domingo, 17 de febrero de 2019

Intersección entre sueño y realidad



Los humanos podemos rozar el firmamento si nos estiramos de puntillas. Pero hay que estar atento, y no otorgar autoridad a quien te diga que no es posible alcanzar un sueño, porque si lo haces pasas a engrosar la tribu de los realistas y te olvidas de lo que podría dar sentido a tu vida. 

"Siempre he animado a las personas a no ser realistas", afirma el prestigioso Nicholas Negroponte, creador del Media Lab del MIT donde se concentran los cerebros más creativos del mundo, un espacio "en el que poder estar loco" y donde conectan inventores e inversores que empujan el futuro del planeta.




Sería hermoso que la empresa fuera capaz de trascender el realismo para descubrir el punto de intersección entre la grandeza de un sueño y la concreción de un objetivo. Como en la cocina, la clave está en el punto exacto de sal y pimienta. ¿Cuánto de realismo? ¿Cuánto de sueño?

Durante el curso Construir Equipos para Transformar Organizaciones (*) he confrontado a los profesionales que asisten al debate sobre el diseño de "objetivos históricos" versus "objetivos predictivos", un concepto diseñado por Stephen Covey.

Los objetivos histórico apalancan en los resultados obtenidos en el pasado a los que suman un porcentaje incremental, por ejemplo un aumento del 5% de facturación. Los objetivos predictivos apalancan sobre el futuro y su potencial alcanzable si nos ponemos de puntillas. 

Uno de los Ceos enseguida alzó la mano para matizar que sólo es posible plantearse objetivos predictivos cuando la empresa está consolidada. Su lógica dio pie a un hermoso debate-aprendizaje y me hizo recordar el enfoque sistémico de las organizaciones según el cual en las empresas laten dos pulsiones: la supervivencia y el crecimiento. En síntesis: objetivos históricos hasta que se logra la consolidación del negocio y objetivos predictivos para su crecimiento y expansión.



Artículo relacionado pinchando aquí. Otro artículo vinculado.
(*) Abierta la matrícula para la decimoséptima edición. Comienzo en Noviembre 2019. Info.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Factores Blandos que Revientan la Caja



Mientras algunas empresas se afanan por ser eficientes ancladas en el enfoque de la era industrial, otras -que ya han puesto en marcha procesos de eficiencia- miran al futuro. 

¿En qué consiste la mirada que busca ventajas frente a los competidores? En crear conexiones de confianza con los clientes, inversores, proveedores y social media.




Dado que en la empresa no existe lo que no se mide, hablar de confianza era irrelevante hasta que el profesor de la universidad de Harvard Michael Porter puso las conexiones en el centro del negocio en su libro Competitive Advantage.  Más tarde, un estudio de Accenture recogió cuatro millones de datos cuya principal conclusión es que en la empresa "las métricas en confianza afectan desmesuradamente al resultado final de la compañía" y "un 54% de las firmas sufren episodios de pérdida de confianza".

El informe de Accenture ofrece algunas pistas para los líderes miran al mañana: para generar confianza en nuestro entorno, hemos de confiar en nosotros mismos (principio de coherencia). Para generar confianza hemos de mostrar curiosidad-interés por los demás. Y -finalmente- la confianza está vinculada a la "interdependencia" cuyo pre-requisito es la colaboración que se manifiesta en compartir conocimiento y expertise. 


Artículo relacionado pinchando aquí.

domingo, 10 de febrero de 2019

Productividad ¿Cuestión de Confianza?



Quienes me conocen tienden a pensar que trabajo muchas horas por mi presencia en redes sociales, la variedad de proyectos que abordo, los desplazamientos para atender a clientes industriales y -en general- porque saben que vivo con pasión mi actividad. Las apariencias engañan.




