lunes, 1 de septiembre de 2014

El risotto incrementa un 30% la productividad


El risotto se sirve caliente bajo el efecto emocional de una alegría motivada o inmotivada -y no por ello menos nutritiva-.

Celebramos la navidad del 2011 al 2012 en Rotterdam -donde entonces vivía mi hija- con gran alboroto de cohetes y fuegos artificiales que los lugareños lanzaban desde las azoteas de las casas. Era un espectáculo de ruido y color difícil de imaginar en los Países Bajos ¡salvo que lo vivas en directo en alguna de las grandes capitales de Holanda! 




Aprovechamos el tránsito de la nochevieja para lanzar algunas skylinters proyectando nuestros deseos contra la negrura del cielo. Pusimos mucho calor de corazón para compensar varios grados bajo cero cerca del puente Erasmus, donde el viento era un cuchillo de doble filo.

He de confesar que mi petición se cumplió con creces. Una vez más funcionó la magia del "creer para crear" nuevas realidades. La alegre emoción (risotto) propulsó con su fulgor las linternas desde el espigón acuático hasta las estrellas para perderse finalmente en el horizonte del futuro deseado.




La semana pasada terminé en compañía de Antia y Pilar de Aula de Chefs. Nos reímos tanto que me dolían los mofletes y las costillas. De verdad. Fuimos capaces de encadenar tantas bromas, en tan poco tiempo, que las tres acabamos empachadas de risotto y, al mismo tiempo, llenas de energía y proyectos creativos, sociales, innovadores, desafiantes, comprometidos... ¡necesarios! para el mundo que habitamos.

Viene a cuento este relato breve al descubrir que la primera escuela de Europa según el ranking de Financial Times, IE Business School, desarrolla con éxito un máster asentado en el hecho de que una mente positiva es un 31% más productiva que una negativa y/o estresada (datos de la Universidad de Wisconsin). Ocurre también que los trabajadores satisfechos elevan un 37% sus ventas frente al resto de la plantilla (investigaciones de la Universidad de Harvard).




La práctica cotidiana del risotto (alegre actitud en el vivir y trabajar) tiene una relación directa con la felicidad y es algo que se puede aprender. De hecho, entrenar el enfoque positivo y el poder de la actitud (inner game) es parte esencial de mi trabajo y requisito previo a cualquier logro.

El mensaje de Wisconsin es claro. El mensaje de Harvard es claro. La reiterada práctica de mi oficio constata sus evidencias: podemos elegir los procesos mentales que aplicamos a cada situación. Además los procesos mentales positivos propiciarán la movilización del potencial incrementando sustancialmente el logro de cuantos objetivos nos propongamos.

Todo comienza con un acto volitivo -con el deseo de ser feliz- persistiendo hasta el logro sin perder de vista el foco, la práctica de hábitos saludables, la aceptación de la resistencia, el desgaste... y la dieta permanente de risotto (actitud alegre, esperanzada y positiva).  ¡Como siempre la elección nos corresponde y la grandeza de la libertad nos espera!


miércoles, 27 de agosto de 2014

Todo comienza con el hechizo del juego


Esta mujer confronta mi creatividad. Tenemos en común dos amigos en Facebook y una tercera persona a la que ambas apreciamos mucho, Cristina, nuestro conector.

Aunque nos conocemos hace apenas dos semanas ya pedaleamos en tándem y hace que me sienta acompañada en temas que desconozco: el diseño gráfico en un sentido conceptual pleno. Su curiosidad formula preguntas cuyas respuestas he de buscar fuera del manual en un esfuerzo compartido por hallar "betas de oro" que clarifiquen la esencia de mi trabajo.





Como tantas cosas valiosas de la vida, el "erase una vez" de la historia comienza bajo el chispeante hechizo del juego entendido como exploración del potencial y aceptación de cualquier sendero sin saber de antemano si la travesía contará (o no) con un final feliz. 

