lunes, 7 de septiembre de 2026

Un samurái en la lista Forbes


Forbes España -revista mensual de negocios- rastrea en busca de aquellos profesionales que merecen ser destacados en diversos sectores, desde la cultura a la economía pasando por sociedad, arte o deporte. 

En 2026 Joxe María Aizega, Director General del Basque Culinary Center, ha sido incluido en la lista que selecciona a cincuenta profesionales relevantes en su especialidad o campo de actuación. Quienes le conocemos nos alegramos. ¡Zorionak, Joxe Mari!



Aunque se vincula a Aizega al BCC, antes de su inauguración (2011) el directivo ya había transitado algunas cimas profesionales. Le conocí a través de Azti, Centro de Investigación Alimentaria, donde yo entrenaba a algunos profesionales del comité de dirección. Azti era patrono del BCC que entonces se mostraba como un proyecto incipiente en busca de un lugar en el mundo. Aizega estuvo desde el principio y en mi opinión la trayectoria imparable del Basque Culinary Center y su grandeza son el resultado del trabajo de un gran equipo, de numerosos patronos, del apoyo institucional y de la permanente búsqueda de la excelencia pero -sobre todo- del perfil visionario de Aizega y de su peculiar estilo de liderazgo. Entonces no existía GOe (Gastronomy Open Ecosystem) -en la imagen- que data del 2025.




Si mi vinculación al Director General del BCC se remonta a mi etapa en Azti, con posterioridad tuve el honor de impartir clases de comunicación, liderazgo y equipos en algunos de sus programas formativos. Los alumnos provenían de una docena de países y eran pura esponja al absorver conceptos y propuestas que más tarde llevarían a los fogones y los restaurantes más prestigiosos del sector. Por último trabajé directamente con todo el comité de dirección del BCC. Entonces lo viví como un gran honor y hoy lo recuerdo como un regalo inestimable.

Que Aizega esté entre los cincuenta profesionales más destacados por Forbes España 2026 me llena de alegría. Merece el reconocimiento por trayectoria, éxito, persistencia, visión y criterio, también por su sentido del humor -acaso ironía- y por una anécdota que se desarrolló en su oficina y recuerdo con ternura.

El despacho del directivo daba al cercano bosquecillo de Miramón (San Sebastián), él estaba de espaldas a la ventana pero yo frente a ella. Durante nuestra conversación pude observar la densa niebla que se cernía sobre los árboles como presagio del húmedo invierno donostiarra. Hablamos del proyecto que teníamos entre manos y en un momento de la conversación me preguntó -de manera seca y directa como hacemos los vascos- por qué había aceptado el encargo del BCC. 

Se produjo un silencio (que imagino le divirtió) mientras yo tanteaba mis neuronas en busca de una respuesta. Había varias razones pero finalmente respire, sonreí y le dije que había aceptado el encargo "... porque me fascinaba el edificio del BCC, sus amplios espacios y entorno natural, y porque como directivo me parecía un samurái...". Esbozó la pícara media sonrisa que le caracteriza, no digo nada y nos pusimos en marcha con el proyecto. Esta anécdota resume mi admiración por Aizega y me parece representativa del personaje: sobrio, analítico, profundo, astuto, contenido. Los grandes líderes sostienen una grandeza del mismo tamaño que su visión, criterio y resilencia.


FORBES ESPAÑA:

Artículo relacionado. El País. TL 2'

martes, 1 de septiembre de 2026

Las personas ¡el megatema!

 

Hoy he retomado las sesiones de trabajo con el Ceo de una empresa del sector metalúrgico. Tradicionalmente cierran la planta en agosto pero este año decidieron mantenerla abierta y productiva en dos turnos por lo que el directivo se incorporó al trabajo a mediados de agosto.

Aunque apenas lleva quince días en la fábrica casi ha olvidado sus vacaciones en Vietnam y muestra síntomas de estrés, según he comprendido durante los primeros segundos de nuestro encuentro.

A las nueve y media de la mañana ha subido de la planta a la zona de oficinas y casi sin mediar palabra se ha sentado al otro lado de la mesa de su despacho con el chaleco fosforescente, el casco y los zapatos de seguridad. ¡Estoy preocupado! ha musitado mientras se deshacía de las prendas. ¿Cuál era su desafío? El de (casi) todos los profesionales contemporáneos: entender, motivar, desarrollar y gestionar personas. ¡El megatema! 

Casi sin respirar se ha desahogado durante quince minutos -mucho tiempo para un ingeniero de carácter introvertido-, ha volcado la totalidad de los datos sobre la mesa como si fueran piezas de ajedrez y nos hemos puesto a jugar...




Los detalles (nombres, situaciones y equipos implicados) pertenecen al reino de la confidencialidad y son propiedad de la empresa, pero algunos tramos de la conversación son de interés general.

El Ceo y yo hemos viajado mentalmente a la Harvard Business School donde Theodore Levitt fue profesor y en cuya biblioteca -en la fotografía- escribió su extensa obra (cuatro libros y decenas de artículos) merecedora de un total de siete galardones. Dado que el directivo no conocía a Levitt me ha parecido pertinente comentar que era doctor en Economía por la Universidad de Ohio, que fue quien utilizó por primera vez el concepto "globalización" y que está considerado el padre del marketing estratégico moderno.

Voy al núcleo el megatema: ¡las personas! Theodore Levitt consideraba que los empleados pueden ser clasificados en tres categorías: los "trabajadores" que no están interesados en hacer carrera profesional sino en preservar su energía para su vida privada (hobbies); los "guerreros" que trabajan duro y se dejan la piel en la empresa como si fuera propia, y los que Levitt llama los "vagabundos" por su permanente rotación en busca de nuevas opciones profesionales que impulsen su carrera una y otra vez. ¿Vagabundos? ha repetido arqueando las cejas. He clarificado que el profesor se refería a quienes dedican tiempo y energía a mariposear en eventos internos y externos a la empresa con la mirada puesta exclusivamente en su carrera. En un ejercicio de desmesurada ambición saltan de un proyecto a otro sin hacer propio ninguno.

Se ha producido un silencio incómodo durante unos segundos tras los que ha dicho una palabrota y comentado: según la clasificación de Levitt, tengo la plantilla llena de "trabajadores" (quienes piensan en la hora de salida y en el Maratón de Chicago 2027); tengo algunos "vagabundos" -sobre todo en el comité de dirección, ha dicho preocupado-, y apenas cuento con "guerreros" dispuestos a poner lo mejor de sí mismos en la empresa. Entonces -le he comentado- hemos de revisar cómo se hacen las contrataciones, cómo se cuida-motiva-desarrolla a los profesionales y cómo se modula a quienes utilizan la empresa como trampolín para sus propios intereses. ¡Bingo! Otro día más.


Biografia de Theodore Levitt. TL 2'. Libro de interés: El pequeño libro de los grandes gurús del management, de James McGrath, un clásico breve y práctico.