lunes, 12 de octubre de 2009

Auto boicot

Festividad de El Pilar. Estoy en el despacho, avanzo trabajo a destajo, je je... me encantan los pareados que-según el manual de estilo- hay que evitar a toda costa. Me estoy saboteando, como diría mi amigo Pedro. He venido en festivo para avanzar varias ponencias que impartiré en la Escuela Gallega de Coaching y me estoy dedicando a poner al día el correo electrónico (auténtica adicción), papeles varios, proyectos que flotan en la mesa central del despacho (contratos, propuestas, concursos varios...) y no he tocado aún los materiales que tengo que revisar. Aquí los tengo, a la izquierda, en su carpeta amarilla, primorosa, casi genial. Auto boicot. Guagg. ¿Por qué no lo abordo ya? Porque no es urgente... tengo un mes para actualizarlos. Sin embargo, es importante para mi paz espiritual tenerlos al día de antemano con lo último de lo último aprendido. Vale, entonces ya sé... mi inconsciente (mucho más sabio que mi consciente) aguarda a los aprendizajes del próximo fin de semana (16-17 y 18 de octubre en Madrid). No les he dicho nada pero estoy emocionada: tres días sumergida en el caldo desafiante y creativo de Robert Dilts impartiendo enseñanzas para profesionales enrrollados del Coaching, el Liderazgo y la Creatividad ¡como si me conociese, vamos! Y... ¿saben? tengo exactamente cuatro días para leer por tercera vez su libro Herramientas para el cambio, de manera que tenga integrados los contenid0s y pueda aprovechar mucho más todo lo que nos aporte en vivo y en directo. Los creativos del gobierno vasco dirían: para que sus enseñanzas "polinicen" mi sistema, je je... Con eso de que tengo nombre de flor puede ir bien lo de la polinización. En fin que sí: esperaré a mi regreso del seminario de Robert Dilts para incorporar lo último de lo último de Estados Unidos y para realizar -a mi modo y manera- un compost que aporte valor añadido y diferencial a los alumnos de la Escuela Gallega de Coaching. Allí tengo dos amigos: Marisa y Pablo. Aún no los conozco en persona pero son dos almas generosas y visionarias que se han atrevido con esto del Coaching en la Galicia profunda. Valor ¡desde luego! y entusiasmo y riñones para empujar. Y en esas estamos.

sábado, 10 de octubre de 2009

Amor de Comedia

Acabo de llegar del cine. He sido fiel a mi cita anual con Woody Allen visionando Si la cosa funciona, una comedia romántica que me ha aburrido bastante, la verdad. Toda la prensa especializada le otorga cuatro estrellas -catalogación como muy buena- y, sin embargo, no he llorado: ni de risa, ni de tristeza, mal síntoma. Una vez más Nueva York y el homenaje permanente de Allen a Manhattan, a la estatua de la libertad, a los amigos que se reunen para tocar música clásica -siempre el clarinete que el propio director interpreta cada jueves en un pub neoyorkino-.

Curiosas alusiones a las supercuerdas por parte de Larry David, el protagonista. Inquietantes citas de Heinsenberg, el premio nobel de física cuántica, para quien "una molécula observada es una molécula transformada"... qué decir de las personas observadas, escuchadas, cuidadas, apoyadas, acompañadas... sin duda son personas transformadas. El ojo que mira transforma al otro. El oído que escucha transforma al otro...

Se pone profundo Woody Allen en su última película. Se está haciendo mayor y aún cuando no pierde el ritmo trepidante de los diálogos, ni cierta chispa irónica, la cinta tiene exceso de acritud, de cinismo, de grises... no exentos de verdad. Si la cosa funciona se centra en las relaciones afectivas... tan complejas siempre, tan ilusionantes al comienzo, tan dolorosas al final. Y las moléculas observadas que resultan transformadas, y las personas amadas que sin duda resultan transformadas. Hay luna llena. Afecta a mis neuronas ¡seguro! La película dura 92 minutos y está financiada por Francia y Estados Unidos.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Casos y Cosas

Les contaré el caso de Juan al que identificaremos con el mecanismo de la negación. Trabaja en una entidad financiera (vinculada al entramado vasco) que hace apenas año y medio tuvo un crack internacional de enorme calado que ha dejado el pasivo en carne viva. Nada, él no se da por enterado. Todo O.K.

