domingo, 11 de febrero de 2018

Contra la celeridad



La imagen representa un bot -programa informático que realiza tareas básicas poco complejas- que en breve será utilizado por los humanos. Entre las clases de bots (aféresis de robot) los hay "conversacionales" y quizá puedan echarme una mano cuando mi agenda no alcance con los clientes privados, aunque me pregunto si serán capaces de generar un mínimo de empatía para que un profesional abra su mente y su corazón en un primer o segundo encuentro de trabajo. 




Ciertamente no los contrataría para atender a los clientes, aunque me encantaría me facilitasen la vida con temas prosaicos como mantener en forma la impresora, gestionar algunos documentos y contestar llamadas telefónicas. 

Los bots carecen de consciencia y reflexividad y -por lo tanto- de contexto que permita una interpretación profunda, original o sencillamente no programada de la realidad. Pueden ser prácticos pero no sabios, claro que quizá se pretenda que los humanos involucionemos hacia algo semejante: cero consciencia y cero reflexividad para ser totalmente predecibles como consumidores de productos, servicios, modas y tendencias. En definitiva ¡pura economía!




El dilema contemporáneo pivota sobre el uso del tiempo, ese bien limitado que poseemos los humanos y administramos con frivolidad. Tomar consciencia de la vida y practicar la reflexividad conlleva tiempo y es algo que va contracorriente. Hay, sin embargo, algunos personajes que dan un paso al frente y muestran su desacuerdo con la celeridad: el periodista James Harding ha dimitido como director de BBC News porque quiere gestar "noticias lentas". ¿Qué son noticias lentas? aquellas que permiten profundizar, contextualizar y entender nuestro mundo. ¡Fuera del alcance de un bot!  


Inteligencia Artificial aplicada a la robótica.
Limor Schweitzer, propietarios de una decena de patentes y conferenciante en más de ochenta foros internacionales, además de Ceo at Robosavvy.


jueves, 8 de febrero de 2018

La sociedad del cansancio



Cuando las torres de libros y papeles que rodean mi ordenador superan los diecisiete centímetros me aproximo al desbordamiento.




Es uno de los síntomas que me obligo a observar para ponerme en marcha en otra dirección o -lo que es lo mismo- sacar la cabeza de la caja, frenar la rueda de hámster o -en bonito y positivo- poner consciencia en la actividad que ocupa mi tiempo. 

El tiempo ha sido una obsesión en mi vida hasta el punto que durante años reusé utilizar reloj, y cuando renuncié a mi trabajo por cuenta ajena lo hice por dos razones que ya entonces -hace veintidós años- tenía claras: quería comprar tiempo e independencia, que acaso sean lo mismo. Al fin y al cabo, la vida está hecha de tiempo ¡y es todo lo que tenemos!




Una de las montañas de papeles contiene el último libro del filósofo surcoreano (residente en Alemania)  Byung-Chul Han titulado: La expulsión de lo distinto. El volumen aguarda su momento de lectura láser (enérgica y concentrada) porque los textos de Byung son un golpe en el estómago de la sociedad contemporánea (recomendable como una purga).

Byung-Chu Han ha estado en Barcelona, ha hablado de la sociedad del cansancio y ha ofrecido un titular contundente del que se ha hecho eco el rotativo El País: Ahora uno se explota a sí mismo, y cree que está autorealizándose.

Contrasto las brutales afirmaciones del filósofo con la realidad que me confronta a diario en fábricas y despachos. Encuentro que no es menos brutal, ya que la mayoría de los profesionales están por encima de las cincuenta horas semanales a las que hay que añadir viajes, algunos informes que se completan los fines de semana, y llamadas que atienden incluso en vacaciones. Suponiendo que no haya una exigencia empresarial directa, ¿qué hay detrás de esta autoexplotación? De momento alcanzo algunas hipótesis -y me gustará saber qué opinan ustedes-... Lo que hay detrás es miedo a ser visto como "flojo", percibido como "poco comprometido" con la compañía, sensación de que las once horas diarias son imprescindibles para hacer carrera, terror a ser despedido y -a veces- cierto vacío existencial fuera del trabajo que narra magistralmente en sus libros nuestro personaje y recomiendo.


domingo, 4 de febrero de 2018

Diseño para el Cambio


Algunos asuntos merecen un seguimiento. Siendo radicalmente honesta ¡pocos asuntos! y cada uno de nosotros ha de elegir con mimo las cuestiones que realmente merecen nuestra energía y nuestro tiempo (pilares de nuestra vida efímera).

Pero... algunos asuntos merecen un seguimiento y algunas personas inspiran. Es el caso de Kiran Bir Sethi, fundadora de Desing for Change, y primera entrevistada por la plataforma Aprendemos Juntos -un proyecto entorno a la educación como palanca de cambio- impulsada por El País, BBVA y la editorial Santillana.


Plataforma digital de referencia: Aprendemos Juntos


"Aprender juntos" es un slogan -casi un mantra- que repito en lugares donde entreno a adultos receptivos a los planteamientos que planteo en fábricas, aulas y despachos y a los que llamo "disruptivos" porque buscan romper la inercia y alejarse de los caminos trillados, el pesimismo, el cansancio, la monotonía...

Afirma Kiran Bir Sethi: "... es necesario entrenar los músculos de la empatía y el superpoder del "yo puedo" para cambiar el presente de las personas (niños y adultos)...". Ya tenemos un gramo de inspiración. Ahora toca ¡llevarlo a la vida!


miércoles, 31 de enero de 2018

La receta de la felicidad



La felicidad es colgar la ropa en el jardín de casa -cuando el sol calienta el rincón del acebo- después de haber trabajado cuatro horas en un proyecto que pondré en marcha tan pronto me desprenda de una gripe de la que no consigo desembarazarme...



