Mi asesor de banca personal siempre se ha mostrado enamorado de su trabajo, pero esta mañana me ha dicho que se quiere jubilar. Pablo es un profesional afable y optimista de apenas cincuenta años, así que el comentario me ha sorprendido. Como la cita siguiente se iba a demorar, hemos mantenido una breve conversación que conecta con un tema que me apasiona: el compromiso de los empleados con sus empresas.
Comenzó a trabajar tan pronto terminó la carrera y desde la atalaya de casi tres décadas en banca ha visto evolucionar el sector y transitado por diversas posiciones: ventanilla, gestor y director de sucursal. Tiene el pulso del negocio y la clientela.
Por una vez nuestra conversación no ha pivotado sobre inversiones o fiscalidad sino que se ha centrado en nosotros como seres humanos sometidos a erosiones del entorno. Iré al grano...
Pablo ama su trabajo pero cuestiona algunas ordenes que impone la central "porque sí" y le entristece su responsable regional ya que nunca reconoce logros y exige hasta límites inalcanzables. En una palabra: Pablo ha comenzado a sufrir y practica cierta desafección con la entidad.
Sabido es que la distancia emocional entre un profesional y su empresa impacta en merma del engagement que a su vez afecta a los resultados de negocio.
Cuando los profesionales pierden el compromiso (mediador afectivo) se resiente el propósito con el que acuden cada mañana a trabajar, algo se rompe en su interior y entonces buscan vías de escape. La jubilación es una de ellas...

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