viernes, 9 de mayo de 2014

Los líderes... ¿son humanos?


Conocí a Frank Gehry en 1997 cuando yo era periodista y el prestigioso arquitecto canadiense protagonizó una de las más divertidas ruedas de prensa de la historia del periodismo vasco, con motivo de la inauguración del Museo Guggenheim Bilbao. 

El Premio Príncipe de Asturias de las Artes ya era un líder carismático que podía permitirse ser también humano ante una treintena de cámaras, fotógrafos y plumillas que hacíamos preguntas osadas a las que Gehry respondía (entre sonoras carcajadas) mientras se movía por la estancia -sin dar reposo a los reporteros gráficos- y sentándose con frecuencia sobre la mesa donde los representantes institucionales mantenían hierática compostura. 

Talentoso, seguro de sí mismo y rico, Frank Ghery rompió los esquemas de los anfitriones políticos por la escasa ortodoxia en su manera de vestir (un desgarbado pantalón de pana marrón y unos informales zapatos Camper) unido a su trato risueño, cercano, casi irreverente.

Hasta conocerle yo sabía poco de su trabajo y fascinante trayectoria profesional. Después le he seguido en la distancia admirando la salvaje libertad con la que se mueve por el planeta y la fiereza con la que defiende a sus 85 años ¡que sigue activo! lo que para Gehry es como decir ¡que sigue vivo! Me cautivó entonces y lo hace ahora porque es un ejemplo inspirador de líder con perfil humano. 




Viene esta historia a colación de que recibo en el despacho frecuentes llamadas en las que profesionales liberales, jóvenes emprendedores, socios de micro-empresas y desempleados, me preguntan si trabajo con personas "normales". Siempre me sorprende esta cuestión que no se de dónde sale... En todos los casos comparto que acompaño todo tipo de proyectos personales o grupales en los que exista un gramo de entusiasmo.  Para trabajar conmigo no hay más barrera de entrada que convencerme del genuino interés, del anhelo radical de búsqueda y hallazgo de un objetivo con sentido. Con sentido para la persona o el equipo al que entreno durante un tiempo...

Por un lado, los líderes son humanos y por el otro, querámoslo o no todos somos líderes de nuestra propia vida. Finalmente es difícil que no encuentre apasionante algo que se me transmita con pasión: expandir un negocio, poner en marcha un servicio cultural, mejorar la relación de dos socios, sanear el clima laboral de una institución municipal, motivar a los directores de centros de formación profesional de la CAV o re-inventar la carrera de una ex-directiva de Tecnalia en voraz  pulsión solidaria...



Foto Jon Oyanguren. Zarautz.

Ayer trabajé con Xabier, un líder poderoso a quien entreno desde hace cuatro años renovando los objetivos que vamos logrando. Como la mayoría de las personas, Xabier tiene sus momentos. Anoche estaba un poco ¡plof! y -como hemos construido una bonita confianza- le pregunté si quería compartir lo que le apenaba. Entonces me habló de Emilia, afectada por Alzheimer en estado avanzado. 

Cuando termina su jornada Xabier visita a Emilia y la mujer le pregunta casi siempre: ¿quién eres?, algo que resulta descorazonador. Xabier y yo dedicamos quince minutos a aceptar lo que no puede ser cambiado (la enfermedad) y a mejorar lo que sí puede serlo: la actitud con la que aborda la decadencia de su madre y la posibilidad de poner un poco humor en la dolorosa situación.

Dado que a Emilia le gustaba mucho bailar -le dije- cuando te pregunte quién eres ¿ por qué no le dices que el instructor de baile? Después de reírnos en cómplice ternura, nos bebimos la tacita de te verde y abordamos el proyecto laboral que le ocupa. Xabier se fue más tranquilo y cuando ya salía del despacho sentí de nuevo la certeza de que los líderes ¡son humanos!