Bajo el chispeante hechizo del juego mantuve casi infinitas conversaciones para la radio y la televisión que volcaba en entrevistas, reportajes, libros o artículos. Con ello me ganaba la vida y atesoraba experiencia existencial al absober de las personas los mil secretos de otras tantas vidas complejas y -en muchos casos- exitosas. Conversaciones. 

Bajo el mismo hechizo conecté con mi profesión actual a comienzos del siglo XXI puliendo la capacidad comunicadora al límite de la escucha, del silencio, de la ausencia de juicio, de la disponibilidad radical hacia quien habla, de la presencia, de la empatía, de la apertura mental-emocional-espiritual y de la solidaridad (compasión budista) conceptos importantes que conviene no desgastar como si se tratase de las cuentas del rosario de una monja de clausura. Conversaciones.



El 88% de los ejecutivos quienen una conversación...


Lo que hago es mantener conversaciones reflexivas con las personas para explorar oportunidades, fermentar decisiones (conectadas a la esencia) y mover la vida con acciones, motor existencial del cambio que -dicho sea de paso- es lo único permanente. 

Las conversaciones transforman al que pregunta y al que contesta, fertilizan el potencial que ya existe, movilizan los recursos anestesiados por el desconocimiento o el miedo, y -finalmente- propician el logro de pequeños o grandes éxitos alineados con nuestro ser más profundo al que acaso podríamos llamar alma.

Conversaciones reflexivas que se vuelcan en acciones en el mundo real de cada ser humano y que -en ocasiones- se alzan con la satisfacción plena. Este es mi trabajo. Siento que es la profesión más hermosa de la tierra: con alta exigencia ética y exquisita precisión en el callar o preguntar, desafiar o sostener, lanzar una metáfora o trazar un cronograma, mover una figura, transitar la línea temporal, completar la rueda de la vida, sugerir la lectura de un libro, facilitar el acceso a un blog, un link... que impulsará nuestro proyecto. Como me enseñó Robin Sharma- en mi profesión el límite es el cielo, las posibilidades infinitas y el mundo ¡está lleno de ideas germinales! para la vida y los negocios. Mi trabajo es explorarlas y lo hago a través de conversaciones. 
  

martes, 19 de agosto de 2014

Equipos: Liderar Personas y Proyectos. Un curso de Azucena Vega Amuchástegui.


Los británicos denominan "green thumb" a la persona que tiene mano para la jardinería. Textualmente "dedo verde" en alusión a cuidar y hacer crecer aquello que tocan. Y hay tantas maneras de cuidar como de amar. En la recta final de mi biografía laboral encauzo todo mi conocimiento, experiencia, intención, humor-ironía y amor a los equipos por dos razones.

Llevo una década comprobando en el mundo real que trabajar con equipos produce un impacto de mayor calado en las empresas que cuando se trabaja sólo con el líder. Llamo mundo real que produce, vende, paga nóminas y se la juega. Llamo impacto de mayor calado a cambios sostenibles en el tiempo, más satisfactorios para todas las partes implicadas, y rentable. El mayor impacto es la primera razón por la que estoy volcada (casi obsesionada) con los equipos. La segunda razón me la dió Sir John Whitmore quien -siendo mi mentor y habiendo acudido los dos a un cóctel con autoridades en el País Vasco (2006)- me susurro al oído: " Azucena céntrate en entrenar equipos porque ¡no hay tiempo!". La rotación de los invitados no me permitió profundizar en su consejo que con posterioridad abordamos en varias ocasiones.




El mundo se desintegra como un meteorito. No soy pesimista, solo leo, estudio, reflexiono y me relaciono con profesionales que sufren. Sufren tanto que las estadísticas en enfermedades psicosomáticas son brutales, innegables. Mi hipótesis es que gran parte del sufrimiento que se produce en las empresas es innecesario y no aporta nada. Está bien documentado el sufrimiento que provocan los jefes (hombres y mujeres) llamados tóxicos, psicópatas (un perfil narcisita común entre los directivos) así como el coste empresarial de los mismos en forma de pérdida de los mejores talentos (que se van de la organización), bajas, contracturas por stress, mal clima laboral, bajo rendimiento etc. Está mal documentado, sin embargo, el impacto que tiene en las empresas la inexistencia de equipos.

