jueves, 1 de octubre de 2009

Dos socios y un puente

Viene de la entrada Dos socios y un abismo.
Mesa negra de sala de juntas sobre fondo blanco. Mesa negra, paredes blancas. Árboles en la terraza: un tejo, dos pinos, un ácer japonés, una camelia, dos ficus. Mi despacho. Son las 8.10 de una mañana del mes de julio de 2007. Preparadas las tazas de té, los folios de colores, dos tarros con bolígrafos, el dossier con la carpeta de los clientes, el papelógrafo y mis gafas pequeñitas con montura de pasta roja. Faltan cinco minutos para que lleguen. Son dos, ella supera la cincuentena, él no llega a los cuarenta. Son dos socios de una empresa del metal que ronda los cien trabajadores. Herederos al cincuenta por cien de un imperio al que han decidido sacarle chispas. Son dos, provienen de distintas familias, distintas formaciones, estilos, pulsiones y sin embargo han comprendido la necesidad, la conveniencia, de entenderse, apoyarse y trabajar juntos por el bien propio y de la empresa. Pura practicidad. Trabajan con un Coach durante un año. Construyen puentes sobre lo que otrora fue un abismo... veamos cómo.

Son las 8.14 y no llegan. A mi me da por recolocar las sillas, blancas, ultra modernas, ultra incómodas, de diseño. A mi me da por recordar algunos aprendizajes de mi último curso universitario sobre las dificultades inherentes a las empresas familiares carentes de protocolo, sobre la errónea estrategia de estar igualados al cincuenta por cien, empate técnico a la hora de tomar decisiones. Si/ No, No/ Si... cuan margarita. Bloqueo, salvo que hayan aprendido técnicas de negociación, herramientas de comunicación eficaz.


Ding dong... vienen de la fábrica. Sesión a sesión, cada quince días, durante un año, continúa el entrenamiento, la construcción de puentes. Si en los primeros encuentros se producían careos, miradas desafiantes, desplantes, reproches, chantaje silencioso, carraspeos, toses, amenazas, desaires, groserías, intentos de falta de respeto (que el Coach frenó radicalmente)... En las cuatro siguientes se fueron tomando el pulso y el Coach como testigo, como catalizador de cambios, propulsor de tareas específicas, palanca de encuentros a solas, entre ellos, en la empresa, facilitador de lecturas, emails, propuestas, preguntas, feedback... Hacia la octava sesión comenzaron a producirse cambios. Llegaban juntos en el mismo coche, y espontáneamente hablaban de temas concretos de su negocio, se servían el té el uno al otro, se disculpaban si no habían completado alguna tarea. Fisicamente se sentaban enfrente y se miraban, sostenidamente, aunque hubiera discrepancia de enfoque, de tema o de criterio. Había comenzado la construcción de puentes sobre el abismo... construcción no exenta dificultades, puente elevadizo a ratos, de quita o pon, provisional. Al medio año todavía no se habían instalado de manera permanente las "funciones" de confiar en el otro, de pedir permiso, del respeto a ultranza, de reconocer fortalezas, bonanzas del otro, de pedir ayuda, de escuchar empáticamente y de ofrecer feedback generoso... Aún había discontinuidad, corriente alterna, sobre lo que antaño fuera un abismo.

Nueve meses después del inicio del Coaching había un puente firme, estrechito, de cuerda y madera. Tres sesiones más tarde, el puente mutó al cemento: sólido, fiable, contínuo. Al año, julio de 2007, tuvimos dos socios y un puente de acero, como el de Brooklyn. No hubo atajos, no fue fácil ni cómodo: sudaron, tosieron, se revelaron, lloraron, dieron puñetacitos en la mesa, se levantaron de la silla, tiraron varias veces la toalla, volvieron a cogerla, el Coach sosteniendo el desaliento y ellos protagonistas absolutos, siempre. Ahora tenemos dos socios invencibles, como La Armada. No en vano su sector es el metal y ellos, ya lo dije en otra entrada ¡tienen en común más de lo que sospechan! La empresa va mejor, muchooooooooo mejor. La productividad y el clima de una organización depende en buena media de sus líderes. Y al final va a ser cierto que el noventa por ciento de todos los problemas empresariales son en alguna medida problemas de comunicación. Puentes. Tendamos puentes sobre todos los abismos imaginables. Final feliz en esta historia. The end.

martes, 29 de septiembre de 2009

Toy cansada

Toy cansada, rota. La trilogía de conferencias del mes de septiembre toca mañana a su fin. La agenda de la semana sigue siendo exigente y -ahora- además el plus de hablar ante 140 personas blindadas con masters, licenciaturas, idiomas intergalácticos y empresas varias. Listón alto, altísimo.