Salió siete años con una chica que nunca quiso comprometerse y un buen día llamó desde Barajas porque se iba a Estados Unidos. Así sin más. De hoy para hoy. Juan ni se olió semejante posibilidad y tardó casi otros siete años en remontar el vuelo para aterrizar en una relación de idénticas características (sin presente ni futuro) de la que apenas acaba de salir. Reconoce ciertos rasguños emocionales y lo cierra deportivamente con un... Todo O.K, gracias.

El segundo de abordo de la sucursal se está poniendo arisco y contestón. Nada... un mal día... tras otro... al que no hay que prestar atención alguna. Todo O.K. Hay reunión de directores de la zona norte con el presidente de la entidad. El gran jefe hacen muchas preguntas y no contesta a ninguna. Cero Compromisos. Juan sale tan contento.


Desde hace más de una década frecuenta un grupo de amigos con los que, a veces, incluso viaja en vacaciones al extranjero. Uno de ellos intercambia información con la cúpula de la empresa de Juan a quienes conoce por razones familiares. Posee información acaso reservada que a Juan le permitiría re-situarse en el actual panorama laboral, tomar decisiones e incluso trazar su propia carrera profesional. El amigo jamás informa de nada a Juan para quien sin embargo sigue siendo un amigo. Todo O.K. ¡Líbreme Dios de mis amigos que ya me ocupo yo de mis enemigos!


El mecanismo de la negación: Juan. En el zoo de Amsterdam a esto le llaman hacer el avestruz: esconder la cabeza debajo del ala pretendiendo de ese modo desintegrar la nauseabunda realidad.

Querido Juan: sabes cuánto te aprecio y lo que me importas. Por favor, ¡despierta! abre tus ojos a lo que es y -desde ahí- cambia lo que pueda ser cambiado, acepta lo que no pueda serlo y aplica lucidez todo el tiempo para distinguir una cosa de la otra.

El mecanismo de la negación es tan peligroso como conducir a 120 kilómetros por hora con los ojos vendados y en dirección contraria por una autopista neoyorkina. Tan peligroso como estar al mando de un submarino sin periscopio que se dirige en línea recta hacia las rocas. Tan peligroso como meter la cabeza bajo el ala cuando media docena de cazadores merodean en la selva de asfalto de tu barrio. ¿Conocen a algún otro practicante del mecanismo de la negación?

martes, 6 de octubre de 2009

Sobredosis

Caleidoscopio.
Escenas Cotidianas.

Mi oftalmólogo acaba de informarme de que necesito un 0´25 de aumento (dioptrías) en cada ojo. No me extraña: una multitud de observaciones se me han apelotonado en la retina. Tanto otear las tendencias, realidades, fenómenos, descubrimientos, comportamientos y personas el ojo se ha colapsado con tanta intensidad. Ahí lo tengo: 0´25, índice de protección recomendado para evitar una sobredosis de realismo.


En el piso contiguo al mío una cuadrilla de albañiles tira paredes, hace cemento en una maquinita que atormenta en su persiste giro clon, clon, clon (más rítmico que las mareas) suben y bajan escombros, martillean... Llevan casi dos semanas. Son cinco: fuertes, unos jóvenes y otros maduros, hombres, en camiseta, sin camiseta. Trabajan de ocho de la mañana a seis de la tarde con las correspondientes paradas para los bocadillos y las tarteras. Por la mañana siempre me cruzo con alguno. Ellos en tirantes y yo con chaqueta: cada uno con su ropa de faena. Hay uno encantador que se llama David (lo sé porque a gritos le piden ladrillos). Al saludarle esta mañana he pensado en las estadísticas salariales de su sector. Seguramente será mileurista y se deja la piel cada jornada. Hay mucho mundos pero están en éste. Paralelos. Observo y se me incrusta en la retina una broza de realismo que me duele. Necesito protección 0,25 como dice mi oftalmólogo que no sabe nada de mis observaciones voyeuristas del mundo y de la vida. Este David... ¿cómo podría yo -en caso de que él quisiera- apoyarle, acompañarle, aportarle? Y... ¿Cuántos Davides hay en la tierra? Jamás alcanzaré a modificar una brizna de este polvo de estrellas al que llamamos nuestro planeta. Me siento impotente con esta profesión mía de Coach.

