lunes, 22 de agosto de 2016

Brutalidad del mercado laboral



No estuve allí un tres de mayo del siglo XIX  -noche que ilustra los Fusilamientos  de Goya- pero estoy aquí un veinte de agosto del siglo XXI y los escalofríos de mi espalda se asemejan de una manera escandalosa. 

Aunque soy de un optimismo radical, a veces pierdo el ánimo ante la barbarie que acecha como un lobo en la estepa. Comparto la historia de un caso real.




La semana pasada inicié un proceso de trabajo con un directivo de 48 años, Licenciado en Ingeniería, con veinte años de experiencia en empresas industriales, una exitosa carrera al frente de equipos de innovación, bilingüe en francés e inglés, y con un máster (que costeó de su bolsillo) realizado hace cinco años en Inglaterra. Diríase que el directivo -al que llamaré Faustino- responde al perfil de un triunfador ¿no les parece? si no fuera porque acaban de despedirle de manera inesperada y fulminante. 

El hombre llegó al despacho en estado de sock al haber pasado de la noche a la mañana de ser un profesional en activo a desempleado sin entender lo ocurrido, y con la perplejidad-tristeza añadida de que el director de recursos humanos había esgrimido para su despido: "... haber amenazado a los miembros de su equipo (mobbing)..." argumentario injurioso que se está utilizando con frecuencia en variadas organizaciones para prescindir de profesionales, "justificar" un despido y contratar a posteriori a un profesional junior al que se pagará la mitad (*).

Junto al presunto mobbing también se está utilizando el peregrino argumento de "pérdida de confianza de la dirección". Observarán que en ambos casos se trata de abstracciones difíciles de comprobar sometidas a subjetividad y facilmente manipulables si se consiguen testigos falsos.

Faustino llegó al despacho perplejo sin entender porqué le habían "fusilado" y preguntándose qué hubiera podido hacer mejor. Dedicamos un par de horas en el análisis de la situación, practicamos la reflexividad, trazamos un minucioso plan de acción, pusimos el foco en el próximo objetivo y utilizamos todas las metodologías y herramientas a nuestro alcance incluido el uso de metáforas. Le pedí que pensase en imágenes... y el ingeniero retrocedío a su mundo mental, al entorno productivo del taller, y puso palabras a la sensación de que los directivos -e incluso los compañeros- le estaban tirando a la cabeza tuercas, martillos y cadenas con la intención de acabar con él. Le sugerí que profundizase en la metáfora, pero se sumergió en un silencio preocupante y -temiendo se viniera abajo- compartí con él un relato del Manual del Guerrero de la Luz en el que el protagonisa construye una "fortaleza interior" con los materiales que el mundo le ha ido arrojando con la intención de aniquilarle.




Le gustó mucho la idea y salió del despacho más animado portando simbólicas tuercas y martillos para construir su nueva "fortaleza interior" y fue uno de esos días en los que agradezco el potencial transformador de mi oficio y la sutil presencia de la inspiración en el aroma del despacho.


(*) En aplicación de la nueva normativa laboral es sencillo despedir a jóvenes con contrato indefinido durante el primer año sin apenas argumentar la decisión.