Toy agotada. Me pican los ojos del ordenador: hoy 34 emails enviados. Dos sesiones con empresarios, un coffee de cortesía con una directiva, cuatro viajes en bicicleta entre mi casa y el despacho. Nueve horas largas de jornada.


Son las 22.45. Aún me queda el último repaso de la ponencia en voz alta, medir el tiempo, medir el tono, calibrar las pausas, equilibrar la parte soft (emocional) con la hard (intelectual), las metáforas, las anécdotas... e imaginar a tantas miradas clavadas en mi blazer y en mi pelo. ¡Por cierto! me voy a permitir el lujo asiático de ir a la peluquería. No lo hago nunca. Mañana sí: es mi día. Antes mi sesión de estiramientos: treinta minutos en el salón de casa, mirando al mar que se ve desde el ventanal norte. Desayuno con té sencha, croissant a la plancha y un poco de queso brie. A las 17.00 horas entrevista para un diario local. A las 18.00 comienza la función. Después cocktail divinus catering (es la empresa que lo servirá) y mucho intercambio de tarjetas: networking en estado puro. Felicitaciones y quizá algún alma piadosa que te diga lo que piensa de verdad. Alguien se acercará -como ocurre siempre- para que le resuelvas el desafío de una vida en un minuto y con la copa de cava entre las manos. Llevo mi varita -varita mágica- por si alguno cree posible resolver a golpe de ocurrencia la complejidad que es el vivir y el hacer empresa. También llevo bellotas del monte Urgull recogidas este fin de semana. Preciosas. Ya saben lo que dice mi mentor Sir John Whitmore: "... las personas somos como las bellotas... tenemos en nosotros mismos todo el potencial para convertirnos en un poderoso roble..." Entre otras, esa será mañana mi aportación en la Cámara de Comercio de Guipúzcoa. (Ver foto en el álbum Picasa) ¡¡No saben a cuántas personas van inspirando las bellotas que recojo en los montes". Lenguaje metafórico, hemisferio derecho. Jugar, Crear, Servir, Aprender, Enseñar. E ir convirtiéndonos en la mejor versión de nosotros mismos: robles.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Prototipo triunfador

Sigo mi periplo de conferencias: tres en semanas sucesivas durante este mes de septiembre. Inusual interés suscitado entre el empresariado vasco y apoyo institucional: Colegio Vasco de Economistas, Cámaras de Comercio y Adegi, pesos pesados que concitan fobias y filias y centrifugan eventos en los que estoy y me animan a replantearme una y mil veces lo que deseo compartir en voz alta con los agentes productivos de nuestro paisito. Me gusta dar lo más, lo último, la esencia de mis aprendizajes, descubrimientos, pasiones, lecturas, cursos, experiencias y reflexiones de los últimos siete años dedicada al entrenamiento de profesionales de todos los sectores, de equipos de primera, segunda y tercera división, es decir: empresas-bonsái, pequeñas y medianas. Siete años, a jornada completa, decenas de directivos, de proyectos, de organizaciones cada una con identidad propia, construyendo trajes a medida, únicos, artesanales, puntada a puntada con primor.


Retomo apuntes, libros, consejos y estrategias de mi mentor, Sir John Whitmore, un hombre adorable para quien los Coaches hemos de tener el coraje de ser intermediarios del futuro ¡qué responsabilidad John! ¿Sabes? prefiero transformar tu idea en "los líderes han de tener el coraje de ser intermediarios del futuro" ¿qué te parece? Al fin y al cabo el Coaching es un estilo de liderazgo basado en la comunicación empática y eficaz que busca resultados tangibles porque en la empresa lo que no se mide no existe.

¡¡Qué bonito lo de intermediarios del futuro!! ¿no les parece? Desde el aquí y el ahora, el presente (en verdad lo único que tenemos) en la dirección del porvenir. Algunos de mis clientes se resisten a definir un objetivo. Otros me hacen trampas y quieren que vayamos a por tres o cuatro a la vez... Bueno... si todos están al norte... o todos al sur... ?? !! Al menos tendremos que priorizar, ordenar, escalonar, dosificar los esfuerzos, el tiempo, el espacio, la energía y las inversiones ¿no?

Estoy leyendo a Joaquin Lorente (Pensar, es gratis) donde explica que el prototipo del triunfador suele tener: una idea, bastante olfato y mucho coraje mientras que el perdedor suele tener: muchas ideas, bastante olfato y poco coraje. ¿Qué les parece? Cuestión de arrestos y de elegir. No le gustará nada a una de mis clientas favoritas cuyo nombre empieza por A.

