aceptar (zona del corazón) compartir (en la garganta) comprender (entrecejo) y gratitud (sobre la cabeza). Algunos taoistas querrán ver en este dibujo una conexión con las cualidades que los orientales atribuyen a los chackras (centros energéticos) del cuerpo humano. ¡¡Qué inquietante que la poderosa Adegi se atreva con esto!! Debe ser cierto que... muerto el capitalismo 2.0, nace un nuevo paradigma. Vivir para ver. Gracias Fidel ¡sigue creciendo en Las Casas del Castaño (Ávila) y regresa para contarlo!

sábado, 20 de junio de 2009

Un gnomo azul

Esta mañana he transitado parte del Camino de Santiago, la ruta del norte entre Orio y Zarautz. Una paliza llena de encanto. Y mientras un gnomo pintaba de azul las hortensias a nuestro paso -ver foto en álbum Picasa- moría un familiar lejano en mi línea ancestral. Lo he sabido al mediodía y me he sentido estúpida al recordar las conversaciones mundanas (casi vanales) que he propiciado durante la caminata alterando la paz de las hierbas, ortigas y hojas salvajes a orillas del Cantábrico.

Ella era diez años más joven que yo por lo que a mi mente le cuesta aceptar la idea de que ya no está. Y mucho más hilar la reflexión de que acaso el personaje de la guadaña me ronde también a mi. Si así fuera... acaso lo único importante sería poder afirmar que he vivido con dignidad y que he hecho todo lo que estaba en mi mano por aprender en un amplísimo concepto del término. Aprender.



Nos hemos reído mucho al descubrir el gnomo pintando de azul las hortensias ¡qué ocurrencia! con lo bonitas que son en tonos rosas o blancos. Pincelillo en mano trazaba un paisaje casi fantasmal, irreal, de cuento. La vida no es un cuento, decía el escritor Pablo Coelho el verano pasado en un curso de la Universidad del País Vasco al que asistí junto a otras cuatrocientas personas.

De ella no recuerdo mucho, la verdad. Apenas coincidíamos durante los veranos en un remoto pueblo de Castilla. Era gemela de otra y tenían un hermano que pertenecía a mi cuadrilla de aventuras. Me acuerdo con precisión de las gallinas que su abuela Basilisa cuidaba con primor, de la potencia acústica del gallo y del perro doméstico que siempre dormía junto al pozo de agua, en la zona más sombría y fresca de la casa.



De color azul son también los granos de arena de un reloj que tengo en la mesa del despacho y conocen bien todos mis clientes. En teoría marca nuestro tiempo conjunto de entrenamiento. Como en teoría debiéramos recordar que estamos de paso... que los granitos de arena -azules, rosas, blancos o rojos- no paran en su devenir querámoslo o no, seamos o no conscientes de ello. ¡Vivamos agradecidos al instante! Acallemos las soeces voces que atruenan con sus críticas o quejas los caminos de la existencia en los que vamos juntos -aunque estemos separados- y en los que nos guste o no recordarlo estamos de manera transitoria.

Mañana a las 17.30 será el funeral en una ermita situada a unos metros del lugar en el que en las tórridas noches de verano la abuela Basilisa nos contaba historias a un puñado de niños entre los que se encontraba su nieta. Ellas ya no están, ambas han volado al otro lado de las montañas a las que -jugando, inventando, entonces riendo- llamábamos El Pico del Indio. Realidad y ficción ¿cómo distinguirlas? Logro e intención ¿causa o efecto? Ella se ha ido. Propicia un momento azul de oración... ¿Ven al gnomo entre las hortensias?

martes, 16 de junio de 2009

Desbandada

Desbandada. Pánico. Unas amigas -psiquiatra y aparejadora respectivamente- han cerrado sus despachos en los dos últimos meses: insoportable el peso del alquiler y otros gastos fijos. Se han lanzado como locas en busca de subvenciones de la Diputación de Vizcaya para ofertar cursos. La panacea de los cursos. Todo el mundo enseña de todo a cualquiera. Más si está subvencionado. No me malinterpreten: mis amigas además de adorables tienen una licenciatura y un extenso bagaje profesional a sus espaldas. Ahora bien: ni idea de la ristra de cursos (que no de ajos) que han ofertado a la institución foral.


Pánico. Una tiene marido y eso siempre ayuda -digo yo- a llenar (también a vaciar) el frigorífico. La otra está sola ante el peligro. La situación de precariedad le resulta desconcertante: nueva. ¿Cómo puede ocurrirme algo así a mi? Se pregunta. Durante décadas ha ostentado importantes cargos de responsabilidad (es una mujer de compromiso social e ideología de vanguardia). Ha salido en muchas fotografías del periódico junto a políticos de renombre y... sin embargo... no ha sabido hacer de ello un baluarte, un puerto seguro que -en época de aguas bravas- la proteja de la marea. Networking le llamamos.