Equipos como el eslabón perdido entre el uno (la persona) y el infinito alcanzable por un conjunto de profesionales alineados hacia un objetivo compartido, dotadas de normas consensuadas, confianza en su capacidad, transparencia comunicacional, respeto por la diferencia... 

Tengo 56 años, una  vida laboral que supera los 35 de cotización, y entiendo que -con fuerza y lucidez- me queda más o menos una década de trabajo. Mi tiempo es limitado así que -alcanzado un bienestar austero en lo mundano- solo aspiro a aportar en la dirección evolutiva de las organizaciones. He comprobado que es posible y pasa por el trabajo con equipos.




He dado forma a todo lo que sé y lo que soy en un curso-taller-laboratorio cuya nomenclatura es... Equipos: liderar personas y proyectos. Lo realizo en mi despacho de San Sebastián. Las plazas son limitadas hasta completar el aforo (máximo catorce personas). Se desarrolla de Octubre de 2014 a mayo de 2015, un sábado al mes, manteniendo el hilo de aprendizaje a través de una plataforma on line que nos mantiene todo el tiempo conectados. Abordamos seis metodologías internacionales (en las que estoy certificada) centradas en los equipos. Intercambiamos conocimientos a través de casos empresariales. Analizamos vídeos, blogs, links, tendencias de vanguardia y contamos con expertos que -con su pincelada peculiar- refuerzan conocimientos-clave para el buen funcionamiento de un equipo. Finalmente aprendemos haciendo (learning by doing) porque de ese modo el conocimiento puede ser utilizado de inmediato y porque se integra en los alumnos para siempre.

Cuando me preguntan por BetaLaB (laboratorio en beta) -nombre que otorgo al taller- suelo decir que es el mejor curso de equipos de cuantos se imparten en España. Si no lo es... está muy cerca por el mimo que ponemos en ello, por el diseño de contenidos, la pedagogía al transmitirlos y ¡porque somos profesionales que lo estamos haciendo en las empresas! No se publicita. No hay un vídeo promocional. No hago una gira de conferencias para darlo a conocer y no pago comerciales. Todo ello facilita un precio simbólico, un excelente clima relacional, la experimentación real de construir un equipo a partir de cero (entre los propios alumnos), la vivencia de la diversidad de sectores, cargos, formaciones y una satisfacción alta (el feedback de los alumnos otorgaba al curso en ediciones anteriores un 9,3 sobre 10).

Las esculturas que ilustran el post se encuentran en la pequeña ciudad suiza de Glaris (Glarus, en francés). El título de la segunda es "La mano que cuida", una buena metáfora de lo que aprenderemos juntos en BetaLaB: cuidar personas y proyectos en equipo.

¿Cómo se construyen relaciones de confianza en el seno de un equipo? ¿Cuál es el número ideal de componentes de un equipo, y de especializades/caracteres? ¿En qué medida incide la cultura corporativa de la organización en el funcionamiento de un equipo? ¿Cómo se practica el feedback con los miembros de un equipo de manera que mejore la motivación? ¿Qué razones sostienen la búsqueda del equilibro entre el dar y el recibir en el seno de un equipo? ¿Cómo, cuándo y para qué delegar y cuándo, cómo y por qué no hacerlo? ¿Qué es -exactamente- un equipo? ¿Cómo propiciar la innovación en los equipos? ¿Por qué se afirma que los equipos (y las organizaciones) que sobrevivan en el siglo XXI serán aquellas que practiquen la "reflexividad"? ¿Qué es la "reflexividad"? ¿Se gesta de igual manera un equipo de una multinacional que el de una pyme de quince empleados? ¿Como propiciar la colaboración sin matar la necesaria competividad?