Ella quiere comerse el mundo ¡ya! a gigantescos bocados. Bien pensado... ¿quién soy yo para cuestionarlo? Intermediarios del futuro: al menos está en singular... un futuro... je je.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Oleada de robos

Hay una oleada de robos. Deseo que mi mensaje incendiario se extienda por el mundo como una alerta urgente. Oleada de robos en todas partes, en cualquier lugar, país, clase social, entorno y actividad. Nada que ver con la crisis económica. Nada que ver con los inmigrantes que pierden sus empleos en la construcción. Hablo de otra cosa y hoy -fíjense- quisiera que prestasen atención. Me parece importante.



Hay una oleada de robos de sueños. Ayer impartí en mi despacho un taller para el aprendizaje del diseño de objetivos. Comencé tratando de hacer conectar a los participantes con un sueño personal y se repitió algo que aún no siendo nuevo para mí sigue resultandome doloroso: algunos de los alumnos confesaron no tener sueños. No me refiero a recordar los pasajes nocturnos de nuestra mente (inconsciente) sino a esos anhelos persistentes e inspiradores llamados sueños conscientes. Hasta tres veces, como en la fábula bíblica de Judas, pregunté a la misma persona: ¿Cuál es tu sueño? Y la persona, en este caso un hombre de mediana edad, bien formado intelectualmente, con una familia, una casa, control de varios idiomas y algunos amigos fieles repitió las tres veces: No lo sé, Azucena, no tengo un sueño. Me entristecí. Me entristecí mucho y sin decirlo me negué a aceptar la rotundidad de su respuesta, el vacío-desolación que evidenciaba.




Aunque carezco de base científica, estoy persuadida de que nacemos con uno o más sueños cosidos al forro de nuestra alma. Dando esta hipótesis por válida, si nacemos con uno o más sueños y en la treintena, cuarentena, cincuentena... ya no los tenemos parece obvio que:

Los hemos perdido
Los hemos regalado
Los hemos pospuesto o...
¡Nos los han robado!

Desde mi trabajo cotidiano con personas me inclino a pensar en la oleada de robos de sueños. Alguien está haciendo acopio de sueños ajenos para especular con ellos, para venderlos, para exportarlos, para traficar en el mercado negro de las ideas, para explotarlos, para denigrarlos o para fastidiar. Lo peor de todo sería que el robo no sirviese de nada salvo para fastidiar al propietario. ¡Qué sin sentido!



Yo defiendo mis sueños como si en ello me fuera la vida porque acaso sea eso exactamente lo que ocurre: que en cuanto te roban tu sueño dejas de vivir en plenitud, eres menos tú, pierde tono el arco iris y se desvanece el sentido de cada amanecer. No es algo banal, créanme. Las personas que carecen de sueños se consumen mansa y silenciosamente como una vela hasta que se apagan en forma de depresión, de ansiedad, de tristeza crónica, de apatía... o -en el mejor de los casos- viven muy por debajo de su máximo potencial, de la mejor versión de sí mismas. No es algo a lo que se pueda/deba renunciar sin luchar. No seré yo quien regale, pierda, olvide o posponga eternamente mis sueños. La vida está hecha de tiempo (es todo lo que tenemos) y acaso estemos aquí para aportar nuestra especial-única-genuina-divertida-próspera- nota musical a la orquesta planetaria. Así de hermoso. Así de trascendente lo vivo.


Quedan avisados: hay una oleada de robos de sueños. A usted le corresponde decidir qué hará con el suyo recordando que sueño acaso sea sinónimo de Vida (con mayúscula) y de felicidad posible. Me encantará conocer su particular método anti-robo.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mercenarios

De oruga a mariposa.
No quisiera ser pretenciosa... y no sé cómo expresarlo... en fin, ustedes son de confianza... allá va: me siento mariposa y preciso de la libertad en el vivir tanto o más que del oxígeno y la ingravidez (Milan Kundera) o de mis alas soñadoras, digo voladoras.

Hoy, un poderoso centro formativo de Castilla (España) que pone en marcha un curso de Coaching (y desea contratarme) ha querido recortar mis alas y me siento malherida. Por un momento he sentido que todo el peso del régimen feudal caía sobre mis clavículas: imposición-imposición-imposición a un ritmo marcial.