Net, red... un sinfín de nudos entrelazados entre sí que -si se construyen bien- aguantan la caída de un funambulista en el circo de la vida. Net, red... para pescar. Aquí la utilizan los arrantzales vascos y es habitual ver a sus mujeres remendando boquetes en el puerto. Net, red... personas que conocen a personas que conocen a otras personas que están en el lugar adecuado en el momento adecuado y de eso se compone la vida. Le llaman sincronicidad y vinculan el concepto -entre otros- a Carl Jung, discípulo de Freud. Net, Sincronicidad, jerga intelectual para expresar fenómenos cotidianos que a todos nos afectan.


Decía mi difundo padre (cuánto le quería) que nadie escarmienta en cabeza ajena. Sin embargo al hablar hoy con mi amiga aparejadora he pensado en lo urgente que resulta enseñar a las personas a construir redes sociales, del conocimiento, familiares, solidarias, laborales, gremiales, redes que nos sostengan en los momentos de caída libre de los que ninguno estamos a salvo. No la gente de a pie: usted, yo.


Construyan redes. Si no saben cómo... lo explico en otro post... si me lo piden. O les doy un curso... je je... mejor subvencionado... en puerto seguro... al socaire del viento del norte que sacude nuestra prosperidad. Tiempos modernos, que decía Chaplin en su genial film. Tiempos complejos para una psiquiatra y aparejadora, buena gente, en caída libre. S.O.S.

sábado, 13 de junio de 2009

Creer para Crear

¡Cuanta vida hay en un diminuto pajarillo! Esa frase -pronunciada esta mañana por mi compañero de monte- ha tenido mi mente enredada durante el descenso entre senderos después de hallar una cría de jilguero en el suelo, de cogerla entre los dedos con extrema suavidad pensando que quizá estaba herida, de ponerle algunas migas de galleta cerca del pico (por si tenía hambre) y de comprobar -finalmente- que lo único que sentía era desorientación.
-¿Te parece poco?- ha exclamado mi compañero irónicamente levantando una ceja e intuyendo que de inmediato mi mente comenzaría a tejer metáforas con la vida, las personas y la existencia.

Hemos estado acuclillados junto al pajarillo unos diez minutos haciéndole un reconocimiento: patas y alas en perfecto estado y ningún síntona de lesión por caída o gatos. Al cogerlo, uno comprueba que las alas de seda -pomposas y huecas- cobijan una estructura de extrema fragilidad: apenas unos huesillos ligeros que generan ternura e instinto de protección.

Era una cría acaso en su primera salida del nido, carente de recursos para sobrevivir por sí misma, desorientada de olores (pinos), colores (mil tonos de verde), dirección (estaba al norte, frente al mar), peligros (cerca de camadas de gatos) y -sobre todo- de sus propias fortalezas o recursos... El más poderoso de todos volar. Lo pondré en mayúsculas ya que es uno de mis anhelos recurrentes: Volar.

Puede hacerlo porque le hemos visto. Sin embargo, aún no lo ha integrado como una certeza y ahí (justo ahí) radica su trampa más letal. Se queda en el suelo dando saltitos cortos como un ratón, una cucaracha, una lagartija... cuando en realidad ¡puede volar!

Miopía de recursos. Igual que los humanos. Igual que Lucas, un cliente suizo con el que trabajo por Skype una vez a la semana. Lo tiene todo para ser feliz, para construir un segundo imperio económico -es hijo de un magnate- para volar casi hasta el infinito y sin embargo languidece sobre el asfalto como la cría de jilguero: desorientado. De tanto vivir en la pecera del éxito desconoce su olor así como el color del sencillo vivir y la dirección que quiere dar a su carrera lejos del papi grandioso e hiper-protector.

Desconoce los variados peligros de no ser él mismo, de renunciar a la propia identidad y -sobre todo- olvida sus fortalezas de Titán: esplendido físico, mente rápida, formación intercultural, dominio de cinco idiomas, recursos económicos casi ilimitados, salud, familia galáctica y bien relacionada en toda Europa... y lo mejor: la capacidad de volar, de ser él mismo, una poderosa águila de enormes alas -ahora plegadas- a la espera de atreverse a ser feliz y a lograr (en sus propios términos): Creer para crear.

¡Cuánta vida hay en un diminuto pajarillo! ¡Cuánta vida hay en Lucas! Mi cliente suizo, miope ante su arsenal de recursos, dudoso de su gigantesco potencial! Desorientado. ¿Ven? Mi compañero de montaña intuía bien: he vuelto a desplegar la mente metafórica, el juego seductor de la palabra. Creer para crear y volar: mi sueño recurrente.

miércoles, 10 de junio de 2009

Si Dios existiera...