Éstas y otras cuestiones serán clarificadas en BetaLaB, el curso que comienza en octubre 2014 en San Sebastián. Plazas muy limitadas. Información y matrículas: azucenavega_coach@yahoo.es  


sábado, 16 de agosto de 2014

Trastadas y Puzzles en el Vivir y Trabajar


Como una botella de cava que espera ser descorchada para una celebración, Bilbao contenía esta mañana la respiración horas antes del chupinazo que anunciaría el comienzo de la Semana Grande: nueve ininterrumpidos días de festejos para todos los gustos, edades, tendencias y presupuestos. 






Aunque el motivo de mi visita a la city era otro, en mi caminar me he ido tropezando con los símbolos que pueblan mi memoria de cuarenta y cuatro años de vida en la capital vizcaína, donde nací; pero a diferencia del tiempo de mi infancia, hoy el Gargantúa daba la espalda al miedo que me producía introducirme en su boca para acceder al pequeño tobogán instalado en sus entrañas... 




He aprovechado la visita para llevarme un auténtico botín de la ciudad: varias prendas y calzado de marca rebajados al sesenta por ciento. Me produce un jolgorio interno especial comprar objetos de calidad a un buen precio. Siento que (de ese modo) desactivo un poco el abuso de las tiendas que cargan los productos con un doscientos por cien que balda textualmente al ciudadano de a pie... Yo, en este caso. Y aunque reconozco la tontuna de esta idea, me satisface hacerme con aquello que necesito a un precio muy inferior al que marca la etiqueta. Lo vivo como un desquite, un atajo, una pequeña trastada.




Trastadas y puzzles mantienen vigoroso el instinto de la curiosidad que -si bien mató al gato- me divierte. La búsqueda de conocimiento me empuja a coleccionar piezas de diversos puzzles: sencillos, complejos, inabarcables, invisibles, abstractos, concretos... piezas que atesoro con frenesí arqueológico y ordeno en mi mente durante décadas hasta que adquieren un sentido propio configurando un nuevo mapa conceptual. Digamos que me entusiasma dar sentido a lo que leo, aprendo, compruebo, imagino, logro, fracaso ¡vivo! y -en esa búsqueda permanente de propósito- algunas veces emerge un sigfinicado que adquiere (para mi) una trascendencia relevante. Pondré un ejemplo.

Descubrí a Brené Brown en 2010, primero en un vídeo que dura veinte minutos y pueden contemplar pinchando aquí y después leyendo varios de sus libros. El que más piezas de puzzle me aportó fue The gifts of imperfection, volumen que he leído en varias ocasiones si bien no ha "resonado" con fuerza hasta profundizar en el libro Frágil (el poder de la vulnerabilidad) que leo estos días pese a haber sido publicado por Urano en 2013.

Merece la pena asomarse a las investigaciones de esta trabajadora social norteamericana y storyteller si bien les avanzo la hipótesis que estoy fraguando desde hace unas semanas. Primero: el cambio es lo único permanente. Segundo: si no hacemos las cosas de manera diferente (u otras cosas) obtendremos los mismos resultados. Tercero: por definición el ser humano se resiste al cambio. Cuarto: cabe preguntarse  ¿Por qué nos resitimos al cambio?

Entre las numerosas respuestas que voy encontrando (pensando en vencer las resistencias al cambio de mis clientes ) incorporo ahora el descubrimiento de la vulnerabilidad. Me explico: nos resistimos al cambio porque nos obliga a trascender la incertidumbre que a su vez provoca la zozobra de algunas de nuestras certezas lo que acaba por alcanzarnos en una zona "blanda" a la que Brené Brown denomina vulnerabilidad, en realidad un territorio imprescindible de transitar si queremos que emerja lo nuevo en nosotros y en el mundo.

Los pre-requisitos de la vulnerabilidad son: el abandono de la "máscara" para encarnar la "desnudez"; la coherencia entre el pensar-sentir-decir-hacer (honestidad); terminar con la adicción al control-control-control (que además es una falacia); flexibilizar hábitos y creencias; espantar prejuicios y... la gloriosa y radical aceptación de quienes somos ¡tan imperfectos como sagrados! ¡tan distintos y humanos!

