lunes, 11 de agosto de 2014

Donde no hay belleza ¡no hay conciencia!


Mi amiga Itziar (pintora de Bilbao) marcó a fuego en mí el concepto de "vivir a la escucha", frase diminuta que repite como un mantra y resume con precisión su filosofía existencial. A la escucha de la intuición, del alma y de las señales mundanas que acaso nos orientan (si se lo permitimos) en la certeza de que "todo habla". Primera marca en el camino. Años ochenta.

Diez años después conocí al gurú francés del coaching ejecutivo Alain Cardon de quien aprendí mucho por lo que transmitía en sus formaciones, por el estudio de sus libros, y -sobre todo- por lo que mostraba con su comportamiento, actitudes y decisiones profesionales. Algo sobre lo que he reflexionado mucho es la importancia que Alain otorga a "los espacios" como un factor estratégico vinculado a los resultados. Segunda "marca en el camino".

En la última formación que he impartido en 2014 en Zaragoza a directivos de diversos sectores (con equipos a su cargo) he encontrado cierta resistencia a vincular los espacios productivos con el rendimiento de las personas o -lo que es lo mismo- a establecer una relación de causa efecto entre la calidad de los espacios y los niveles de bienestar que se muestran en el clima laboral, la comunicación interpersonal y ¡los resultados! 

Los directivos estaban escindidos entre la aceptación y el rechazo de la hipótesis hasta que algunos de ellos trajeron al aula y proyectaron ejemplos de empresas donde el espacio se integra en la pura estrategia (Google, CBRE España, Leroy Merlin...) y -tras un jugoso debate- hubo consenso sobre la influencia cierta del espacio en el vivir y trabajar. Tercera "marca en el camino".

A comienzos del siglo XXI -y en el transcurso de un cóctel- el compositor guipuzcoano Gabriel Loidi puso la cuarta "marca en el camino" al afirmar que "donde no hay belleza no hay conciencia", otro concepto sobre el que también me gusta reflexionar. Finalmente y por ahora, anoche encontré una joya que comparto con ustedes:


"La belleza de mi ciudad 
me permite 
dialogar con el infinito delante del mar" 




La afirmación fluye del prestigioso arquitecto Renzo Piano aludiendo a la ciudad en la que creció -Génova- a la que ama tanto como yo San Sebastián (Pais Vasco) y cuyo estudio vemos en la fotografía superior.

Resulta apasionante profundizar en la trayectoria de este profesional de 77 años que se define como un "sensor del cambio" refiriéndose a las necesidades arquitectónicas de las ciudades y sus habitantes... 




Quinta (y última) "marca en el camino": escuchar el entorno y la belleza son dos palancas del cambio desde cualquier angular productivo: la música, la fontanería, la escritura, la repostería, la pintura, la albañilería o la arquitectura. 

Dice Renzo Piano: "... el arte y la belleza vividos cotidianamente pueden tener alcances muy positivos para la humanidad...". ¡Pongámonos manos a la obra!