Les aseguro que he argumentado con templanza y aunque no peso tanto como un Buda tengo su paciencia. Con tiento he esgrimido razones pedagógicas, profesionales, teóricas, prácticas, intelectuales, emocionales, asertivas, controlando el tono, la postura y el gesto buscando afanosamente el win-win (ganar-ganar) que aprendí de Stephen Covey... Reino feudal, armadura de hierro y oxidada, insalvable foso, derecho de pernada. ¡¡Por favor!! Así se mata la ilusión, la creatividad, las ganas de contribuir más allá, mucho allá de lo acordado. Se daña el alma: alas heridas, ensangrentadas en lucha contra los barrotes de la cárcel-jaula feudal. No somos mercenarios. No convirtamos nuestras empresas/ departamentos/ proyectos en prisiones medievales porque matamos el talento...

"Así no, gracias". He salvaguardado mi dignidad y auto respeto desde lo que creo, desde lo que soy. Sin embargo, ¿saben? estoy maltrecha... La violencia engendra violencia. La intransigencia ruptura de las relaciones, acuerdos y proyectos. Es triste. Siempre me quedará la duda de si yo hubiera podido hacerlo mejor: mente, corazón, tono, postura, argumentos docentes, profesionales, asertivos, experienciales... ?? !! Ya está. Hecho. Así no. Varios cientos de euros a saco roto ¡plof! El precio de la dignidad... ¿lujo? Nooooooooooo libertad.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Etapas del Tour

Imaginen tres idénticas vasijas de cristal. A la primera le llamaremos Vacía ya que en su diálogo con el mundo no para de pedir que le llenen de atención, de mimos, de comida, de tiempo, de regalos, de sexo, de juguetes y de halagos. Dominada por el deseo -obtenga lo que obtenga de la vida y las personas- es insaciable porque vive para recibir y ese verbo no tiene fin.

Llamaremos LLena a la segunda vasija. Colmada con lo que hay (y esforzándose por alcanzar no que no hay) atesora detalles, saborea cada brizna de hierba y aire, y cultiva un jardín interior en el que siempre florecen salvajes y bellas amapolas. Vive para ser y ese verbo -aun siendo profundo y extenso- contiene los límites que se auto impone.


La tercera vasija desborda sabiduría, generosidad, apoyo, escucha, paciencia y desde el ser fertiliza todo cuanto toca. La llamaremos Plena y se caracteriza por el dar. Son estadios evolutivos del ser humano por los que biológica y/ o psicológicamente transitamos inclinándonos finalmente hacia uno de ellos. Más información: Análisis Transaccional, Eric Berne.

Vivir para pedir...

Vivir para ser...

Vivir para dar...

Vocaciones, decisiones, acciones encaminadas al descubrimiento del sentido último del que habla Vicktor Frank. Vasija vacía de niño. Vasija llena de adulto. Vasija colmada que rebosa y fertiliza de padre-maestro-guía o coach que ojalá algún día alcance a ser... ¡Que los dioses del Olimpo me oigan!

viernes, 18 de septiembre de 2009

Un porvenir

Hay días en los que el amanecer trae un porvenir y los desheredados de la tierra apenas pueden creer lo que les pasa. Se tambalean entre la emoción, el vértigo, el miedo, la incredulidad, las ganas de llorar, la alegría y el afilado e invisible cuchillo de cristal del precipicio que rebota el eco del... ¿Será cierto? ¿Me pertenecerá?

Hay días que traen la cosecha de décadas sobre el pentágrama de sus veinticuatro horas naturales. El caminante -acostumbrado a cruzar desiertos sin agua y con la sola compañía de su esperanza y voluntad- acumula jornadas de cansancio y persistencia en la tarea. El solitario y heroico personaje (en el que a ratos nos convertimos todos) encuentra de vez en cuando un porvenir y apenas puede distinguir si es espejismo o realidad. Al borde del agotamiento -nunca de la desesperanza- el alma que llevamos dentro reconoce la esencia del merecido tesoro y finalmente sonríe y acaso suspira aliviada mientras aligera el peso de la nada, la sinrazón, el desconcierto, la fatiga de la incomunicación y otras plagas.

Hay amaneceres que traen un porvenir para los desheredados de la tierra que somos todos y entre el estupor y la alegría merecen una parada para celebrar. Estoy en ello tras la conferencia de ayer en la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao: cien personas (éxito nunca vivido con anterioridad en esa institución) agotadas las tarjetas, los resúmenes de la ponencia, el cava y el rioja; colmada la complicidad y el agradecimiento a la vida, a las personas, a los compañeros de viaje. Y el afilado cuchillo de cristal del eco que pregunta... ¿Será cierto?