lunes, 20 de agosto de 2018

Libros... ¡el mejor alucinógeno!



Otra vez sepultada de libros en el despacho de casa. Aunque estoy de vacaciones avanzo en la preparación de materiales que necesitaré a partir de septiembre. A media tarde oscilo entre la sensación de estar rodeada de tantos títulos cuyo repaso y síntesis me llevará muchas horas y el placer de haberlos leído con anterioridad dejando marcas en el camino de papel que con gusto transito. 



Siendo niña ya era gran lectora y cuando nos disponíamos a llenar el maletero del pequeño coche familiar mi padre siempre tenía la misma pregunta para mí: ¿es necesario que lleves todos estos libros y tebeos para dos semanas? Sí. La respuesta era siempre sí ¿cómo iba a dejar en tierra las aventuras de Los cinco junto al mar y otros títulos de Enid Blyton que me encantaban?

En 2018, el 57% de los españoles lee en verano a sus autores favoritos y muchos hacen caso a las recomendaciones de sus amigos, conocidos o mentores. Este verano he recomendado a mis directivos cinco títulos interesantes (y amenos) que reproduzco en este espacio por si pudieran resultar de interés: La empresa camaleón (Lid Editorial), Liderar para el bien común (Lid Editorial). Asegurar resultados en tiempos de incertidumbre (Paidós Empresa). Se más eficaz (Alienta Editorial) y Groups, teams and groupwork revisited (Ravenwood Press).

Si se anima a leerlos y le apetece comentar... ¡adelante! me gustará conocer su punto de vista, discrepancias y experiencias entorno a estos temas.


viernes, 17 de agosto de 2018

La nueva esclavitud



Hoy el café me ha sabido amargo. Fortuitamente he escuchado una conversación en la terraza en la que tomo café en verano. Se trata de un emblemático y prestigioso establecimiento de la ciudad.



A dos metros de mi mesa hablaban el jefe de cocina y otra persona. La conversación ha consistido en un cruce de monosílabos y ha durado menos de cinco minutos. El asunto era explorar la contratación de la persona para reforzar -de vez en cuando- el turno de cocina de los domingos por la tarde (horario de 15.00 a 23.00 horas). El salario neto ofrecido por jornada era de ochenta euros. Lo que se me ha hecho más duro ha sido que la persona tenía que estar pendiente de que le llamaran en algún momento de algún sábado por la tarde para trabajar al día siguiente...

También me ha parecido que el jefe de cocina estaba muy cansado y la otra persona muy desesperada. Aunque nunca pongo azúcar al café, hoy me ha sabido especialmente amargo.


miércoles, 15 de agosto de 2018

Mi encuentro con un pulpo



Decía la poetisa Gloria Fuertes que "... Los peces se juntan para morir y los hombres se juntan para matarse...". Pero hoy no se trataba de matar o morir sino de ¡otra cosa!

He llegado a casa con algas y salitre en el pelo después del buceo en el océano-mar. Con bajamar es delicioso bucear junto al puntal de rocas y -aunque es un poco peligrosa la bajada- varios de los habituales nos encontrábamos al mediodía sumergidos en el Cantábrico: todos hombres menos yo, todos con neopreno y fusil menos yo -vestida con mi modesto bañador rojo, tubo y gafas de aficionado-.

Desde el mirador los turistas trataban de capturar la belleza de la bahía. Afortunadamente no lo conseguían ya que por más que lo intentemos ¡es una utopía atrapar la belleza del planeta con artilugios digitales! 

Durante su paseo hacia el Peine del Viento, los turistas miran a los buceadores como a bichos raros sin saber que el cercano fondo marino está lleno de tesoros ciegos al ojo convencional pero visibles a la mirada atenta de un buceador.

Hoy había: muchas quisquillas en los pocillos que deja la pleamar, cangrejos que corren a esconderse de los humanos (sus razones tendrán), estrellas de mar, peces de todos los tamaños y colores y ¡un pulpo! que ante mi perpleja mirada ha danzado como un profesional del Bolshoi haciendo caso omiso a mi cercanía estática para no perder el espectáculo de su magia.


Algunos descubrimientos precisan de una segunda mirada


La belleza del planeta no puede capturarse en digital


Alrededor estaban los arponeros merodeando el manjar de un pulpo fresco para servir cocido con pimentón sobre una cama de patatas. Cuando he visto que algunos se acercaban, le he susurrado al pulpo: ¡escóndete, ya vendré otro día a saludarte! Creo que me ha entendido porque segundos después ha desaparecido bajo una roca cuya base estaba oscura como océano-mar del que habla en sus novelas Baricco.



sábado, 11 de agosto de 2018

¡Seguid alzando la voz!


Mi hija vive y trabaja en Londres y dado que tiene un buen currículum casi todas las semanas recibe propuestas laborales de algún cazatalentos. En nuestras conversaciones intercambiamos puntos de vista y -de vez en cuando- comparte algún email de respuesta tras haber rechazado alguna posición. 

El último terminaba con la frase: "...  Keep trying to get your current employer to go green, don’t give up!...". Le pregunté a qué se refería ese "green" y relató parte de la conversación en la que había mostrado su espíritu ecologísta: cero consumo de plástico y papel y cero uso de sprays contaminantes...