Me haré las gafas nuevas, definitivamente. He de protegerme: al menos... 0,25.

domingo, 4 de octubre de 2009

BBVA

Durante casi cuarenta años mi padre trabajó en la 1.300, casa matriz del Banco de Bilbao en la Gran Vía de la capital vizcaína, hoy BBVA. Mi hermana y yo, con trenzas e idénticos vestidos (con nidos de abeja bordados por mi madre en la pechera) íbamos a veces a buscarle a la salida del trabajo. Emergía tras las rejas pesadas de la entidad bancaria altíiiiiiiiiiiiisimas para unas niñas de diez años y aún enormes para Gasol. Nos inculcó el orgullo simple por el trabajo que -según él- imprime carácter y el orgullo compuesto por empujar la economía vasca desde una entidad que había nacido al socaire de la oligarquía de Neguri (municipio acaudalado cercano a Bilbao).

Si viviera, hoy mi padre estaría triste. Ha salido de la cúpula José Ignacio Goirigolzarri, el último directivo vasco de altos vuelos del BBVA. Perdemos fuelle en la entidad. Llevaba ocho años en el cargo en sustitución de Emilio Ybarra y era el número dos tras el presidente Francisco González obsesionado con el avance del Santander.

La otrora pujante y parecía que imbatible entidad financiera ha vaciado de contenido las plantas de la impresionante sede histórica en la Gran Vía de Don Diego López de Haro (fundador de la villa). Hoy parece un edificio fantasma que han intentado reiteradamente vender sin éxito alguno. Además sale de la cúpula el último vasco y -por si fuera poco- en los últimos siete años se han perdido posiciones con la competencia. El Santander ha subido un 31% en Bolsa mientras que el BBVA ha caído un 11%. Mi padre estaría triste y yo también: orgullo des-compuesto.

viernes, 2 de octubre de 2009

Funambulismo

Vuelve a habitarme la bruja chamánica que soy. No se asusten, tranquilos, sigan leyendo (por favor) les explico. Durante casi un mes he estado enredada en una noria de preparación de conferencias, entrevistas para la prensa, infinitos Emails con las instituciones que propiciaban-apoyaban-acogían los actos y -después de su realización- con el tsunami de interés despertado por el Coaching como una poderosa herramienta empresarial (tema de la ponencia).

Para el diminuto ser humano que soy (para la empresaria-bonsái que soy) ha significado dormir poco y mal, bastante tensión acumulada en la mandíbula y los hombros, cero tiempo libre para familiares y amigos, escaso margen para ir y venir a pie o en bicicleta, poca lectura, mente con tres o cuatro pantallas abiertas a la vez, cuaderno saturado de listas diarias de gestiones a realizar... Guaggg... me agoto tan solo con recordar. Exitoso (desde luego) agradecida a la vida (infinitamente) contenta (mucho) y sin embargo... En el ejercicio existencial de funambulismo que todos practicamos, había perdido mi equilibrio in-out.