Nos resistimos a los cambios porque tememos nuestra propia vulnerabilidad, fragilidad ¿emocionalidad? Tememos la incertidumbre, lo desconocido ¡lo nuevo! tan necesario para que nuestro mundo gire cada amanecer un poco más armónico.


La vulnerabilidad es un pre-requisito para relacionarnos con personas,
auténticas personas,
que puedan soportar el peso de nuestra historia. 


miércoles, 13 de agosto de 2014

La goma elástica del tiempo


Rápido, rápido, rápido. Todo acontece a velocidad ultrasónica -o así me lo parece- por eso otorgo importancia calibrada a la lentitud, la contemplación y la espera. 

Hace muchos años que Milan Kundera me puso en la pista con su Elogio de la Lentitud, título que -a diferencia de La insoportable levedad del ser- ha pasado sin pena ni gloria en la historia de la literatura contemporánea. Ahora me acuerdo del checo y espero descubrir en los próximo párrafos porqué.




Apenas percibo alguna sensación de cierta exquisitez me propongo mentalmente atraparla por escrito tan pronto tenga al alcance el teclado de un ordenador. Pero una y otra vez no resulta posible, porque la cinta sin fin de las horas y los días corre en cada ocasión más rápido como si se tratase de un film de animación. Les pondré un ejemplo: He pasado unos días en Los Pirineos Franceses donde se han producido momentos mágicos -como el de la fotografía superior- en los numerosos lagos que hay en la subida al Hautacam (más de 1.500 metros de altitud). Pensé en escribir sobre un buen puñado de emociones tan pronto llegase a la habitación de la casa rural en la que me hospedaba. Imaginé que -al ir cazándolas al vuelo y registrándolas en imaginarios post it- me resultaría fácil volcarlas por la noche en unas líneas. Pero una y otra vez me vencía el cansancio, la supervisión de las rutas de la jornada siguiente, comprobar si las mochilas contenían agua, chubasquero, dátiles... en fin... a las 23 horas, plof, dormida, exhausta bajo el edredón. Y así hasta el último día. Después -ya en San Sebastián- las sensaciones de cierta calidad han seguido acumulandose en post it mentales en espera de ser registradas ya que tengo la teoría de que las experiencias que vivimos se redondean y completan al escribirlas adquiriendo de ese modo un sentido pleno. ¡Quizá sea una de mis excentricidades! o tal vez el poso de algunas lecturas en esa dirección, o la influencia de los talleres de escritura...




El caso es que hoy (que ya he perdido el aroma del Hautacam) me he propuesto escribir a pesar de los quehaceres domésticos y a pesar de que me ronda el plof plof del edredón. Hablaba de la lentitud, la contemplación y la espera, cuestiones peliagudas para un personaje hiper-activo como yo que he tenido la oportunidad de practicar.


He vivido una espera de hora y media en la terraza norte para dar la bienvenida a mi hija que venía de Francia y pasaba por casa (San Sebastián) camino de sus mini-vacaciones por la península Ibérica. Claro que ha llamado para avisar de los atascos de la frontera, desde luego que ha vuelto a llamar para confirmar que estaba en una gasolinera española repostando ¡mucho más barato que en Francia, mamá! pero se me ha hecho largo -casi eterno- y me ha dado tiempo a recordar las esperas de mi propia madre en el balcón de la casa familiar... ¡al menos yo tenía el mar! 