Entre las siete y las once he tecleado mis ideas en el ordenador del cuartito donde a veces también pinto acuarelas y doy rienda suelta a la fluidez de mis pensamientos (si es un proyecto) y del pincel (si es una pintura).

Al llegar a las pinzas rojas he sentido como un lujo estar en casa -soleando la ropa familiar- antes de retomar el diseño de un encargo cuya finalidad última es fortalecer la capacidad de resiliencia de los trabajadores del la sanidad pública vasca.

El puzzle de la felicidad hoy para mi ha sido sencillo: tres pinzas rojas, un gramo de consciencia, cierto sentido de propósito... y una deliciosa taza de kukicha. 


(*)  Tras escribir este post visito el Fnac y encuentro el libro Después del éxtasis, la colada -escrito por el monje budista Jack Kornfield- que alcanza su tercera edición en La liebre de marzo. Me entra la risa y compro el ejemplar. Ya les diré qué me parece. Continuará. 


domingo, 28 de enero de 2018

La empresa... ¡algo más que dinero!



Los gladiadores han muerto. Los fondos de inversión devoran el entramado empresarial vasco con suculentas ofertas a prósperas industrias familiares en segunda generación.




Sus padres levantaron pabellones y negocios con sangre, sudor y lágrimas... Los alevines sólo quieren dinero... ¿por qué? ¿para qué? ¿dónde se ha ido el "alma" de las organizaciones?

miércoles, 24 de enero de 2018

¿A qué profundidad viaja tu argumentario?



Acudo a pocos eventos sociales y -cuando lo hago- casi siempre tengo la sensación de perder el tiempo, lo que me enfada conmigo misma.

La sensación se produce cuando se habla mucho y dice poco; cuando se utilizan palabras huecas como cáscara de nuez, o cuando manejando conceptos interesantes se les vacía de contenido. La sensación de pérdida de tiempo se agudiza cuando salgo del evento sin haber aprendido nada. Nada relevante para mí.  

Dado que vivo con la actitud del principiante, adoro incorporar aprendizajes frescos que alimenten mi curiosidad y esperanza. La búsqueda de conocimiento me mantiene todavía en algunos saraos como el de ayer, en Adegi, donde se presentó el libro: La burbuja del emprendimiento.




Organizado por el Foro de Emprendedores de la patronal guipuzcoana, el acto congregó a unas setenta y cinco personas (aforo completo de la sala) entre las 17.00 y las 19.00 horas. Tuvimos un moderador y tres ponentes de relevancia desigual siendo Javier García de Sintetia quien habló con mayor profundidad. ¿Profundidad? Sí, en mi opinión, la mayor o menor aportación de las personas depende de la profundidad de la que emergen sus palabras. Si aceptan como metáfora el submarino trataré de explicar el porqué.  






La profundidad a la que viaja el submarino condiciona el descubrimiento de distintas realidades: desde las especies hasta los peligros, pasando por las necesidades tecnológicas y de combustible, o las competencias profesionales de los tripulantes.

Vivir, trabajar, analizar, escribir o hablar superficialmente condena el nivel de los hallazgos a la mediocridad, y no provoca cambios sustanciales en los sistemas ¡hace falta mayor profundidad! 

Para que un profesional aporte profundidad es necesario un amplio conocimiento, una experiencia contrastada, cierta humildad, incansable búsqueda de la verdad oculta entre tinieblas marinas, contraste con la diversidad y -seamos honestos- inteligencia para realizar sinapsis que abran nuevos senderos neuronales.

En la presentación de La burbuja emprendedora hubo momentos de profundidad vinculados al economista Javier García quien se declaró un enamorado de la creación de regiones capaces de concentrar talento porque: "... la diferencia de una región a otra ya no es el hormigón y la tonelada, sino absorber ideas...". Ideas que -insisto- surgen de la profundidad.

   

domingo, 21 de enero de 2018

Desconectar e Imaginar el Futuro



Anoche llegué a casa, vacié la maleta, puse una colada, me cambié de ropa, tomé un tentempié y me fui al despacho para cerrar algunos temas pendientes de las dos jornadas de trabajo vividas en Zaragoza. Aunque estaba cansada, los encuentros habían ido bien y el feedback de los profesionales ponía por las nubes un trabajo que adoro y en el que pongo todo mi empeño. Después de teclear un rato en el ordenador y de contestar algunos emails pensé que podía retirarme a descansar pero, antes, tenía que colgar la ropa...




Eran las 22.30 y aún faltaban diez minutos para que el programa terminase. La cocina da a un bonito jardín. Llovía, y las farolas agigantaban la enorme palmera que plantó Leo, mi vecino, hace más de treinta años. Abrí las puertas de par en par, me puse un abrigo encima del pijama y me senté tranquilamente a ver llover. Fue una experiencia serena que reparó mi cuerpo y mi alma exhaustos de hiperactividad. Allí estuve viendo llover mientras escuchaba el chapoteo del agua sobre la superficie vegetal. Fue muy placentero.

Dice la neurocientífica Mara Dierssen -en la fotografía- que cuando no estamos haciendo nada el cerebro trabaja muchísimo y que ese tiempo ¡es clave! Afirma la experta que: "... necesitamos desconectar de la tecnología para ser introspectivos, pensar, aburrirnos e imaginar el futuro...".

Después sonó el pitido de la lavadora, colgué la ropa y me fui a dormir ¡tan contenta! Creo que repetiré la experiencia de sentarme -serena y dulcemente- a ver llover. ¡Lo recomiendo!