martes, 1 de septiembre de 2009

Huella

Tensar la cuerda del pensamiento hasta el país de la incomodidad. Provocar que los cuerpos se inquieten en las poltronas mientras las conciencias reconocen verdades inoportunas que, finalmente, esconden bajo la aterciopelada alfombra de lo convencional. Llevarse un sabor agridulce y contradictorio y un puñado de ideas revolucionarias en los bolsillos... Hablo del botín que regala Koldo Saratxaga en cada una de sus intervenciones, charlas, cursos y seminarios.


Estuve con él hace un par de días. El pretexto era noble: la vigésimo octava edición de los cursos de verano de la Universidad del País Vasco. El contexto era noble: el Palacio de Miramar, y la jornada se cargó (aún más si cabe) de intensidad al conocer que en un salón contiguo al nuestro se celebraba un consejo de gobierno lo que permitía en parte entender que hubiera un ertzaina (policía autónomo) por metro cuadrado y que nos revisasen los bolsos cada diez minutos. Incómodo, como el discurso de Koldo: se lo comenté en persona durante el ratito que compartimos en solitario en el patio exterior, bajo una lluvia típica de nuestra tierra, el txirimiri, en otros lugares llamado calabobos. Perdonen la falta de modestia, pero ninguno de los dos lo somos así que portábamos estupendos paraguas veraniegos que protegían de las miradas indiscretas.


Tiendo a pensar que -en alguna media- a Koldo le gusta la provocación (o al menos eso parece) por el titular que se permitió compartir con Cristina, la periodista del Diario Vasco: "... Las empresas caerán como moscas porque tienen un modelo caduco..." Saratxaga es conocido por su gestión al frente de Irizar, una empresa del grupo Mondragón, si bien él insiste una y otra vez en que lleva cuatro años "liberado" y trabajando desde K2Kemocionando. Es un hombre enjuto, de semblante austero, que tan pronto habla de las estructuras jerárquicas de las empresas basadas en el modelo militar de 1913 como de sus nietas o de su huerta (un terruño de unos noventa metros cuadrados) que cultiva con primor y da mucho de sí ofreciéndole no sólo tomates y momentos de reláx, sino metáforas sobre la necesidad de sembrar y esperar, cuidar y esperar, podar y esperar, abonar y esperar porque las cosechas (como los cambios empresariales) no se producen de la noche a la mañana y porque si hoy nos comemos los "brotes verdes" nos quedamos sin la pera o la ciruela del mañana ...


Es un profesional que despierta grandes fobias y filias tras la lectura de sus libros o intervenciones públicas. En mi opinión (le sigo de cerca desde hace unos meses) está virando internamente del mundo productivo-empresarial al sociológico-ideológico-político aunque lo niegue y le disguste la hipótesis como pude comprobar al comentárselo"... No no que va... estoy más que nunca en las empresas..." Vale, Koldo, es lo que cuadra con tu actual posicionamiento profesional-vocacional y sin embargo -perdona mi osadía en el diagnostico- tu alma de líder visionario va un paso por delante. Recuerdo algo que dijiste: pertenecemos al 0´2 % de la humanidad que mejor vive del mundo y si tú estuvieras en África harías una revolución...


En otro momento me preguntaste: ¿sabes cuál es el puente entre la persona y la creatividad? Caminamos juntos unos metros en silencio, caía txirimiri, el staff universitario te reclamaba, nos dirigimos a la sala central donde impartías tus ponencias... me miraste con cara de interrogación... y justo cuando te dirigías al estrado me dijiste: La libertad. Me senté entre los alumnos de la Universidad del País Vasco, tomé apuntes, escuché atentamente, observé tu camisa y tu cara llenas de sudor, registré tu huella, sentí el fresco aire conceptual que aportas y sin pronunciar palabra te dije: ¡Gracias Koldo!

1 comentario:

Maorfi dijo...

Huella, eso es precisamente lo que deja Koldo en las personas que como yo han tenido el privilegio de conocerlo, por eso no me he podido resistir a unirme al "gracias Koldo" que le dedica Azucena Vega, gracias por enseñarnos a soñar y lo más importante a conseguir esos sueños