He recuperado la bruja chamánica y feliz que soy. No se asusten, tranquilos, sigan leyendo (por favor) les explico. Vuelvo a sentirme ligera tras mi sesión matinal de estiramientos -un cóctel personal de Pilares, Yoga y Chi-Kun- que me deja como nueva; vuelvo a canturrear en mi bicicleta mientras me dirijo a la terraza sobre el mar donde tomo mi cortadito en vaso y leo las últimas publicaciones de mi sector; vuelvo a dormir como un osito de peluche. Aquí esta de nuevo la magia del vivir de la empresaria-bonsái, del pequeño ser humano que soy. ¡Qué contenta! Es como si hubiese recuperado mis huesos, mi piel y sobre todo mis alas. Ligera de equipaje... como los hijos de la mar -que decía el poeta.

jueves, 1 de octubre de 2009

Dos socios y un abismo

Mesa negra de sala de juntas sobre fondo blanco. Mesa negra, paredes blancas. Árboles en la terraza: un tejo,dos pinos, un ácer japonés, una camelia, dos fícus. Mi despacho. Son las 8.10 de una mañana del mes de julio de 2006. Preparadas las tazas de té, los folios de colores, dos tarros con bolígrafos, el dossier con la carpeta de los clientes, mis gafas pequeñitas con montura de pasta roja y el papelógrafo. Faltan cinco minutos para que lleguen. Son dos, ella supera la cincuentena, él no llega a los cuarenta. Son dos socios de una empresa del metal que ronda los cien trabajadores. Herederos al cincuenta por cien de un imperio que por carácter, formación y habilidades les queda grande. Son dos, provienen de distintas familias, distintas formaciones, estilos, pulsiones. No llegan. A mi me da por recolocar las sillas, blancas, ultra modernas, ultra incómodas, de diseño. A mi me da por recordar algunos aprendizajes de mi último curso universitario sobre las dificultades inherentes a las empresas familiares carentes de protocolo, sobre la errónea estrategia de estar igualados al cincuenta por cien, empate técnico a la hora de tomar decisiones. Si/ No, No/ Si... cuan margarita. Bloqueo.

Ding dong... llegan al despacho con segundos de diferencia... Vienen de la fábrica cada uno en su coche, por separado... apenas se miran o se saludan. Yo les ofrezco el tradicional abrazo de bienvenida. Están tensos. Sacan sus papeles, apagan sus iphones se quitan las chaquetas y finalmente se sientan. Esperan -equivocadamente- que lidere yo, el Coach, cuando los protagonistas absolutos de la obra son ellos.Comienza el espectáculo, el entrenamiento, la puesta en escena del abismo que les separa. Los niveles de comunicación gestual, verbal, tonal son casi inexistentes... Comencemos por construir puentes -pienso- mientras pido que repartamos roles de sesión siguiendo las pautas de Alain Cardon: medidor de tiempo, secretario o realizador del acta y observador que aporta feedback. Les he situado cara a cara... resulta casi imposible no centrar la mirada en el otro y, sin embargo, lo consiguen, se evitan. Reparto dos cuestionarios para medir el nivel de su desencuentro (quince parámetros). Cada uno lo completa por separado. Después lo comentamos en voz alta: hay indignación, ira, cólera, tristeza, emociones feas y mucha incomodidad. Ambos quisieran salir corriendo. Es lo que les pide el cuerpo, las vísceras. Se quedan. Se impone la cabeza, la decisión (consensuada) de mejorar su relación, de establecer un puente comunicacional, de aceptarse (aceptar la diferencia), de apreciarse (apreciar la diferencia), de respetarse (respetar la diferencia), de comunicarse (comunicar lo que piensan, sienten, necesitan y quieren, del otro). Para que se queden, participen y contribuyan ni siquiera tengo que apelar al sentido de la responsabilidad, se recolocan sólos: eso también forma parte de la educación y de la herencia de ambos. No lo saben, pero en el fondo comparten más de lo que piensan.

Durante los cuatro primeros encuentros se suceden los careos, las miradas desafiantes, los desplantes, los reproches, el chantaje del silencio, carraspeos, toses, amenazas, desaires, groserías, intentos de falta de respeto (que el Coach frena radicalmente). Tenemos un abismo bien profundo.
Continúa -hasta el desenlace- en el siguiente post.