La espera me ha permitido transitar por diversas fases internas (inner game): un poco de frustración, un gramo de aburrimiento, ganas de coger un libro, tentación de coser botones y de recoger algunas flores secas de los arbustos... Pero finalmente se ha instalado en mi cierta dulzura que sonaba a "cuando llegue estará bien, Azucena, ¡relájate y disfruta del momento!" Ta chan... Kundera... Elogio de la lentitud. Así que me he dedicado a la contemplación del paisaje, el cielo, el oleaje y el vuelo de las gaviotas. Por fin se ha aposentado en mi un algodonoso silencio y ha sido agradable. Muy agradable. Y lo demás ha sido coser y cantar y reír y hablar y agradecer que me haya regalado lo que más ilusión me hacía: unas fantásticas gafas y tubo de bucear. A esto -exactamente- le llamo exquisitez: en mitad de la vorágine de su gira (ha participado como solista en seis conciertos diferentes en el Festival de Música Antigua de Saint Savin (Francia), en mitad de los viajes, las maletas, las comidas fuera de casa, los mediodías de ensayo y el cansancio, ella se ha acordado de mis artilugios para bucear y de mi ilusión por ver peces en el Cantábrico. Por un rato el tiempo ha aflojado su látigo y la cinta sin fin de las horas y los días se ha ralentizado... Tres horas más tarde ha sido hermoso volver a la terraza norte para despedirle agradecida por ese momento de plenitud en las pequeñas-grandes cosas.  



Foto tomada el 10 de agosto 2014
en el  Lac D`Estaing (Pirineo francés).


lunes, 11 de agosto de 2014

Donde no hay belleza ¡no hay conciencia!


Mi amiga Itziar (pintora de Bilbao) marcó a fuego en mí el concepto de "vivir a la escucha", frase diminuta que repite como un mantra y resume con precisión su filosofía existencial. A la escucha de la intuición, del alma y de las señales mundanas que acaso nos orientan (si se lo permitimos) en la certeza de que "todo habla". Primera marca en el camino. Años ochenta.

Diez años después conocí al gurú francés del coaching ejecutivo Alain Cardon de quien aprendí mucho por lo que transmitía en sus formaciones, por el estudio de sus libros, y -sobre todo- por lo que mostraba con su comportamiento, actitudes y decisiones profesionales. Algo sobre lo que he reflexionado mucho es la importancia que Alain otorga a "los espacios" como un factor estratégico vinculado a los resultados. Segunda "marca en el camino".

En la última formación que he impartido en 2014 en Zaragoza a directivos de diversos sectores (con equipos a su cargo) he encontrado cierta resistencia a vincular los espacios productivos con el rendimiento de las personas o -lo que es lo mismo- a establecer una relación de causa efecto entre la calidad de los espacios y los niveles de bienestar que se muestran en el clima laboral, la comunicación interpersonal y ¡los resultados! 

Los directivos estaban escindidos entre la aceptación y el rechazo de la hipótesis hasta que algunos de ellos trajeron al aula y proyectaron ejemplos de empresas donde el espacio se integra en la pura estrategia (Google, CBRE España, Leroy Merlin...) y -tras un jugoso debate- hubo consenso sobre la influencia cierta del espacio en el vivir y trabajar. Tercera "marca en el camino".

A comienzos del siglo XXI -y en el transcurso de un cóctel- el compositor guipuzcoano Gabriel Loidi puso la cuarta "marca en el camino" al afirmar que "donde no hay belleza no hay conciencia", otro concepto sobre el que también me gusta reflexionar. Finalmente y por ahora, anoche encontré una joya que comparto con ustedes:


"La belleza de mi ciudad 
me permite 
dialogar con el infinito delante del mar" 




La afirmación fluye del prestigioso arquitecto Renzo Piano aludiendo a la ciudad en la que creció -Génova- a la que ama tanto como yo San Sebastián (Pais Vasco) y cuyo estudio vemos en la fotografía superior.

Resulta apasionante profundizar en la trayectoria de este profesional de 77 años que se define como un "sensor del cambio" refiriéndose a las necesidades arquitectónicas de las ciudades y sus habitantes... 




Quinta (y última) "marca en el camino": escuchar el entorno y la belleza son dos palancas del cambio desde cualquier angular productivo: la música, la fontanería, la escritura, la repostería, la pintura, la albañilería o la arquitectura. 