La economía circular -eje central de la cumbre organizada en Madrid el pasado 6 de julio de 2018 con presencia de Barak Obama- propone terminar con el modelo económico lineal: producir, consumir y tirar. Green, totalmente green, como el lema de la entidad organizadora Advanced Leadership Foundation (ALF) centrada en apoyar el desarrollo sostenible y fomentar la innovación. 

Aunque conseguir una entrada para el evento era un imposible, algunos amigos lo consiguieron, entre otros Cristina Garmendia, Beatriz Juez y Esther Torres con quien comí unos días después en el edificio de Iberdrola (Bilbao). Se mostró fascinada por el carisma del expresidente de Estados Unidos, su camaleónica capacidad de comunicar y de meterse al público en el bolsillo. De hecho, los observadores internacionales claman porque Obama figure en las antologías de la oratoria política de todos los tiempos ya que su brillantez se volvió a repetir en Sudáfrica (17 julio 2018) con un discurso en el que dirigiéndose a los jóvenes pidió que sigan alzando la voz. De la totalidad de su intervención rescato dos ideas:

"... La inteligencia artificial hará posible más servicios automatizados por lo que hemos de proteger la seguridad económica y la dignidad que va asociada al empleo, porque un trabajo no solo da dinero sino una posición en el mundo y un propósito..."

"... Nuestras escuelas han de enseñar pensamiento crítico para que nuestros jovenes sigan avanzando, construyendo y alzando la voz porque cada generación tiene la oportunidad de rehacer el mundo...".


martes, 7 de agosto de 2018

Paradojas de los amores intensos



Algunas tardes del verano no sofocan sentimientos que no son vainilla ni pistacho sino un churretoso cono de barquillo adherido a un corazón -ya viejo- que nunca ha sabido amar. 

Nunca he sabido amar a quienes me importan porque no he querido silenciar riesgos o decir medias verdades. Y ¡claro! esas manías tienen un precio en forma de erupción volcánica que alcanza el horizonte emocional.  

Después de dar un paseo en barco y de tomar algo en el náutico salimos a contemplar los peces desde la balconada cuando alguien (que prefiere permanecer el el anonimato) nos pidió posar para una fotografía y esta fue nuestra primera reacción.


                                       


La convivencia con adultos a quienes amas profundamente -y con quienes no vives el resto del año- comparte algunas exigencias con el mundo profesional donde también son necesarias: toneladas de paciencia, flexibilidad, resiliencia, imaginación y generosidad que no siempre estoy dispuesta (o puedo) dar a los demás, lo que me genera una amarga sensación de culpabilidad y me confronta con mis propios niveles de tolerancia y energía (limitada) y me obliga a elegir entre monte, compras, tenis, paseo en barco, ping pong, lectura, cocina, limpieza, natación...  Ni aún abandonando mi adicción a la lectura de ensayos y periódicos me alcanza el día para tanta actividad. 

Estos días -que cumplo sesenta- me acuerdo de mi amigo Chema quien afirma con sarcástica ironía que envejecer ¡es un deporte de riesgo! Pero... no solo en al ámbito profesional, sino también en cuestión de afectos...



jueves, 2 de agosto de 2018

A day without work panics me!



Varada tras el último naufragio. Acabo de iniciar mis vacaciones y me acuerdo de la novela escrita por Esther Tusquets que leí hace veinte años, cuando la editó Anagrama (1998). 

Me siento varada como una ballena que hubiera perdido su "sonar" o capacidad de emitir y escuchar sonidos que orientan en las profundidades marinas cuando la oscuridad hace imposible adivinar el horizonte.

Esta vez no se ha producido naufragio alguno, lo que no resta intensidad a mi desconcierto (casi malestar) al frenar mi actividad laboral tras siete meses de agenda imparable que me han hecho sentir como si hubiera cruzado a nado varios océanos.




Pasarlo mal tiene sus recompensas, por ejemplo: he descubierto algunas razones que me permiten entender mi desconcierto y poner rumbo a otros mares. En primer lugar, fui educada en una familia donde el trabajo imprimía carácter (según mi padre). En segundo lugar, he dedicado cuarenta años a oficios en los que he tenido el privilegio de disfrutar, aprender y crecer (además de pagar facturas). Por otro lado, mi actual profesión hace que me sienta útil, lo que alimenta mi ego. ¡Ay el ego! Y, por último, tener una agenda intensa me obliga a concentrar toda mi energía y atención "ahí fuera" (en el mundo) silenciando frustraciones o anhelos del alma que emergen cuando saco la cabeza a la superficie.

¡Vale! lo entiendo. El tercer día de vacaciones me siento mejor y soy capaz de escuchar el "sonar" del placer compartido con la familia en entornos bellos donde cada uno va encontrándose a sí mismo...




Finalmente hoy -leyendo la biografía de de George Lois- he descubierto un párrafo que me ha hecho sentir menos "bicho raro" ya que el famoso diseñador gráfico afirma"... A single day without work panics me..." (*) Puff... qué alivio.



(*) "Un día sin trabajar me hace sentir pánico",  George Lois.