sábado, 25 de julio de 2026

Abrazar la Diferencia

 

Elmer es un elefante distinto a los demás. También es la portada del cuento infantil de David McKee que compré en la Casa del Libro de Bilbao cuando mi hija era pequeña. Elmer ha cambiado de domicilio tantas veces como nos hemos trasladado y ahora se encuentra junto a mí en la campiña.

Forma parte de una caja junto con otros objetos rescatados de la infancia de mi hija que ya es adulta y quizá no recuerde cuánto le gustaba escuchar la historia de Elmer, el elefante risueño y juguetón distinto a los demás.




El ilustrador se inspiró en la obra del pintor Paul Klee para el diseño del protagonista y la historia es un alegato amable de la diversidad que refuerza la autoestima de aquellos que son (o se perciben) distintos a la mayoría. 

Esta mañana el volumen -en perfecto estado de conservación- ha saltado de la caja a mis manos cuando limpiaba las estanterías del cuarto de invitados. En un primer momento el arrebato del elefantito me ha sorprendido, pero con el transcurso de las horas he comprendido por qué lo ha hecho.

He salido a mi cafetería habitual y con ojos nuevos he mirado a los lugareños para descubrir una verdad antigua: mis usos y costumbres difieren de la mayoría. No bebo alcohol, no fumo, no llevo tacones, no me tiño las canas y siempre llevo un libro en la mochila. Ni mejor ni peor que los demás, diferente. Hasta donde me alcanza el recuerdo he sido consciente de mis "peculiaridades" y de no ser la niña más popular de mi clase. Siempre lo he vivido con naturalidad, pero ahora la escena se torna punzante  porque transito una etapa reflexiva y silenciosa (acaso frágil) que me desconcierta. 

Me despido de Elmer que me dice adiós con una amplia sonrisa y cuando cierro la caja de los recuerdos oigo que me susurra: ¡no te olvides de abrazar tus colores y de reír!


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