Dice Renzo Piano: "... el arte y la belleza vividos cotidianamente pueden tener alcances muy positivos para la humanidad...". ¡Pongámonos manos a la obra!


lunes, 4 de agosto de 2014

El empeño de ser feliz a los 56


Llevo unos días ociosa. Tengo ganas de reír. Estoy leyendo mucha y buena literatura y concediéndome todos los caprichos a mi alcance. Lo advierto: en estas condiciones soy peligrosa o incongruente o incongruentemente peligrosa o acaso solo insustancial. Durante todo el año arrastro un mochilón de transcendencia, de responsabilidad y de  co-co-co (colaborar, cooperar, co-crear)... Pesa tanta densidad moral-intelectual-conceptual. ¡Mucho ruido y poca nuez!  Nuez moscada hoy en la comida que pretendía ser especial y ha resultado chapucera aunque regada con un Vega Vieja, crianza 2010 de la Ribera del Duero.

Apariencias. Casi nada es lo que parece. Vean la primera ilustración y pregúntense en qué contexto se puede imaginar semejante mural de unos... seis por cuatro metros. ¡Enorme! No se trata de un salón de belleza especializado en maquillaje ocular. Tampoco de una tienda de cosmética o sombreros. Ni es un establecimiento de moda, ni una estación  del metro neoyorkino, ni una obra contemporánea del Artium. No. Se trata de la pared central de la Kutxabank de la calle Matía (San Sebastián, Guipúzcoa) donde he acudido esta mañana a firmar un depósito con mi asesora personal, Vanessa. Aunque había cogido cita previa -como en el ambulatorio, je je- he tenido que esperar más de veinte minutos así que me ha dado tiempo a husmear los nombres de los despachos vip de la sucursal. Curioso descubrimiento: Haizea, Ekaitz, Egoitz... por supuesto que son nombres vascos, pero de "ultima generación" (nacieron a mediados de los ochenta). Lo que tiene de peculiar es que mientras los clientes superamos los cincuenta, nuestros interlocutores al otro lado de la mesa no alcanzan los treinta. ¡Así se entiende el diseño del mural!




Antes de visitar a Vanessa, Haizea, Ekaitz, Egoitz y sus secuaces ya habíamos celebrado en casa el contento del vivir, del pervivir a los 55 que ya quedan atrás para no volver, como las oscuras golondrinas. En nuestra familia tenemos la mania de los detalles que -por ínfimos que sean- colman nuestra existencia y nos empujan a lo que jocosamente nosotros llamamos el nirvana y más allá...  Un desayuno con King Hsuan Oolong Tea, mantequilla, mermelada casera de melocotón ¡que por fin he conseguido me quede sólida! un panecillo y un croissant.


La mañana se ha torcido un poco con la lectura de la prensa donde las obscenidades campan a sus anchas. 

Obscenidades sí ¡a ver de que otra manera se puede llamar a una noticia cuyo titular es "El sueldo de los directivos españoles se dispara"



Mientras parte de la población española (y nos solo española) se desangra viendo peligrar su salario, su casa, su poder adquisitivo, la educación de sus hijos y hasta el arreglo de la suela de los zapatos... otras personas ganan (de media) 117 millones de euros en el primer semestre del 2014. Repetiré para mi madre que a veces me lee "... cuando Google está de buen humor..." (según dice ella): Algunos consejeros de empresas españolas cotizadas han ganado entre enero y junio de 2014 una media de 117 millones de euros (cada uno). Pura obscenidad. Yo al menos así lo siento.

Pero... terca como soy... he persistido en el empeño de ser feliz ¡como una lombriz-perdiz o lo que ustedes quieran! paseando por mi ciudad de siempre que sin embargo es otra al contemplarla sin la agenda opresora. 

Con estos ojos nuevos les presento mi ciudad desde la balconada por la que -cuando estoy en San Sebastián- paseo al ir y venir de casa al despacho y viceversa. Reconozco que es un lujo del que quiero más. Así que les dejo ahora porque me llaman los peces del Cantábrico y a las 17.00 horas la marea estará completamente baja ¡momento óptimo para bucear!