miércoles, 8 de julio de 2015

El Punto Ciego del Liderazgo


La playa de mi barrio tiene un chiringuito en el que caben veinte mesas, ni una más ni una menos. Y aunque hay toldo, en todas ellas golpea el sol, cuando aparece, en paralelo a la rotación del astro rey.

Dado que soy una adicta al mar, paso buena parte del verano en el chiringuito adjudicado por el ayuntamiento de San Sebastián a un grupo de encantadores universitarios trilingües. Hoy, al final de la tarde, me he acercado al mostrador y ya tenía el café servido justo en el punto de agua y leche que me gusta ¡y muy caliente! y  he podido elegir mesa porque la playa estaba vacía. 

Cuando el todopoderoso punto amarillo no se muestra en la vertical del cielo la playa queda desierta de humanos y llena del encanto para media docena de vecinos del barrio que sabemos de nuestras manías y preferencias desde hace años.



He observado algunas paradojas: aunque no había sol la temperatura era agradable; la brisa estaba deliciosa pero no he visto ninguna cometa; los socorristas aparecían en sus puestos pero en el Cantábrico no flotaba bañista alguno y, finalmente, el chiringuito de la playa y sus veinte mesas estaban todas disponibles para mi lectura batida de espuma y oleaje.

Además de leer me dedico ¡a descubrir puntos! me fascina establecer conexiones improbables entre lo que leo, pienso, siento, me ocurre, me cuentan, escucho y aprendo.

Primer punto de la tarde: excelente pero no suficiente, el último concepto escuchado a Edward de Bono hace una semana en Bilbao. Excelente pero no suficiente, en inglés EBNA. He unido esta nomenclatura al trabajo que realizo con algunos profesionales talentosos de la industria vasca: son excelentes pero... a ratos parecen no ser suficiente para sus organizaciones y entonces aparece el segundo punto de la tarde: el punto ciego del liderazgo del que hablan Otto Scharmer y Peter Senge. Las sinapsis neuronales se precipitan al ritmo de la marea ¡que está bajando y me llama con fuerza para que vaya a remojar los piececillos!




El trabajo con el punto ciego del liderazgo es muy interesante y presenta una cascada de desafíos que sólo los profesionales más intrépidos se plantean porque pasa por preguntarse ¿quién soy (identidad) al hacer esto o lo otro al frente de mi departamento de creación de patentes, prototipos, fusiones, internacionalizaciones, compras, aprovisionamiento o lo que fuera?


En mi actividad profesional
¿Quién soy?


El trabajo con el punto ciego del liderazgo también exige del profesional la capacidad de sostenerse a sí mismo en cualquier contexto por más tóxico u hostil que sea. Sostener el cuerpo, la mente, las emociones y ¡el alma! (o sentido último de cuanto hacemos).


¿Qué sentido tiene mi trabajo?
¿Para qué lo hago?
¿Con qué valores personales conecta?




La camarera que estudia pediatría recoge mi taza y me pregunta si el café estaba rico. Le digo que riquísimo y quiere saber qué leo... Uf... le digo... otro día te enseño... y recojo los bártulos porque se me hace tarde, como al conejo de Alicia en el País de las Maravillas que no es otro sino este (nuestro planeta) con sus playas vacías cuando no está el punto amarillo en la vertical del cielo.