domingo, 4 de octubre de 2026

Transferir Know How: ventajas y riesgos

 

Perro verde, viejo perro. Algunos profesionales de larga trayectoria juegan con dos barajas: la benévola inocencia que acompaña a todo ser humano por el mero hecho de serlo y la maliciosa -y con frecuencia- amarga experiencia. 

Fuimos diseñados con una baraja cuyos naipes originales tienden a la ayuda mutua -puro gen de supervivencia de la especie-, pero de eso hace mucho tiempo y en la actualidad solo perviven en nosotros trazos de la bondad original que todavía aguantan como una cepa antigua en el desierto.



En la empresa, el instinto primario de los humanos se inclina a enseñar a otros profesionales para desarrollar sus conocimientos, competencias y habilidades. En una palabra: para impulsar su carrera y -de paso- reforzar la estructura del negocio. Loable.

Por contra, la baraja de la experiencia alerta de los riesgos de una práctica tan inocente y bienintencionada como peligrosa. Poner en bandeja de plata los conocimientos adquiridos durante décadas, las cuestiones hard y soft del negocio y las claves de interpretación del ecosistema empresarial es una decisión que los profesionales sénior han de sopesar.

Se trata de un dilema ético que se debate en el fuero interno de los altos directivos y que -con frecuencia- traen a las sesiones de trabajo que compartimos: "... Azucena, el Consejo de Administración me pide que comparta con fulanit@ todos los secretos de oficio...". ¿Y? -les pregunto-. "... Temo que me fusilen tan pronto transfiera el core esencial de mi rol, los atajos con los proveedores, los trucos en la compra de materiales, las claves relacionales con el staff y el diferencial de nuestro producto...".

Los directivos sénior saben que cada centímetro de conocimiento compartido les sitúa un centímetro más cerca de la fosa de los empleados "prescindibles". Lo han visto en otras empresas y en ocasiones en su propia compañía. ¿Entonces? ¿Cómo resolver el dilema?

Carezco de una respuesta genérica satisfactoria: hay que analizar cada situación porque una cosa es que el staff traiga un alevín para sustituirte (aunque no te lo diga) y otra que tú decidas irte de la compañía y -al comunicarlo- te adjudiquen un sustituto. En el primer caso recomiendo prudencia-cautela-estrategia en defensa de los propios intereses (sin caer en deslealtad a la compañía). En el segundo caso el profesional controla el timing de su salida y está en condiciones de modular la transferencia de know how al ritmo de su calendario sin perjudicarse ni comprometer la supervivencia del negocio.


Artículo colateralmente relacionado con el contenido de este post. El País. TL 2'