miércoles, 9 de octubre de 2013

Matar la Gallina ¿de los huevos de oro?


Cada día me incorporo más pronto a mi nave espacial...



Abordo mi navegador central (ordenador) 
y me asomo al mundo ¿mi mundo?

Sin abandonar mi agenda de papel (ella lo es todo en mi planificación laboral) ni mi bloc de anotaciones de las tareas que voy realizando pinzadas con un clip de colorines que compré en Holanda.

Comienzo por registrar la fecha, la hora, y después -en ordenado escalonamiento- las tareas que voy haciendo. Por ejemplo: 1.- Facturas 2.- Correo electrónico  3.- Blog, registro de visitas y comentarios 4.- Escribir a los alumnos del taller del curso de equipos 5.-  Redactar una propuesta para un cliente que me ha pedido una intervención en su empresa... El listado en papel es un "testigo" de la manera en que gestiono mi tiempo (eficacia o ineficacia) y me permite conocer a qué dedico mi jornada cuando no estoy entrenando a clientes.

Hoy he llegado al despacho en bicicleta lo que me ha permitido descubrir que ya no quedan yates atracados en la bahía, que a pesar de los 18 grados que marcan los termómetros algunos ciclistas llevan guantes de lana, y que las lucecitas de posición que compré en mi barrio la semana pasada para la bicicleta funcionan a la perfección. 



Por cierto, soy una forofa del comercio local porque de otro modo desaparecerá la vida de nuestros barrios y ciudades en pro del comercio on line y en las grandes superficies. Sin embargo, y en contra de mis creencias, voy a poner en cuarentena mi beligerante defensa del comercio local ante el pequeño escándalo de las luces de posición de mi bicicleta. Les cuento: la primera vez que compré dos luces (una roja para la parte posterior y otra blanca para la anterior) fue en Amsterdam en una época en la que mi hija vivía en Rotterdam y visitábamos con frecuencia la ciudad de los tulipanes. Me costaron 2,59 euros y las vendían hasta en los mercadillos callejeros. Esas luces de posición me han durado años hasta que sencillamente me las han robado. ¡Y no me extraña! porque al adquirirlas en la tienda de mi barrio (El Antiguo, en San Sebastián) me han costado 15 euros. Quince. Quince.Quince. 

Claro que han pasado tres años desde que adquirí los primeros ejemplares. Claro que no son exactamente las mismas (estas me parecen peores, la verdad) pero ??!!

He comentado la anécdota con mi socio -que es un adicto a las compras por Internet-. De inmediato ha consultado sus páginas y las ha encontrado por 3,25. Me ha enseñado el modelo: las mismas que adquirí en Amsterdam. Y te las envían a casa. Glub. He de revisar mi vehemente defensa del comercio local. Creo que a esto se le llama "matar la gallina de los huevos de oro". Lo siento por Iñaki, el gordito simpático que me vendió las luces, pero es que ...  es un un poco abusivo ¿no les parece?


1 comentario:

Socrates dijo...

Totalmente abusivo, sin duda.

El comercio local está genial, y estoy totalmente de acuerdo contigo en tu exposición sobre el tema. No obstante, como todo, a un precio justo. Si esas luces cuestan 3,25 € por internet, es lógico que en una tienda física (que tiene gastos de alquiler, electricidad, etc.) puedan costar hasta el doble (6 €) además pagas por la inmediatez de tenerlas ya. Yo pagaría hasta 6 €, el resto me parece abusivo. Así que comercio local sí, pero comercio justo también.