lunes, 13 de octubre de 2014

La coquetería ¿pesa?


El caso es que tengo una madre. Como todo el mundo -creo-. Aunque la mía es peculiar: al filo de los ochenta (años) me da lecciones de coquetería. La cuestión es que pasará los próximos cuatro meses en Alicante porque allí "los huesillos duelen menos, hija". Pues vale ¡qué le vas a decir! y viaja sola más de ochocientos kilómetros para encontrarse con el sol reparador de la costa Mediterránea. Bueno... sola no, en compañía de Sophie, su yorkshire terrier jovenzuela y promíscua que es la mismísima representación de la pulsión vital de quien aún no tiene un pasado (ni las correspondientes cicatrices de guerra). En fin, que Shopie  aporta movimiento-alegría-chispa a la monotonía del vivir, acaso del sobrevivir. Pero esa es historia para otro post, hoy no toca.





Dado que no podré estrujar a mi madre en los próximos cuatro meses, he dedicado el fin de semana a despedirme de ella mientras entre las dos hacíamos maletas, cerrábamos la llave de paso, descongelábamos la nevera y otros menesteres menores que todos conocemos. Después de haber regado todas las plantas de la casa (unas treinta) -algunas situadas en altísimos alféizares- nos tomamos un café en tacita diminuta en el salón mientras contemplábamos el abultado equipaje que porta cada vez que se desplaza. En esta ocasión contamos "cinco bultos" -que dice ella- algunos de los cuales son maletones en los que presuntamente debiera entrar una vida entera, pero no. En el caso de mi madre no es así. Y aquí aparece la coquetería y algo más. Uno de los "bultos" -del tamaño de un equipaje de mano- está repleto de los lazos, la cunita, el champú, el cepillo y otros artilugios de Shofie. Otra de las maletas -de igual tamaño a la anterior- porta cremas de día, noche y entreplanta así como laca de uñas, de pelo y de muebles (es un decir), barras de labios a granel y varias cajas de crema de manos ¡imprescindible en la vida de mi madre desde que la recuerdo! 

Encima de una de las maletas reposa una carpetita con todas las indicaciones de su médico: operaciones, prótesis, medicación, contraindicaciones, analíticas... y dos pañuelitos comprados en Vapy (San Sebastián) de Nina Ricci que le acabo de regalar porque "no se puede viajar sin un pañuelito en perfectas condiciones, hija".




Tres jornadas después del día en el que por diversión mi madre viaja para cuatro meses a Alicante, mi hija viaja para un año a Tromsö, Noruega, por razones profesionales. He tenido ocasión de ver el equipaje de ambas. El de mi madre es muuucho más abultado ¡claro que mi hija no lleva perrito -se conforma con un diminuto peluche que le regaló su pareja-! y utiliza cero cosméticos. Cero.





Con o sin equipaje les echare de menos a los dos agradeciendo las enseñanzas de ambas: la coquetería extrema de mi octogenaria madre y la practicidad no menos extrema de mi valiente e intrépida hija. Somos un todo, una saga, una linea ancestral en perpetuum mobile.