Si Dios existiera... mi amigo Enrique le caería bien o al menos eso dice él que se ha educado en un colegio religioso con una madre atea casi radical y es ciudadano del mundo. Habría que preguntarle (si me deja y tenemos ocasión lo haré) qué criterios calibra para caerle bien a Dios, si existiera...


Desde luego -si existiera- no estaría lejos de los paisajes finlandeses que estos días transita mi amigo acompañado de su cliente vip y satélites del business. Vean, por favor, (en el álbum Picasa) la fotografía de un lago al atardecer y sientan la plenitud, la belleza estática, cuasi-mística que recoje la instantánea de Enrique.

Reproduciré parte del Email que me escribe desde Helsinki: He descubierto la sauna finlandesa, en entorno natural. Sudar a tope y golpear la piel con un manojo de ramas de abedul que la deja oliendo a bosque. ¡¡Qué maravilla!! Y después un baño muy frío en el Báltico o en un lago teñido de amarillo por la resina de los pinos. Sale uno limpito y con mucha energía... te lo recomiendo.

Decía el poeta y filósofo Kazantzakis: Hermano almendro ¡háblame! ¡Háblame de Dios! y el almendro se cubrió de flores. Acaso en esos pocos momentos vitales en los que los adultos volvemos a ser como niños -inocentes y sabios a un tiempo- mariposea el aleteo divino de lo que fue, es y será al margen de toda religión, ortodoxia o credo: lo que es.

Desde luego Enrique es un hombre lleno de energía que -por sus permanentes botas- recuerda a un boy scout: siempre dispuesto a trepar un árbol o a cruzar un charco de mediana profundidad... alerta, rápido ¿inquieto? Sí, muy inquieto, abierto a la vida, la creatividad, los proyectos, la pulsión intensa del vivir conectado a lo que importa: las hortensias de su jardín, el mimo a sus amigos, el aprecio de un buen vino, la compañía-ternura de una mujer, la fidelidad a sus creencias... ¿Y Dios? Si existiera, mi amigo Enrique le caería bien ;-D

viernes, 5 de junio de 2009

Intimidad

La aguja pequeña en las 8 y la grande sin alcanzar aún las 12 en el pequeño reloj de la cocina. Suena el teléfono fijo. Suelto aceleradamente el cuchillo untado en mantequilla, desplazo el croissant de la bandeja, salgo disparada hacia el salón y una voz extranjera me pregunta (sin darme los ¡Buenos días!) si soy Azucena Vega; no, en realidad dice: Doña Azucena Vega... cosa que me repatea, el Doña... y dice hablar en nombre del Citi Bank.

Miro por el ventanal del salón que da al mar, cojo un poco de aire y le pregunto quién es a lo que vuelve a responderme que llama del Citi Bank para ofrecerme productos y servicios (que no he solicitado, por supuesto). Le digo si sabe la hora que es y dice -con un tono muy impertinente- que ¡por supuesto!

Vuelvo a otear el horizonte. Hay bruma en la bahía. No puedo creer que me esté pasando algo propio de una película de Woody Allen. Tomo aire. Bastante enfada le digo que esa llamada sería motivo de una denuncia, que son apenas las ocho de la mañana, que mi familia duerme en este instante (llegaron anoche de Oslo), que se identifique y que respete la intimidad de mi hogar.

Unos instantes de silencio y de nuevo en acento extranjero me pregunta si soy Azucena Vega, perdón, Doña Azucena Vega, algo que -como les digo- me repatea...

Otro minuto de silencio. Un pesquero sale del puerto de San Sebastián a faenar mar adentro en aguas del Cantábrico. Respiro un instante y le pregunto si me ha escuchado lo que le he dicho. De inmediato me contesta que no le importa en absoluto. Sí, como lo leen, textual: no le importa en absoluto.

Ni en una de Woody Allen. Mundo desquiciado ¿dónde está el derecho a la intimidad? ¡Por Dios, estoy en mi casa, en pijama, tostando el croissant, suenan ocho campanadas en el reloj de la iglesia de la calle Matía! ¿Y la dichosa ley de protección de datos?


Le dijo un ¡Buenos días! que si fuera una bala iría directa a la sien y cuelgo. ¡¡Que indignación!! Retomo el aliento, la mermelada, la mantequilla. Se levanta mi hija, hecha polvo: ha dormido cinco horas y le ha despertado el ring ring de una desaprensiva que trabaja para el Citi Bank. Indefensos. Vivimos indefensos.