Si bien es cierto que trabajo con intensidad, el registro de  mis jornadas revela que estoy por debajo de las 37 horas semanales que pauta la norma. La clave hay que buscarla en la disciplina que aplico al abordaje de las prioridades que establezco. De hecho, rara vez altero el orden de las prioridades si no hay una razón de peso: la urgencia de un cliente, un asunto familiar ineludible, o una enfermedad. Pero no es solo el respeto de las prioridades lo que salvaguarda mi ratio de eficiencia, tengo otros hábitos que comparto por si pudieran resultar de utilidad.

Mi horario es flexible en función de dos parámetros: mis propias necesidades y la demanda del cliente. En un porcentaje muy alto es posible conciliar ambos ¡solo hay que proponérselo! 

Las necesidades que aseguran mi bienestar son básicas: dormir ocho horas, comer en casa siempre que trabaje en San Sebastián, llevar el termo de mis hierbas y preservar tiempo para la práctica de alguna actividad física. Todo ello está pautado en mi agenda de manera que cuando se produce un encargo lo tengo en cuenta y lo defiendo con la misma firmeza que si se tratase de algo facturable. En una palabra: pongo mi bienestar en la ecuación, algo que resulta simple de entender y difícil de practicar para la mayoría de mis clientes. 

Dado que necesito liberar tiempo, me obligo a ser eficiente, es decir: a hacer (bien) lo que hay que hacer con el mínimo esfuerzo-desgaste-coste-tiempo... 


Poner en la ecuación nuestras necesidades parece un lujo, una frivolidad. Una vez más las apariencias engañan porque desde el bienestar físico, mental y emocional somos más productivos, concluye el último informe del Eustat que insiste en que el "presencismo" (pasar muchas horas en la fábrica o la oficina) no funciona e incluso puede resultar contraproducente en forma de accidentes laborales, absentismo y estrés (que afecta a un 60% de los profesionales españoles). ¿La solución?  Según el agencia europea: flexibilidad horaria para entrar y salir, opción de trabajar desde casa, poner una hora tope para abandonar las instalaciones, medir por objetivos y resultados... ¿Qué frena a las empresas para avanzar en esta dirección? La falta de confianza en sus trabajadores. La confianza es la clave de las relaciones laborales y un mediador afectivo relevante para la productividad empresarial.


Artículo relacionado pinchando aquí.
Artículo II relacionado pinchando aquí.

viernes, 8 de febrero de 2019

La sociedad de lo efímero


Aún descubro pliegues en la piel de mi pareja. No siempre, solo cuando mi receptividad -acaso mi vulnerabilidad- está afinada. El arpa suena en mi y resuena en él. Cuarenta y dos años después.

En la sociedad de lo efímero, profundizar en lo conocido resulta estimulante si concedes tiempo a paladear las emociones sin prisa ni expectativas. La pauta repetitiva de búsqueda y hallazgo de sutiles tesoros en los pliegues de la vida es una característica en mí. Parece persistencia, acaso constancia, pero solo es ¡magia!

En la sociedad de lo efímero en métodos de gestión -donde cada año parece quedar obsoleto el conocimiento precedente- me gusta profundizar en los clásicos cuya esencia reverbera una y otra vez con ilimitados ecos de sabiduría fertilizando a quien se concede tiempo para descubrir tesoros sin prisa ni expectativas.




Leo por décima segunda vez la parte teórica de las "reuniones delegadas" (eficaces) cuya aplicación en decenas de empresas de todos los sectores me ha dado fabulosos resultados. No es solo un método, sino un conjunto de matices que aplicados en su justa medida propician que los equipos mejoren resultados, mejoren en cooperación, tomen mejores decisiones en menos tiempo, y se sientan más satisfechos con su desempeño individual y colectivo. ¿Puede haber algo más apasionante que afinar en precisión para alcanzar una y otra vez estos resultados en las organizaciones que me contratan?

En la sociedad de lo efímero, orientan mi actividad laboral algunos mentores relevantes que han dedicado la vida entera a descubrir (o construir) un puñado de atajos que funcionan. Sin desestimar las nuevas tendencias, profundizar en lo conocido tiene enormes recompensas para mi.