domingo, 14 de diciembre de 2008

Feliz, como una lombriz

Anoche llegué a casa feliz como una lombriz. Eran las 21,30 de un sábado cualquiera del mes de diciembre: había estado toda la tarde trabajando con clientes que provienen de Logroño, Bilbao, Vitoria... Personas para quienes el Coaching que realizamos merece conducir bajo la lluvia e invertir tiempo, dinero y esfuerzo. Les recompenso con un abrazo a la llegada, una sonrisa cordial, auténtica (realmente me alegra verles) y una infusión exótica de la cajita romántica que traje de Tübingen, Alemania.

Algunos de mis mejores amigos se escandalizan porque trabajo los sábados y, aunque les explico que el tiempo es algo relativo para mi, no acaban de aceptarlo. Que si soy adicta al trabajo, que si no sé divertirme, que si soy ambiciosa... Palos de ciego, de verdad, que me entristecen.

Yo soy muy feliz con mi trabajo. También realizo otras actividades como escribir, leer, pasear, andar en bicicleta, subir-bajar montes, ir al gimnasio, nadar, hacer piragüismo, viajar, planchar, limpiar, ir de shopping, al cine, charlar.

Feliz como una lombriz que no se atiene al calendario. Me explico: un lunes cualquiera puedo tomarme toda la mañana para ir a la piscina, paladear un riquísimo café negro hecho por Manoli (en el Niza, frente a la bahía de la Concha) y comprarme un par de medias en la tienda más coqueta del Boulevard. Un miércoles cualquiera puedo viajar a Bilbao y dedicar la mañana entera a visitar la exposición de Sorolla en el Museo de Bellas Artes, comer en el restaurante Mao (zona no fumadores) y, por la tarde, trabajar con dos equipos de empresa. Un sábado cualquiera, por la tarde, puedo trabajar intensamente en mi despacho ¿Cuál es el problema?

A ratos me siento señalada con el dedo. Es una sensación incómoda de oveja negra en rebaño blanco. Me pregunto si el tiempo no es una convención, un acuerdo, un pacto social para ordenar la actividad colectiva. Ocurre que yo soy autónoma: decido mis horarios, mis inversiones, mis tareas, mis segmentos de clientes, mis jornadas, mis vacaciones, mis servicios, mis tarifas... Entiendo que es diferente, muy diferente, al enfoque del trabajador por cuenta ajena. Lo sé porque dediqué casi 20 años de mi vida laboral a RTVE y conocía al dedillo el convenio: mis derechos, mis obligaciones, los días libres que me correspondían, los pluses, todo.

Verán, aquel trabajo estuvo bien, muy bien y -en su momento- culminó mi sueño.Ocurre que ahora tengo otro: ser emprendedora (aún me da un poco de yuyu decir empresaria) de mis fantasías, de mis realidades, de mis talentos...Con mi DAFO(Debilidades/Amenazas/Fortalezas/Oportunidades) acuestas quiero alzar el vuelo a mi manera.

Quienes señalan con el dedo y penalizan la diferencia parecen sentir su vida laboral como una pesada mochila. No es mi caso. Adoro mi trabajo actual, auténtico lovework, como en su día adoré el de periodista-escritora. Lo disfruto y para mi no hay línea divisoria entre el producir y el disfrutar, entre el dar y el recibir, entre lo remunerado y lo no remunerado... Es un fluir, un vaivén, un intercambio de la vida que va mostrando sus colores a ratitos y en el que el único regulador acaso sea la energía de la que dispongo en cada momento para mis actividades.

Mi trabajo actual es una pasión en la que vuelco. Siento que todo lo que aprendo, leo, lo que me enseñan, lo que descubro, lo que viajo, lo que enseño, río y padezco, todo, adquiere un sentido-utilidad de puzzle perfecto para la actividad que realizo con personas múltiples, múltiples experiencias-desafíos. De hecho, acaso una vida entera no alcance para llegar a ser un buen Coach, un buen entrenador, una palanca sobre la que los humanos se propulsen, cojan carrerilla, y alcancen la mejor versión de sí mismos.

Así que soy feliz, como una lombriz -me gusta este pareado- a la vez que consciente de que se paga un precio por desafiar las convenciones. Personalmente no se me alcanza otra manera de ser yo misma sino la que ejerzo: vivir con intensidad mi pasión creativa en múltiples facetas y dedicar mi vida a ello hasta que salte otro sueño y decida seguirlo de nuevo hasta su culminación.

Que mis amigos no se preocupen por mi. Me defiendo sola del hastío, de la mediocridad, de la inercia, del consumismo, de la frivolidad, del conformismo. Y tienen razón, siempre aspiro a más: más conocimiento, más herramientas para atrapar la felicidad, más trucos ante la desgracia, más quiebros que despisten a la enfermedad y la muerte. Sí, mis amigos están en lo cierto, soy ambiciosa: nunca dejo de buscar. Feliz, como una lombriz.

4 comentarios:

Claudine dijo...

"Encuentra un trabajo que te guste, y no volverás a trabajar ni un sólo día de tu vida."

Confucio

Azucena Vega. dijo...

Gracias por estar ahí Claudine: me estimula a escribir. Y por la calidad de tus comentarios.

P.R. dijo...

Lo más importante en la vida es ser feliz, aunque es difícil creer que alguien pueda serlo al planchar.

evelyn.piedra dijo...

Me encanta tu mantra -feliz como una lombriz-, coincidentemente es la frase que en muchas ocasiones comparto con las personas que me rodean.

Quiero felicitarte, las entradas de tu blog son muy interesantes.
Saludos,
Evelyn